El poder de la naturaleza

Kenia y Tanzania

El poder de la naturaleza

Hablar de un continente de la dimensión de África es una utopía. Mera ilusión o fantasía total. De cualquier manera, 15 días increíblemente rápidos y vividos en horas intensas de mucha perplejidad y de muchos sustos (gratos o no), nos dan, al menos, la posibilidad de sobrevolar los recónditos secretos de dos países que se aproximan en sus semejanzas y se distancian en sus particularidades. Nos estamos refiriendo a dos remansos perdidos al este del continente africano – Kenia y Tanzania – donde estuvimos en enero último.

Fugaz tesoro
Países huidizos en los recónditos secretos de su complejidad. Países que se perpetúan en su belleza. El poder de la naturaleza se mezcla con la vida salvaje de los animales. La perfección de la naturaleza evidencia la fragilidad y la fortaleza del ser humano. Tribus de una vida primitiva inimaginable, como los masáis, muestran cuán infelices podemos ser cuando no satisfacemos necesidades básicas como alimentación, salud, saneamiento, educación, vivienda, trabajo y seguridad social. Al mismo tiempo muestran, con inocencia y sin pudor, la grandeza de sobrevivir en condiciones adversas con una sonrisa en los labios, agrietados por el sol.

Naturaleza
Visitar los parques de Kenia y Tanzania es presenciar el teatro de la vida. Piezas teatrales grandiosas, multicolores y exuberantes. Piezas teatrales que hacen reír o llorar. La vida humana se confunde con la de los animales, en cualquier espacio y en cualquier instante.  Niños escuálidos, sucios y maltratados aparecen por todos lados. Elefantes bebés limpios y bien cuidados viven en orfanatos, cuyos cuidadores compensan con leche artificial la de las madres, casi siempre exterminadas por la caza prohibida, pero aún continuada. Hombres de aspecto arrogante o dulce. Mujeres de aspecto sumiso u osado. Es el universo de los animales que se acerca al universo de los humanos, o viceversa. Como en los dos mundos, hay poderosos y “pequeños”. Por ejemplo, entre los salvajes, los cinco mayores, – búfalos, elefantes, leones, leopardos y rinocerontes – se hacen respetar por los cinco pequeños: búfalo tejedor, musaraña elefante, hormiga león, leopardo tortuga y rinoceronte escarabajo. Entre nosotros, en cualquier régimen político, se encuentran los mandones y aquellos, la gran mayoría, a quienes compete obedecer los dictados de los que detentan la palabra de orden...

 

Kenia y Tanzania, como cualquier otra nación de África, a lo largo de su historia vivieron su período de colonización en manos de diferentes pueblos. En el caso de Kenia, la intervención más prolongada estuvo a cargo de Inglaterra. Solo en 1963 alcanzó la independencia y, en 1964, se declaró República. Ciertamente, república presidencialista en teoría; en la práctica, el gobierno tiende a la línea centralizadora. Entre idas y venidas, protestas provenientes de diferentes grupos étnicos y de la población en general, e intervenciones externas de la ONU, todo lleva a creer que los kenianos caminan (aunque lentamente) hacia una democracia parlamentaria. Desde el 2002, Mwai Kibaki está en el poder, cuya sede está en Nairobi.

Tanzania
En Tanzania, al inicio, fueron los árabes, seguidos de los alemanes y de los ingleses. Con la liberación de Tanganica, en 1961 y al de Zanzíbar, 1963, al año siguiente, los dos estados dan origen a la República Unida de Tanganica y Zanzíbar, e, inmediatamente, el país asume la denominación actual. Hoy, bajo régimen parlamentario, Tanzania, que incluye el archipiélago de Zanzíbar en el Índico, es liderada por Jakaya Kikwete, electo desde el 2005. El presidente alterna su gobierno entre Dodoma, capital administrativa, y Dar as Salaam, ciudad costera, y que es, de hecho, la capital comercial y política de la nación, donde ocurren los grandes acontecimientos.

Es obvio que años de colonización y/o esclavitud dejan marcas en el proceso de desarrollo de los pueblos.  A pesar de ello, como se ha dicho, los dos pueblos se aproximan. Predominan las mismas lenguas: suajili (o swahili) e inglés, como primer y segundo idioma, respectivamente. La existencia de numerosas tribus en ambos países. En Kenia, hay cerca de 50 tribus distribuidas en siete etnias; en Tanzania, casi 120, aunque sean pocas las etnias representativas. Las religiones más comunes son el catolicismo y el protestantismo (Kenia), y a ellas se une el islamismo, si hablamos de Tanzania.

