Survival hace un llamamiento al boicot turístico de Botsuana, ¿por qué?

Stephen Corry, director de Survival International

Survival hace un llamamiento al boicot turístico de Botsuana, ¿por qué?

No hay nadie más consternado que yo por el lanzamiento de un boicot al turismo y los diamantes de Botsuana por parte de Survival International. Hemos recibido y seguiremos recibiendo críticas, no nos cabe la menor duda.

Pero no nos detendrán: en el momento en que los bosquimanos sean tratados con justicia y humanidad, y no antes, daremos por terminada la campaña, de una vez por todas.

Cuando llegue ese momento, Survival tendrá la satisfacción de saber que la promesa hecha en los años 60 por Sir Seretse Khama a los bosquimanos es por fin respetada: el famoso primer presidente de Botsuana les dijo que tendrían sus tierras en perpetuidad, lo mínimo que merecen los primeros habitantes del país, y que serían tratados de manera justa, sin la discriminación que los retrataba erróneamente como atrasados e incivilizados. Sir Seretse debió de darse cuenta de que esas ideas eran similares al desdeño racista que muchos europeos sentían hacia los africanos en general, y que no debían existir en el África postcolonial.

Desgraciadamente, la luna de miel concluyó cuando se descubrieron diamantes en la Reserva de Caza del Kalahari Central en los años 80. Desde entonces, el Gobierno de Botsuana ha utilizado todas las tácticas de acoso posibles para echar a la gente de la reserva. Esto culminó en las expulsiones forzosas de 2002, que la BBC calificó de “limpieza étnica”. El Gobierno y sus aliados, que incluyen a las autoridades británicas, defendieron con vigor estos mal llamados “reasentamientos”: negaron que fueran forzosos, cambiaron constantemente su versión sobre los motivos; negaron la existencia de descubrimientos de diamantes significativos; finalmente (y mintieron), declararon que todo era para proteger a los animales salvajes; desperdiciaron dinero en caras empresas de relaciones públicas londinenses para que defendieran sus pobres argumentos y embaucando a varios miembros del Parlamento británico.

Al mismo tiempo que el Gobierno luchaba contra los habitantes más antiguos del país en los tribunales, derrochando más dinero que en cualquier otro caso judicial de la historia de Botsuana, enviaba a las fuerzas armadas en helicóptero a la Reserva de Caza del Kalahari Central. En septiembre de 2005, bajo la dirección personal del propio abogado del Gobierno, abrieron fuego sobre los bosquimanos con pelotas de goma potencialmente letales, para impedir que regresaran a sus tierras. Aquellos que aseguran que el modo de operar de Botsuana es la “negociación” y no la agresión deberían mirar los hechos más de cerca.

Las expulsiones forzosas, no los “reasentamientos”, incluyeron derramar el agua almacenada por los bosquimanos y sellar el pozo que habían usado durante décadas. Finalmente se demostró que estas acciones eran lo que Survival siempre había dicho que eran: el Tribunal Supremo de Botsuana dictaminó que las expulsiones habían sido forzosas, ilegales e inconstitucionales. Con esperanza vana, el Gobierno y sus aliados pretendieron entonces que el Tribunal también había dictaminado que las expulsiones no tenían nada que ver con los diamantes. Esto no era cierto: el Tribunal no dijo nada al respecto. Los motivos de las expulsiones no formaban parte del caso de los bosquimanos.

Tras la sentencia de 2006, Survival puso freno a la campaña. Fue un error. Algunos bosquimanos nos dijeron que nada cambiaría, y se ha demostrado que tenían razón, pero nosotros pensamos, ingenuamente, que el nuevo Gobierno podría recuperar el juicio y darse cuenta de que el daño que ya se le había hecho a la imagen de Botsuana era un precio demasiado alto por su sed de venganza ante la derrota en su propio tribunal.

No fue así: hoy por hoy, los guardas forestales siguen acosando a los bosquimanos, el pozo sigue sellado, las cabras y los burros de los bosquimanos son a menudo “confiscados”, etc.

Las mal llamadas “negociaciones”, que consistieron en un par de reuniones al año para decidir cuándo mantener las siguientes reuniones, y que ya duran más años que las dos guerras mundiales juntas, fueron una fuente de ingresos, en parte facilitado por el Reino Unido, para varias organizaciones locales inefectivas. Los bosquimanos, por supuesto, solían estar “representados” por personas en las que no confían.

