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Cuando tengas que escoger

Alguien preguntó si un viajero podía enamorarse. Y alguien le contestó. Sí. Escribí una vez que hay dos tipos de mapas. El primero esboza las rutas; delimita las coordenadas; y marca los puntos de visita. Pero hay otro mapa. El de las preguntas y las dudas que es también el de los aprendizajes, las lecciones y las respuestas (en ocasiones, contundentes). Lo dibujan tus anhelos y tus pasiones. Alguien lo llamaría nuestro (tu) "ikigai". Después, está lo imprevisto, la sorpresa. Aprendí viajando que  cuando un viajero desvía su rumbo, detiene su mirada ante un cruce inesperado o topa –literalmente– con su “destino”, quizás alguien o algo le está mandando una señal.  Ese consejo nunca he dejado de aplicarlo. Lo escribí una vez, en esta misma página:   


Una vez

Dicen los estudios que solo nos enamoramos una vez. Solo una vez. En toda la vida. Una única vez. Y también dicen los estudios que crecen los divorcios, que se rompen más parejas y que, cada vez, sabemos convivir menos y peor con nuestra soledad. 

 

Te confundí

Iba caminando por la vida, esperando instantes, momentos, lugares, secretos, aromas y sentimientos. Iba caminando por la vida, veía pasar un millar de personas. Cerca de mi pasaron algunas y me rosaron la piel por un tiempo. Había decidió abstenerme de localizarte entre esos roses fugaces e inherentes. Entonces te vi. Y te quedaste, y regresé.