 

Son costumbres culturales muy próximas: alimentación diaria (maíz, arroz y vegetales; carne, pocas veces); adopción del divorcio; horarios de trabajo y de comidas; formas de vestirse y de portarse; sonrisas fáciles para vecinos y extraños; creencias, como la que atribuye la fiebre amarilla a la inocente acacia amarilla, una entre los 46 tipos más comunes. La práctica de la medicina natural forma parte de la cotidianidad y es nítido el distanciamiento de las famosas tecnologías, que admiran a Occidente: Internet es el sueño remoto y al alcance “doloroso” de los turistas.

 


Iguales en las diferencias
En los dos países, el sistema de enseñanza fundamental y media es similar: intervalo de un mes de vacaciones cada tres meses de clases. Los deportes también son comunes: fútbol, rugbi y carreras. Sobre la fama de los africanos como grandes corredores, sobre todo de los kenianos, contumaces vencedores en la célebre carrera brasileña de San Silvestre, cada 31 de diciembre (87ª edición, año 2011), la respuesta, entre risas, siempre es la misma: la necesidad de vencer desde niño las distancias entre casa y escuela.

 

Y es sorprendente: cuando comparamos Kenia y Tanzania, no obstante la imprecisión de los indicadores sociales, la semejanza llega a asustar. Las dos monedas (chelín keniano y chelín tanzano) están bastante desvalorizadas en relación con el dólar norteamericano. El índice de analfabetismo es elevado, en torno del 40% o más, en Kenia, por ejemplo. La renta per cápita es US$ 1.699, en el primero; peor, en Tanzania, con US$ 1.256. En ambos, el salario mínimo medio gira en torno de US$250 a US$280. El índice de desarrollo humano está en la categoría – bajo – tanto en Kenia (IDH = 0,470) como en Tanzania, con meros 0,398. La esperanza de vida es de solo 54,1 años en el primer país frente a los increíbles 52,5 años, en Tanzania, cuyo índice de mortalidad ronda la tasa de 72,6/mil nacidos en contraste con 64,4/mil nacidos de los vecinos. La precariedad de los transportes públicos llama la atención. Los ómnibus pequeños (matatus), comunes en ambas naciones, solo ganan en precariedad a los célebres “camellos”, transportes enormes que se asemejan a un camello y que durante un tiempo muy largo rodaron por las calles habaneras, Cuba.

Un fantasma llamado... pobreza
Son índices muy fuertes que conviven con el fantasma de la pobreza. Como sucede en las naciones subdesarrolladas que mantienen contacto directo con extranjeros: empleados de hoteles y de casas de cambio, taxistas y guías turísticos, en general, poseen cierto status social en comparación con otros segmentos. Fue de la boca de un guía tanzano, de nivel superior, que escuché la frase perturbadora. Indagado sobre las conmemoraciones de fin de año en su país, respondió sin reparos: “[...] el mejor regalo que yo y muchos otros conseguimos dar a nuestros niños, en Navidad, es una ropa nueva para el año que comienza y / o la carne-sorpresa en el plato de comida”.

De modo que, pese a los comentarios de residentes en esas tierras – nativos o no – de que hay millonarios (muchos hindúes y algunos ingleses) que “hacen su agosto” en la región, como dueños de agencias de viajes o de negocios diversos, como redes de hoteles – las redes hoteleras constituyen un contraste avasallador – sin duda, es la miseria lo que prevalece. Kenia y Tanzania son países limítrofes. El primero tiene 580.367 km² de extensión para una población aproximada de 38 millones de habitantes, cuya densidad poblacional es de 58 habitantes/km². Tanzania, el 31º país mayor del mundo, independientemente de tener la mayor extensión y la mayor población – 945.087 km² su densidad demográfica es de 38 habitantes/km², mucho más de 40 millones de individuos – evidencia la tendencia universal que se nota en Kenia.

 


Nos referimos al éxodo rural, responsable en gran medida de la promiscuidad de las concentraciones poblacionales de los centros urbanos en todo el mundo. Por ejemplo, hoy, en Kenia, el 60% de los ciudadanos emigran hacia las grandes ciudades, en tanto el 40% permanece en la zona rural, y lo más grave: existe mucha tierra virgen y solo el 25% es cultivado con pocos productos, como té, café, frutas, flores y maíz. De forma similar, Tanzania es una nación esencialmente agropecuaria. Además de cultivar flores, plátano, maíz, arroz y cebolla, la pecuaria de la región, como un todo, prioriza bovinos, caprinos y aves.

Sin embargo, la presencia de industrias es incipiente. Verificamos la extracción de minerales, como piedra calcárea, trona, oro, sal y flúor (Kenia) y de carbón y tanzanita, además del uso de la clorofila para fabricar desodorantes y pasta dental, en Tanzania, todo en un nivel poco significativo. Las dos naciones exportan té y café. Del resto, Kenia se restringe a la fabricación de productos alimenticios, ropas, cemento y materiales de construcción. Industrias alimenticias y textiles también están en Tanzania, que invierte, incluso, en tabaco y cerveza. La esperanza parece estar en el crecimiento gradual del turismo en la región.

