Sant Marie Celebration

Sant Marie Celebration

Ayer subimos a la cima de un monte a menos de una hora de Addis para asistir a una de las celebraciones religiosas (ortodoxa) mas importantes de la zona. Subimos la pendiente al lado de decenas de devotos que se unían para tan importante ocasión. Por el camino nos íbamos encontrando una gran cantidad de vagabundos, personas con impresionantes malformaciones, piernas amputadas, ciegos acompañados por lazarillos o simples pobres pidiendo limosna a los peregrinos.

Una vez llegamos a la entrada de la iglesia, (Beta Cristiana en Amarich) unos voluntarios nos pidieron que nos sacáramos los zapatos para lavarnos los pies, un ritual de bienvenida. La iglesia estaba dentro de un recinto enmurallado, había mucha gente fuera y dentro de el. Personas de todo tipo y edad, todos con la misma convicción religiosa fuertemente interiorizada. Nos quedaban poco menos de 2 horas de sol, así que decidimos buscar un lugar dentro del enmurallado para pasar la noche.

Una vez instalados, empezamos a percibir realmente donde nos encontrábamos y a sentir toda la fuerza espiritual de aquel lugar. El panorama se empezaba a llenar y ya entrada la noche, el numero de asistentes empezaba a ser considerable. Monjes de varios rincones también paseaban sus túnicas de colores fuertes ayudados por bastones de madera con la cruz ortodoxa en la parte superior.

Estos monjes entregan plenamente su vida a Dios y por ello merecen todo el respeto de los creyentes. Son los maestros, los guías espirituales de todas esas personas que creen en la palabra de la Biblia. Muchas viven en la máxima pobreza, peregrinando por los bosques y por la vida, con lo mínimo indispensable, a menudo cubiertos por pieles de animal y tapados por esas túnicas de color intenso, y todos, sin excepción, tienen una apariencia única, fuerte, muy especial. Con la mirada perdida, expresiones marcadas, elementos religiosos en diferentes partes del cuerpo... auténticos peregrinos salvajes portadores de la palabra de Dios.

Nos acomodamos pronto en el campo de alrededor de la iglesia, luchando contra el frío, las picadas de mosquito y el sonido estridente de los megáfonos que soltaban las oraciones del cura. Banderas del país colgadas en hilos contrastaban con las túnicas blancas de la mayoría de la gente, y con los pañuelos del mismo color, colocados estratégicamente en las cabezas de las mujeres. Decenas de velas locales iluminaban esa noche fría y daban calor a los asistentes.

La luna, casi llena, ponía el resto de luz a la escena. A nuestro alrededor solo se veían biblias abiertas, rezos a Dios, personas acostadas, sonrisas juveniles de ojos brillantes, mentes adultas concentradas en sus plegarias... Todas aquellas personas estaban pidiendo fuerza y ayuda a Dios pero no gratuitamente.

A cambio, ellos le dan todo su amor y entregan sus vidas a su voluntad. Le demuestran a diario su fidelidad mediante oraciones y actos. Un estilo de vida tan sano y digno como difícil de llevar. Aproveche aquel momento para sacar algunas fotos nocturnas antes de acostarme definitivamente, eran las 10 de la noche y las miradas sagradas de aquella gente cobraban vida iluminadas por aquellas velas caseras de cera naranja...

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