En julio del pasado año, un juez decidió que los bosquimanos no pueden usar su pozo. Mientras tanto, una empresa turística que se autodenomina “ética”, Wilderness Safaris, ha instalado un alojamiento de lujo que incluye piscina en territorio bosquimano. Su director dice ahora con soberbia que si cualquier bosquimano se acerca por allí y lo pide, le darán un vaso de agua. ¡Qué amable! Lo que no dice es si espera que vengan con su propio vaso y si quiere una buena propina por su generosidad, aunque es poco probable que la necesite, ya que los hombres del presidente de Botsuana son miembros de la Junta Directiva de la empresa.

Hablando claro, el presidente Ian Khama está implicado en una iniciativa empresarial en el territorio que está intentando arrebatar a los bosquimanos. Así que, ¿qué pasó con aquella otra empresa generadora de beneficios para el Gobierno de Botsuana, el importante hallazgo de diamantes en territorio bosquimano que el Gobierno y De Beers negaron una y otra vez? En 2007, De Beers lo vendió a otra empresa, Gem Diamonds, que ahora valora el yacimiento en unos 3.300 millones de dólares.

Gem asegura que tiene el consentimiento de los bosquimanos para operar la mina, lo cual es falso. Pero la gente de Gope, la comunidad bosquimana en la que se encuentra la mina, no debería molestarse en acercarse por allí a pedir agua, ya que el Gobierno ha declarado que ninguno de los nuevos pozos de la mina puede usarse para darles agua. Los mineros tendrán que dirigirles al alojamiento turístico.

Durante meses, el Gobierno repitió en el Tribunal que el motivo de los “reasentamientos” era sólo proteger a los animales salvajes. Ahora, nos preguntamos qué pensarán los animales de la mina de diamantes. No les proporcionará una vida tranquila. Por otro lado, no tendrán problemas de agua porque se han excavado numerosos pozos nuevos, para su uso exclusivo, con fondos de una famosa empresa de diamantes, Tiffany. Entendemos que Tiffany piensa que esto convencerá a sus clientes de que es “ética y ecologista”, y ayudará a limpiar la imagen de las joyas chorreando sangre, en gran parte infantil, de las guerras civiles en otros lugares.

Al segundo presidente Khama de Botsuana, por su parte, no le falta “ecologismo”. Es miembro de la Junta Directiva de la ONG estadounidense, Conservation International (con ingresos anuales superiores a los 116 millones de dólares); un papel que él considera lo suficientemente serio como para tomarse tiempo libre de sus deberes oficiales. Uno se pregunta si se ha leído la “política” de la organización, que, como director, tiene la responsabilidad legal de respetar. La organización dice que “apoya los derechos de los pueblos indígenas a sus propios sistemas tradicionales de propiedad territorial” y asegura que el control de los pueblos indígenas sobre sus propias tierras es “una precondición de la biodiversidad”.

Probablemente el presidente Khama se olvidó de esto cuando se hizo eco de la opinión del ex presidente Festus Mogae sobre los bosquimanos (que estaban destinados a “extinguirse como el dodo”) cuando declaró que son una “fantasía arcaica”. ¿Es el presidente el único que no ve el enorme impacto que tendrá esto en la opinión pública internacional? Ha habido pocos ejemplos más claros de hostilidad vengativa (“odio” no es un término demasiado fuerte) de un gobierno e intereses económicos hacia un pueblo indígena.

Es por ello que Survival cree que está fuera de lugar que las personas a las que les preocupan los derechos indígenas viajen a Botsuana o compren sus diamantes. Y si lo hacen, deben saber que están apoyando a un Gobierno que se beneficia de la destrucción de los últimos bosquimanos cazadores del mundo.

Es obvio que los boicots tienen como objetivo ejercer presión. Puede pensarse que son medidas extremas (aunque por supuesto no tan extremas como las acciones del Gobierno), pero si alguien tiene una idea mejor para mantener el asunto en el candelero, estamos abiertos a cualquier sugerencia sensata (pero, por favor, no a otros diez años de “negociaciones”).

Stephen Corry
Director de Survival International.

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