Un viaje de “periscopios y telescopios”

Santiago de Chile - Chile

Un viaje de “periscopios y telescopios”

“Aquella campesina cantora de voz gastadita, en sus peleonas canciones había sabido celebrar los misterios de su tierra y de su gente. Amiga del guitarreo y del converse y del enamore; y por bailar y por payasear se le quemaban las empanadas. Gracias a la vida cantó en su última canción y un revolcón de amor la arrojó a la muerte.” Así describía el escritor uruguayo, Eduardo Galeano, a quien fuera un símbolo de la cultura e identidad Chilena, más que artista, la más humana de todas, Violeta Parra.

Como mujer y como quien busca un camino, la idea del viaje hacia el país de tantas luchas e infinitas letras, era un sueño a cumplir sin aparente condición de calendario.

Sin embargo, la vida reapareció como siempre, en constantes dosis de alegría.

Conocer al país del extremo geográfico en un día de cumpleaños, no fue un asunto de casualidades, sino una cuestión de instinto, voluntad y destino; algo que mi amiga Kara Andrade denonima “trickster.

Viajo sola, en compañía de unas cuantas lecturas y demasiadas preguntas.

Y de pronto, la extraordinaria ciudad de Santiago aparece exquisitamente dispersa entre turistas, colores y palabras. Todo atrae, todo encanta.

No puede existir mejor regalo. El Museo de Bellas Artes, el cerro Santa Lucía, la Alameda…un zapping de atención inmediata.

Es domingo por la noche. En Santiago Centro pruebo una magnífica crêpe de chocolate y fresas. Y más tarde, pequeños dulces de tradición árabe acompañados de la ingenuidad del primer paseo.

En la entrada del hotel, conozco a mi compañera de cuarto, es una linda chica costarricense.

Y es precisamente Jenny la persona que me acompaña en un soleado recorrido a la ciudad, con quien disfruto mi primer ceviche de corvina y la oscura cerveza austral.

Ahora somos 25, una interculturalidad necesaria para comprender y reconocernos en uno solo. Durante los muchos días en convivencia, trabajamos en la Biblioteca Nacional. Todo o casi todo, lo hacemos en grupo: viajar en el metro, comer por las noches, producir discusiones, generar contenidos, en fín…disfrutar la inusual combinación de tecnologías, turismo y amistad.

En las mañanas, con una ciudad abierta en más luces que sombras, ingresamos a la biblioteca de dígitos y sistemas, abrimos el soporte técnico y comienza la reflexión. Con una amiga bromeamos del asunto.

-Los traductores han de pensar que estamos locos, primera vez en la ciudad

y sólo…y solos en la portátil-

Es un viaje digital. Es un turismo de dinámicas, conexiones y descubrimientos. La ciencia de la costumbre cambia de sujetos viajeros. Ahora, ¿dónde están las millas? Simplemente, existe una diferencia. Como diría Neruda:

“nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.”

Durante muchos días escribo, pienso y el sueño sigue sin aparecer. Por las noches, la ciudad de Santiago se me figura eterna, callada, amiga. En pijama, camino por la Alameda con la seguridad del hogar uterino, de la patria eterna y el refugio onírico. Sólo sé que en Santiago encuentro una vida de gratitud, trabajo y bienestar.

Entre piscos y vinos, salimos de paseo nuestro último día. La ciudad sin horarios juega con el arte visual, el drama de los actantes y la velocidad del pensamiento. Observo a muchos, de todas partes… ¿quiénes somos?

En la madrugada del viernes viajo al aeropuerto. El recuerdo del buen pisco me ayuda a dormir. Santiago ¿la habré imaginado? Siento felicidad y bendición por el viaje que termina. Mantengo ante mí la promesa del retorno.

Por segunda ocasión, cierro los ojos.

Recuerdo entonces a Durrell cuando dice:

“una ciudad se hace un mundo cuando amamos a sus habitantes.”

Descubro Santiago en la persona, entre la amistad y con la sencillez de un alma restaurada.

Violeta, ahora lo comprendo:

Y el canto de ustedes que es el mismo canto

Y el canto de todos que es mi propio canto.

Gracias a la vida.”

Caminando en mi mente por las mismas calles

Fernanda
Estimada Fer =)
Es muy grato leerte. Tu estilo tiene una cadencia y un ritmo pausado de una manera tan armónica que permite a la mente transportarse por los caminos, lugares que describes... ver, oler, oir... saborear. Mira que se me antojó la crepa de chocolate y fresas...
Sin duda un maravilloso cumpleaños y otros días llenos de vivencias de esas que la memoria atesora.
Un escrito que puntualiza esa constante búsqueda que tenemos cada uno de nosotros y que muchas veces escondemos o no ubicamos reconocer.
Vivencias que nos permiten vuncularnos con ese otro yo que vide dentro de toda nuestra química material...
Un abrazo cordial para ti, dando GRACIAS A LA VIDA, el que existan personas sensibles a la misma vida en este planeta.

PD. Ojalá esta ciudad de Aguascalientes te genere una promesa del retorno.

Lupita Dávalos. Aguascalientes, Ags, MÉXICO

Ay Lupita, Gracias!! Me

Ay Lupita,

Gracias!!

Me llevó los timbres en el corazón.
y..Qué viva Aguascalientes!

P.D. Cuentan que en Oaxaca se toma el mezcal con café
dicen que la hierba le cura la mala fé
a mi me gusta el mole que Soledad me va a moler... :)

Señorita

Me descubro feliz leyendo un texto que destaca con naturalidad los detalles de un viaje de "periscopios y telescopios". Suprema es tu forma de narrar y generar ese ambiente híbrido, que me ha hecho visitar la ciudad de Santiago, de nuevo, subida en la buena composición de tu letra. Un aplauso y muchos abrazos Fernanda.

Gracias!!

Gracias Pao...
:)
Mi mamá, como bien describes en tu poesía, es una pajarita también...

Abrazos,
Fer!

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