 

Riqueza natural
Lo que une a estos dos países, además de las semejanzas de su gente, es el contraste geográfico de los territorios. Hay de todo: planicies, pantanos, sabanas, montañas, montes, colinas, zonas muy secas o anegadas, ríos y lagos, lo que es determinante para abrigar especies muy diferentes, que van desde majestuosos elefantes hasta las bullangueras gallinas de Angola (capote en Brasil). Sus parques son de una riqueza inigualable en vida salvaje y en paisajes. Hay, en la región, parques nacionales, pertenecientes al gobierno central; parques del gobierno local; parques naturales incontables y ranchos privados, propiedad de los adinerados.

 


Iniciando por Nairobi (seguida en importancia por Mombasa), conocida por los folletos publicitarios como la capital mundial de safaris, nos llevamos una idea de lo que nos espera: la reserva del Masái Mara, donde la aventura comienza. Con sus 1.672 km2, forma parte integrante del ecosistema Seringueti-Mara, un área de preservación de 25.000 Km2 en su totalidad, donde es posible volar en globo por el cielo azul ceniza.

 

Ya en Tanzania, el Parque Nacional de Seringueti hace justicia a su nombre. En suajili, significa acertadamente planicie sin fin. Y es este el sentimiento inicial que nos agobia – un universo infinito. Más adelante, nos movimos por horas y horas en jeeps 4x4 rumbo al Ngorongoro, área de conservación de 8.288 km2 registrada por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. El nombre es asustador: difícil de pronunciar y de grabar. En compensación, la belleza es deslumbrante. Se trata del volcán extinto. Pero no es un volcán cualquiera. Con profundidad aproximada de 600 m, el Ngorongoro posee 250km² de extensión, donde hay pastos, lagos y ríos, bosques y pantanos, de forma tal que, así como hacen los agentes de viaje, los africanos gritan a los cuatro vientos que Ngorongoro es por sí mismo “un microcosmos que contiene prácticamente todo el ecosistema del África Oriental”.

 

Mucho por ver
Aún queda mucho por ver... De vuelta a Kenia, es el momento de presenciar el Parque Nacional de Amboseli. Pequeño, no deja nada que desear en términos de encanto natural y de la significativa diversidad de mamíferos a causa del agua abundante (y, por tanto, preciosa), que viene del Monte Kilimanjaro (o Kili), ¡en cuyo pico llega a nevar!  

 

El hecho es que, por todas partes, andan los grandes animales – búfalos, elefantes, leones, leopardos y rinocerontes – que se dispersan por planicies, montañas, y son vistos en manadas gigantescas. Imponentes jirafas caminan en manadas y derrochan gracia y elegancia. Las cebras nos sonríen. Desconocen que en Brasil les atribuimos la frase popular “dio cebra”, como sinónimo de “mal resultado”. Tal vez, si lo supiesen, se quejarían contra nuestra injusticia, aunque sean amistades de “pura conveniencia”. Cuando migran, se unen a los feos ñus para ayudarse mutuamente contra los depredadores: los ñus entran con el olfato fino; las cebras, con su vista y memoria privilegiada.

Hay, incluso, hienas, hipopótamos, cocodrilos, puercoespines, guepardos, y de todo en profusión. ¿Y qué decir de las gacelas que posan vanidosas al lado de los “primos” topis, impalas y coke’s hartebeests? Las zorras asustan. La multitud de monos de diferentes especies “pintan y bordan”. Son ángeles para robar comida e inmorales, cuando quieren. No obstante, lo que nos deja boquiabierta es la ternura con que la mona madre toma a su cría en sus brazos para acariciarle o sacarle piojos. Y no para ahí. Entre 1.080 especies de pájaros, hay flamencos blancos y rosados, marabúes africanos, cigüeñas, cálaos, avestruces, pelícanos, águilas, halcones, lechuzas, grullas coronadas, buitres...

 

Los safaris en vehículos, no siempre confortables; la sed casi frecuente (beber agua despierta el deseo de hacer pis); el riesgo de encontrar al lado del jeep un animal hambriento o poco amigable); el cansancio físico, todo queda atrás... Hay que aprovechar la posibilidad de presenciar, tal vez por una única y última vez, el esplendoroso teatro de la vida que une, en un escenario, singular naturaleza, vida humana y vida salvaje que se confunden y se mezclan como argamasa que, de tan consistente, no nos permite diferenciar por separado los elementos – naturaleza, nosotros y los animales salvajes. Es necesario reconocerlo: nadie hace alusión al SIDA. Esta no conquista siquiera la condición de fantasma. Simplemente no existe..

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