viajero

Finales que son principio

Recupero la antigua costumbre de escribir cada fin de semana. Me gustaría escribir de viajes. De todo tipo de viajes. Los más habituales que nos desplazan de un lugar a otro. Los más espirituales. De todos. También de educación. Y, a veces, de como ambos territorios (el viajar y el educar) se mezclan, se fusionan, se rehuyen y más. Recupero a continuación algo que escribí tiempo atrás y que luego se incluyó en un libro que hablaba del “volver” y del “empezar”. Trata sobre esos finales –todos– que son principios.

Manual básico para convivir con idiotas

Lo ideal sería no verlos, pero la vida los pondrá, tarde o temprano, en tu camino. Puede que por un día. Puede –lamentablemente– que por un tiempo más largo. En el peor de los casos, toda la vida. Son los idiotas. Y son muchos. Si te pasara, quizás te sirva este improvisado y breve manual…

Manual básico para superar la distancia

Escribió Thomas Lanier Williams que “el tiempo es la distancia más larga entre dos lugares”. También, entre dos personas. Si alguna vez aparece ese “tiempo de la distancia” quizás puedan servirte estas palabras.

Tres palabras, cuatro letras

Los viajes son también palabras. Para vivirlos. Para contarlos. Aunque a veces, las confundimos. “Conocido” no es “amigo”. Ni “estar vivo” es lo mismo que “vivir”. Tampoco “turista” es “viajero”. Y si vas a “ir”, no te dejes engañar por lo aparente. Y recuerda siempre algo que yo aprendí solo: no es lo mismo “estar solo” que “sentirse solo”. Construye un horizonte con tus anhelos… y ve a buscarlo. 

(R)íes

Dicen que es un “artefacto” único y poderoso para ganar batallas. (“La raza humana tiene un arma verdaderamente eficaz: la risa” – Mark Twain). Que enciende las almas e ilumina las miradas para siempre. (“Nada prende tan pronto de unas almas en otras como esta simpatía de la risa” – J. Benavente). Dicen...

Cuando tengas que escoger

Alguien preguntó si un viajero podía enamorarse. Y alguien le contestó. Sí. Escribí una vez que hay dos tipos de mapas. El primero esboza las rutas; delimita las coordenadas; y marca los puntos de visita. Pero hay otro mapa. El de las preguntas y las dudas que es también el de los aprendizajes, las lecciones y las respuestas (en ocasiones, contundentes). Lo dibujan tus anhelos y tus pasiones. Alguien lo llamaría nuestro (tu) "ikigai". Después, está lo imprevisto, la sorpresa. Aprendí viajando que  cuando un viajero desvía su rumbo, detiene su mirada ante un cruce inesperado o topa –literalmente– con su “destino”, quizás alguien o algo le está mandando una señal.  Ese consejo nunca he dejado de aplicarlo. Lo escribí una vez, en esta misma página:   


Nunca te alejes de ti

Te dirán que no se puede. Que es como querer arar en el mar o como pretender contar –una a una– todas las estrellas.  Te insistirá el “mundo” (o una parte grande de él) que eso “no es normal”. Que no deberías salirte de lo establecido. Que lo habitual no transita esos “caminos”. Que construyes quimeras. Y que vives de sueños y de palabras. Te asegurarán –tantas veces– que la vida no es un cuento. Y que llegará la monotonía. Seguro escucharás que todo se acaba (tarde o temprano). Y te repetirán que lo que persigues es tan imposible como querer contar cada una de las estrellas. 

Lo que no se enseña

Cuando alguien cree –seguro pasará– las “escuelas del querer” y las “universidades de la vida” deberá, sin duda, diseñar con esmero sus planes de estudio. Recordad que no olvide la "asignatura del compartir". Tampoco, la materia que conjuga –en pasado y en futuro, pero especialmente, en presente– el verbo amar.  
Catalonia Grand Dominicus (R. Dominicana)

Un secreto con mil palmeras

Quizás no es el lugar que anuncian todos los folletos promocionales y las agencias  que alimentan el turismo más masivo. Y quizás ésta es una de sus principales fortalezas.  Seguramente, otras zonas del país se han convertido en enclaves más conocidos y transitados. Y seguramente, esto hace que su ubicación se sumerja en la magia de lo ignoto y lo desconocido. En Bayahibe, provincia de La Romana, en República Dominicana, hay un hotel que es un secreto adornado con más de mil palmeras.