“Compañero, tú me ayudas y yo te ayudo”

Antigua - Guatemala

“Compañero, tú me ayudas y yo te ayudo”

Esta frase se escucha mucho en todos lados, casi a diario diríamos. Pero cuando se dice con una sonrisa, en un mercado, nos ponemos atentos porque casi siempre luego se viene el cuento.  Antigua es una ciudad preciosa, llena de calles empedradas y tienditas pequeñas llenas de sorpresas. Y tiene un mercado lleno de colores, gentes de todos lados y deseos de poseer una billetera mucho más gorda. Buscaba una hamaca para mi casa, una bonita donde pudiera tirar el cuerpo para descansar…

“Tengo anillos, adornos, recuerditos… anímese”. Pequeñita ella, tremenda sonrisa y unas manos que volaban por encima de su mostrador, rebuscando entre platos recordatorios, llaveros, muñecas, collares, cuadros y decenas de otros posibles regalos.

“Busco una hamaca pero creo que no tienes” le dije pensando en que no había mucho tiempo para compras. Había que terminar unos papeles – la suerte del trabajo inmerecido que le da a uno la oportunidad de viajar un poco – y regresar a Ciudad de Guatemala.

“¿Cómo la quiere compañero? Tengo una amiga que tiene de todos colores” dijo mientras comenzaba a sonreír y movía los pies de la misma manera como antes lo hacía con sus manos: casi volando. Y en medio de la buena vibra de la sonrisa, de la emoción del “cuasi volando” y paseando por pasillos con mil colores a todos lados, llegamos donde “la amiga”, que ante la consulta sobre hamacas respondió “ahhh, es que ya no tengo ninguna”. Debo reconocerlo, inmediatamente me acordé de la “ley de Murphy”.

 

Me sentía decepcionado por haber creído eso de que la sonrisa y el “casi volando” eran preámbulos del éxito total: una hamaca de colores, cómoda, resistente y barata. “Mi compañero si tiene, muchas, bien bonitas” y ya eran dos que “casi volando” me repetían que era cerca, aquí cerca. Y así me deje llevar, por la sonrisa idiota que provocaba ese “casi volando”.

Tremendas hamacas, todas preciosas, al fondo, el último puesto del mercado, nada cerca… pero iba siguiendo a ese par de sonrisas que iba “casi volando”. No entendía nada de lo que decían pero se sonreían y reían. “Gracias compañera, tú me ayudas, yo te ayudo” fue lo que si escuché que se decían entre ellas y él.

Al final no compré una hamaca, fue más bien una silla colgante… y unos llaveros que vinieron con un anillo de regalo. Recordé que las sonrisas, de esas como las que tenía la compañera que iba “casi volando”, no deben generar desconfianza. Esas sonrisas, que pocas veces ve uno por la calle, son de las pequeñas grandes cosas que nos hace sentir. Al menos a mi me lo provoca.

No supe  por qué se repetían la frase, tuve pena de preguntar. Estoy encantado con la ciudad de Antigua. Porque además de sus calles empedradas, sus casonas antiguas y sus plazas e iglesias; tiene gente de sonrisa amplia, personas orgullosas y gentiles. Y tiene también una compañerita que va “casi volando” y que ahora me hace recordar situaciones gratas.

Los lugares menos esperados, aún en esos espacios donde uno llega con desconfianza, también tienen cosas para disfrutar. … solo hay que tomarse un tiempito y prestar atención a esas pequeñas grandes cosas que nos hacen sentir.

Al menos, a mi me lo parece compañero.

Ayyyy Christian, increible

Ayyyy Christian, increible que buscando una aproximación a un país desde otros ojos, me haya encontrado contigo, buscaba información para poderla compartir con las personas que no tienen posibilidad de viajar, te acuerdas de esa radio de la que te hablé?, en la que viajamos a través de las ondas?? necesitaba información, saber como ven los demás las cosas, para eso de la imparcialidad, jeje, gran farsa, y me he encontrado contigo, gran admirador de sonrisas, me ha encantado. Un beso enorme desde Euskal Herria.

Más Humanidad

Reflexionemos sobre lo verdadero de la vida , ahora que estamos inmersos en esta crisis humana, en esta pérdida del rumbo , en esta desgana de sinsabores capitalista, en esta apatía generada por el bucle consumista que nos tiene a casi todos empachados , sin apreciar lo verdadero , ahora que nos intentan atemorizar los sentidos ahí vemos un claro ejemplo de lucha y superación humana, en la pobreza crecen los sentimientos de hermandad y de autenticidad , y de lo más importante de alegría ,porque albergan la esperanza de lo desconocido , no están empachados como nosotros que eruptamos vómitos de ideas y de inseguridad acrecentada , porque los obstáculos te hacen perder o ganar el juego al que nos han sometido,creando aún más frustración y más rabia contenida , imposibilitando la felicidad , la sonrisa , algo innato en el ser humano , ya que haciéndonos robots es imposible ser feliz.

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