De Norte a Sur: Toda una experiencia

México

De Norte a Sur: Toda una experiencia

Era 15 de julio del 2008, un caluroso martes de verano catalán cuando cruzaba el Atlántico para pisar tierras mexicanas. Estaba a punto de iniciar un proyecto, una aventura, una locura, un sueño, mi sueño: ser uno de los estudiantes de movilidad que pisan América Latina.

Destino: Monterrey

Mi destinación, Monterrey, capital del Estado norteño de Nuevo León. Tenía la información necesaria e imprescindible que había obtenido para la selección de la universidad, pero más allá de esto, no quería llenarme con experiencias anteriores ni prejuicios vacíos; quería vivir mi viaje y descubrirlo en persona. Y así fue. Llegué siendo un ignorante más a cerca de este desconocido y dañado país, que es México, y volví enamorado de una tierra y de sus gentes para toda la vida.

 

Dicen de los norteños de México -industrializados en medio del desierto- que son los ricos y a la vez 'codos' o tacaños. Dicen que los del centro se aprovechan de los del norte y viven bien para irse de vacaciones a las playas del pacífico, mientras que los del sur ven como se les caen los cocos a los pies. Esta división 'económica' pone de manifiesto las grandes diferencias que existen en toda la República; distinciones que se multiplican en lo cultural, gracias a las más de cincuenta tribus indígenas y sus infinitas tradiciones que dan como resultado una gran riqueza cultural.

 

Viajes y gentes 

Cuando viajamos nos podemos fijar en los templos o en sus gentes. La ciudad de Monterrey me acogió durante cinco meses: allí tuve mi vida, mi entorno, mis amigos, mis compañeros de piso, mi día a día durante toda esta temporada. ¡Qué mejor ocasión para disfrutar de sus habitantes! La convivencia y el contacto con la población mexicana me demostró que existe una manera distinta de vivir la vida; una filosofía en donde todo es 'relativo', en donde la palabra estrés no cabe en ninguna mentalidad y en donde la generosidad y la hospitalidad son los denominadores comunes de una sociedad realmente acogedora y servicial.

 

En dos ocasiones pude viajar al centro de la República para conocer estados coloniales, en donde los españoles hicieron una auténtica masacre. Lo único bueno que consiguieron fue dejar una línea arquitectónica fabulosa, preciosa, un arte que pasará de generación en generación y que no se puede ver en el norte de México. Pongo como ejemplos, la ciudad de Guadalajara y su entorno -tierra de tequila y mariachis-, así como Morelia (Michoacán) o la mágica ciudad de Guanajuato: sus pequeñas y coloridas casas que se extienden a lo largo y ancho de los cerros ofrecen una panorámica 'legendaria' e inolvidable.

Enamoramiento en... Chiapas

Pero, sin duda, si de algún lugar quedé enamorado, ese fue Chiapas. El Estado más meridional de México es, paradójicamente, el más rico en recursos naturales y con la población más pobre de la República. Llegamos un total de nueve amigos con ganas de conocer el territorio chiapaneco. 'Rentamos' una camioneta y a viajar -con gran improvisación- para ver más allá de lo que nos dicen las guías turísticas. Sólo así pudimos pasar una noche en una casa-restaurante en las playas de la costa pacífica de Boca de Cielo, durmiendo en las famosas hamacas bajo las estrellas; sólo así paseamos entre la selva en busca de las claras cascadas de 'Las Nubes', acompañados de un trabajador del cacao que nos explicó su día a día; sólo así pudimos navegar en dos rudimentarios cayucos por manglares y pasar una tarde con una familia indígena, la que muy amablemente nos invitó a beber el 'jugo' de los cocos de sus palmeras; y sólo así intentamos llegar al inaccesible Volcán Tacaná recorriendo los inacabables cafetales que se extienden en la frontera con Guatemala.

 

Además, obviamente, vimos las zonas arqueológicas mayas más conocidas, como Palenque; así como los puntos turísticos que la naturaleza chiapaneca nos ofrece. Es el caso de los Lagos de Montebello o las Cascadas de Agua Azul. Y pasamos por todas las ciudades del estado para acabar en San Cristóbal de las Casas. Queríamos acabar aquí. El viaje a Chiapas era el viaje de despedida de muchos de los estudiantes españoles de movilidad que nos regresábamos en diciembre y San Cristóbal el lugar perfecto para poner punto y final a cinco meses de experiencias.

 

Magia y leyenda
San Cristóbal es el ejemplo de que la multiculturalidad es posible, así como el respeto por lo diferente, por lo que siempre nos han dicho que es extraño. La convivencia de culturas y de etnias, el orden y, en definitiva, la paz es posible.

 

Chiapas es escenario del acecho del 50% de los miembros del ejército de la República Mexicana los cuales rodean zonas de selva con poblaciones indígenas enteras. Todo debido a un movimiento nacionalista promovido por el subcomandante Marcos en 1994 incomprendido. Lo que me ha enseñado pasear por las zonas 'zapatistas' es que es un grupo armado en defensa del pueblo  indígena de los ataques y injusticias del capitalismo más extremado. Dicen que son violentos, dicen que son unos terroristas. Yo pregunto quién es más terrorista: el que mata o el que deja que se mueran de hambre. Quizá estén a la misma altura.

 

Merece la pena viajar para conocer la esencia de los lugares que visitas. Viajar permite conocer más allá de lo que te explican. México es algo más que narcotráfico y corrupción. México es un bello mundo de riquezas dañado por su imagen. Viajad y tendréis el mayor de los argumentos: esto lo he vivido.

Futuro

Gracias, Imanol, por acercarme un poco más a la que será mi vida dentro de escasos tres meses y durante un año.

Me dejas con la miel en los labios...

Un abrazo

Recuerdos

Imanol, cuando he empezado a leer tu artículo y he visto la foto del que ya es "mi" cerro de La Silla se han agolpado miles de recuerdos en mi cabeza. Dentro de 3 meses se cumplirán 4 años desde que yo emprendí también ese viaje rumbo a Monterrey, a ese México al que estoy atada y al que vuelvo siempre que me llama.
Y al igual que tú, yo también aprendí que como dice Gabriel García Márquez, hay que "vivir para contarla".

Muchas gracias,

Sonia

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