Bournemouth se siente un año después

Bournemouth se siente un año después

No hay nada como disfrutar de Inglaterra cuando todavía la primavera no ha entrado con fuerza. Sentir, experimentar ese eterno estereotipo que nos regaló el cine: con la niebla cubriéndolo todo, con las chimeneas trabajando a todo motor, con un té humeante que reposa sobre la mesa de una cafetería mientras afuera, al otro lado de la ventana, la lluvia ríe a carcajadas.

Sin embargo, Londres me recibió con el cálido abrazo del Sol, aunque sería una de las pocas veces que se decidiría a desprenderse de su timidez durante mi estancia en Inglaterra.  Mientras esperaba en la estación, me dedicaba a fantasear imaginándome perdida por las calles de Nothing Hill  hasta encontrar la librería de viejo de la que saldría Hugh Grant para hacerme una última recomendación literaria. Pero mi destino final, no era adentrarme en la gran urbe… Viajaba a Bournemouth en el condado de Dorset, en la costa sur inglesa.

La ciudad costera me recibió con esa brisa marina cargada de la humedad que trae el mar; con la hospitalidad y la deliciosa educación inglesa; con algunas construcciones de estilo victoriano que le otorgaban ese toque elegante y distinguido… Una muy buena carta de presentación que despertaba aún más las ansias por descubrir aquel lugar que se columpiaba entre la algarabía juvenil y el sosiego más aplastante que concede la madurez.

Una de los pasatiempos que más me entretienen cuando viajo es simplemente callejear para  palpar el ambiente y descubrir el pulso de cada lugar y Bournemouth tenía mucho que enseñarme en este aspecto. Gente de aquí y de allá; turistas que van y vienen -el mapa y la cámara los (nos) delataba-; disfraces en la noche; amigos que se encuentran en the Square… Y por supuesto, la cabina roja a la que cambiaron de oficio para convertirla en el decorado perfecto para una instantánea.

Allí en Comercial Road, una avenida comercial de primer orden, sonaba la música  y siguiendo los pasos de la melodía me encontré con ella. Krista Green, una joven cantautora, versionaba un tema de los Beatles, no recuerdo bien cuál de ellos. El caso es que su voz, la pasión y entusiasmo que ponía en su trabajo me cautivaron. Su música coloreó de ritmo cada episodio de aquella escapada y lo sigue haciendo en mi aventura presente.

Otro nombre de mujer también se coló entre las páginas de mi diario de viaje sobre  Bournemouth. La escritora inglesa Mary Shelley, autora de la obra gótica por excelencia ‘Frankenstein’, está enterrada en la ciudad y lo descubrí justo cuando entramos al pub que lleva su nombre, muy cerca de St. Peter´s Church donde descansan sus restos. También la literatura de Robert Louis Stevenson estaría vinculada a este lugar ya que en Bournemouth escribió ‘El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde’.  Apuntes literarios que me hacen querer más este lugar.

Rebusqué entre la arena blanquecina de Bournemouth Pier Beach y encontré el tesoro de mis fantasías de niñez: caracolas, conchas y piedras de colores. Tal vez restos de épocas remotas ya que la Costa Jurásica, Patrimonio de la Humanidad, se encuentra muy cerca y recorre parte del litorial de Dorset.  Mientras, las nubes amenazaban con descargar agua y teñir de gris las coloridas Beach Huts – pequeñas cabañas de playa utilizadas para resguardarse del sol o del viento y con lo indispensable para poder cocinar –. Alcé la mirada y divisé de fondo el Pier, el imponente y agitado embarcadero que alberga un precioso teatro justo encima… Y el mar, calmado, que mecía las olas para regalarme un momento inigualable.

Paseé por Lower y Upper Garden mientras las ardillas salían de sus madrigueras para conseguir unas migajas de pan; disfruté desde la ventana de aquella habitación de aquel atardecer anaranjado, profanado por las gaviotas que no cesaban su canto… Pero también sacié mis deseos al saborear el tan crujiente, como popular ‘fish and chipsy aquel desayuno inglés con bacón en aquella céntrica cafetería

Hace un año de todo aquello, pero los olores, los sabores, los sonidos son tan palpables, tan perceptibles que al rememorar aquel tiempo he sentido que regresaba a ese pedacito de Inglaterra que me cautivó para siempre.

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene como privado y no se muestra públicamente.
  • No se admite ninguna etiqueta HTML
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Más información sobre opciones de formato

To prevent automated spam submissions leave this field empty.
CAPTCHA
Responde a la pregunta para validar el envío.