Tequila: De la creación de un elixir

Capítulo I

Tequila: De la creación de un elixir

Para una oda al elixir mexicano, Tequila es punto de partida. A poco más de 50 kilómetros de Guadalajara, encontramos el camino de la historia industrial y cultural de una de las bebidas más famosas del mundo.


origenEl inicio
La estancia en compañía de los hermanos de la Salle y de los maestros del Febres Cordero en Guadalajara se convirtió en una experiencia perfecta para recargar energías en nuestro periplo por el occidente del territorio mexicano que ya casi terminaba. Veníamos desde el estado de Nayarit y cuando llegamos al nuevo refugio, teníamos ya varios días sin una cama que no se moviera, con ducha y baño privado para cada aventurero.

Agotados, y en franca necesidad de descanso, decidimos hacer una pausa en nuestros paseos por el centro de Guadalajara, para dejarnos seducir por el paisaje, y la cultura de la pequeña cuna de uno de los iconos de la identidad mexicana. En Tequila, encontramos el puente maravilloso entre el paisaje verde azulado que cubre casi todo el recorrido desde Guadalajara, y el proceso de producción del mágico licor que tiene tantas historias y canciones como consumidores en el mundo. Pasadas las 8 en la mañana, salimos corriendo después de un platito con manzana picada, Jícama y unos trocitos de piña bañados en limón -desayuno bastante precario para la jornada de catadores amateur que nos esperaba.

La planta que origina el tequila.El tiempo era justo para llegar a la plaza Guadalajara, en el centro de la ciudad, y buscar alguno de los autobuses que a diario salen de allí hacia el “destino Azul” del noroeste de Jalisco. El viaje es fascinante de punta a punta, solamente en el preludio se llenaron varias memorias con mil y una fotos del paisaje azul que rodea el pueblo y se extiende hacia el norte del Estado con incontables plantas de agave variedad Azul Weber, que despliegan sus hojas frondosas como cuidando el elixir que vive en su centro: un corazón inmenso que jimado se convierte en pulpa y materia prima de los 12 millones de litros salen al mercado mensualmente desde los estados de Jalisco, Guanajuato y Tamaulipas.

En menos de una hora y por una magnifica carretera estamos en el pueblo. La variedad de planes para conocer las destilerías y el pueblo es grande. Hay para todos los precios, horarios y oferta hotelera en caso de tener algo de tiempo. Sin embargo, con una agenda apretada el pueblo, las destilerías y el museo pueden ser bien visitados en un solo día. 

Panorámica de una calle del pueblo.El clima, que es el mismo de Guadalajara – entre19ºC y 22ºC-, acaricia y seduce con una brisa suave, perfecta para un paseo a pie al caer la tarde o una salida a trotar temprano en la mañana. La eterna primavera también se vive en Tequila (“lugar de tributos” en lengua náhuatl), que creció a los pies del cerro con el mismo nombre, hogar de un volcán extinto hace 3 millones de años, que ahora hospeda armadillos y leoncillos, y en donde los indígenas realizaban buena parte de su vida ceremonial antes de la conquista.

Primer circuito: vestigios coloniales, y el Museo del Tequila
La avenida principal, que desemboca en la plaza mayor, estaba un poco desgastada lo que le quito buena parte de la belleza a la composición arquitectónica del lugar, sala de recepción del la pequeña población fundada en 1531 por Don Cristóbal de Oñate, junto con los franciscanos en cabeza de  Fray Juan Calero.

Nuestro circuito de visitas por el lugar empieza recién ponemos pies en tierra y rápidamente las miradas chocan con el Templo del santo Santiago apóstol, el de más arraigo en la población. Es una construcción hecha en el siglo XVII, con una bella fachada de piedra oscura y un imponente retablo principal de corte neoclásico, conservado intacto desde su construcción. La actividad comercial invade cada puerta y balcón de las construcciones coloniales que han sabido reinventarse con mil servicios, en medio de las grandes destilerías. Se ven en las puertas y en los anaqueles los barriles de madera o “castañas” de todos lo tamaños con muestras genéricas del elixir de la zona.

Cruzamos la calle atravesando la Plaza Principal, sin dejar de hacer la parada fotográfica obligada en su kiosco de estilo francés, entramos al Templo del señor de los Desamparados, modesta capilla erguida en el siglo XVIII. Luego una rápida mirada al Santuario de Guadalupe, primer centro evangelizador de la región construido en 1536, y en seguida a buscar el 34 de la calle Corona…

Una planta, diferentes elixires.Llegamos a una vieja casona del siglo XIX que en sus siete salas hace una restrospectiva del proceso de evolución del Tequila: su papel en la esencia social, en la cultura y en la industria, de Jalisco y de México. Allí, en el Museo Nacional del Tequila, hay una extensa colección del botellas de cientos de cosechas, fotografías, códices, mapas, barriles y hasta letras de canciones, que dan cuenta de la historia y evolución de los sistemas de producción de la bebida. Es imposible irse sin visitar por lo menos las 4 primeras salas. El museo seduce y ya no queremos esperar más para probar el elixir…

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