Viste, ché, qué lindo, qué bárbaro…

Buenos Aires (Argentina)

Viste, ché, qué lindo, qué bárbaro…

… es Buenos Aires, los porteños, sus lugares emblemáticos, milonguear con sentimiento. Viste… Emocionar a los visitantes con lo cotidiano, con lo que uno siente, vive y ama. Qué lindo… Creo que Buenos Aires tiene la clave, sabe la manera de dar a conocer una ciudad. Puede ocurrir también que la viajera, en esta ocasión, haya descubierto una buena forma de conocer la urbe bonaerense. Porque muy a menudo no importan los lugares, el destino al que uno se dirige en eso que llamamos “viaje”. Ni siquiera tiene porqué importar el propósito éste. Tal vez lo esencial resida en dejarse enseñar queriendo aprender… eso al inicio, porque ya de regreso lo que nos queda es una amalgama de recuerdos en forma de imágenes de los lugares que hemos transitado y recorrido con nuestra mirada caleidoscópica, y también en forma de pensamientos y otras reflexiones a las que hemos llegado a través de lo vivido y del contacto con la gente del lugar.


“Visitas imprescindibles”

La simbólica Plaza de Mayo, la inconfundible Casa Rosada, la moderna avenida 9 de Julio, la calle Corrientes, los barrios: el colorista de La Boca, símbolo de los arrabales del tango; San Telmo seductor, nostálgico; Palermo y Recoleta, Puerto Madero… qué bárbaros todos estos rincones palpitantes de una historia que se mantiene muy viva en los habitantes. Por cierto, que aparecen en todas las guías de turismo y comparten su cualidad de “visitas imprescindibles”. Pero siempre ocurre que cada lugar esconde detalles y gestos reservados para cada uno de nosotros. En Buenos Aires, esta mímica es melancólica y demuestra algunas contorsiones, con ademanes de esperanza, sencillez, cercanía y muecas a lo propio y lo ajeno. Es en sí misma un guiño y una llamada de atención para el forastero.

A través de estos gestos la ciudad te tiende su mano y amablemente te responde hasta captar la argentinidad. A través de un paseo tranquilo por la mítica calle Florida desde Plaza San Martín: mimos, niños bandoneonistas, vendedores ambulantes, cómicos, compras, Kioscos, cafés, gentío silencioso. A través de un concierto reivindicativo en Plaza de Mayo para culminar la marcha de trabajadores rurales, grupos de protesta y asociaciones estudiantiles contra la usurpación de tierras a los indígenas.

A través de un paseo atento desde Plaza de Mayo recorriendo Defensa: más y más música, bandoneones mohínos, orquestas varias, ambiente tanguero, marionetas, ritual mate, gente de aquí y de allá. Artistas que comparten la calle y hacen de ella un lugar para la alegría, no para el tumulto, para la espontaneidad, para el querer y el saber integrar, transmitir y dejarse tocar por esa sensación que, de sobra es conocido, hay que experimentar. Y en cualquier momento te contagias y te puedes sorprender dando palmas, respondiendo a la maestría de quienes regalan tesoros en forma de notas musicales, cantos, recitales, bailes y movimientos corporales que ya sientes con solo mirar. Es San Telmo. Al llegar a Plaza Dorrego, todo comienza de nuevo y en el “mercado de las pulgas” puedes encontrar: “un cupido de bronce, un samovar, muebles, anteojos, clavos, amuletos, relojes sin agujas y gramófonos, palanganas impúdicas, espejos, discos rayados de Gardel, postales, cuadros, tijeras, brújulas, braseros, almanaques antiguos, colecciones de medallas al mérito, libros de santos, tapas de revistas, mates, bombillas, lámparas, floreros. Color, bullicio. Albigarrado enjambre. Domingo en la placita de San Telmo” (Antonio Requeni).

Estos rincones y otros lugares exclusivos destacan en Buenos Aires y dotan a esta capital de atractivo y auténtica personalidad, pese a que cualquier urbanita experimentará muy probablemente una sensación de familiaridad, con algunas excepciones lógicas. De hecho, Buenos Aires es un lugar admirable por su paisaje urbano, si bien yo prefiero recordar ahora otro tipo de paisanajes humanos igualmente lindos, porque han sido estos los que me han permitido obtener el retrato de una realidad social que hay que conocer y entender, con no pocos esfuerzos en algunos casos.

En varios sentidos símbolos. El tango.

Ciudades de todo el mundo están cargadas de una simbología que permanece en el imaginario del viajero. Buenos Aires es una de ellas. Como visitante sabes del tango, de las Madres de la Plaza de Mayo, de los acontecimientos políticos y sociales que han marcado su devenir durante las últimas décadas. Pero sólo sabes de ellos. No diferencias un tango de una milonga. Quizás no quieres perderte la foto en el Caminito y tomas un bus hasta La Boca. El mejor recuerdo, y lo sabes, te lo van a dar unos minutos de ese trayecto.

La acertada parodia del “tango según cine” adornada de “La Cumparsita” que tuve oportunidad de disfrutar en Plaza Dorrego me hace pensar que la “ignorancia autoimpuesta” es preferible cuando se trata no ya de imaginar, de creer que se conoce y querer confirmar lo conocido, sino de dar a tu viaje el propósito que se merece. Y es que este viaje lo merecía. Al menos, la ciudad a la que me ha conducido así me lo ha transmitido. Digamos que he tenido oportunidad de ver, sentir y admirar -en este orden-, el tango en vivo y en directo. He de confesar que después de visitar algún que otro país y sus ciudades –no diré cuales- ha sido la primera vez que me ha ocurrido, y no sin cierta vergüenza. En cualquier caso, ha tenido que ser así. Y ha sido en Argentina y en Buenos Aires. Si la “ignorancia autoimpuesta” puede ser de gran ayuda en nuestro propósito por aprender, algo así como “desaprender para aprender” -que diría un amigo mío-, me parece que la “ignorancia impuesta” unida a la desidia que podemos mostrar en algunas ocasiones por “querer ver” y “aprender” pueden ser realmente nefastas. Ahora entiendo mejor porqué “el verdadero viaje de descubrimiento es aquel que se emprende en busca no de paisajes nuevos, sino con ojos nuevos” (Marcel Proust). Y ya que estamos, ¿por qué no defender que todos nuestros viajes sean “viajes de descubrimiento”? Únicos y diferentes de los anteriores y de los que están por llegar, valedores de la esencia semántica del verbo “viajar” porque “nos hacen”. Los álbumes repletos de imágenes y los souvenirs quizás nos ayuden a transmitir algo de lo que estos viajes nos permiten vivir, algunas emociones, y siempre nos ayudarán a recordarlos. Más allá de eso, sospechamos y comenzamos a sentir que donde verdaderamente perdurarán es en nosotros, condicionándonos para el siguiente viaje y en el propio.

a modo de Fé de Erratas

A modo de aclaración, el tango puede estar interpretado por D`Arienzo, pero La cumparsita es uruguaya. Símbolo del tango a nivel mundial, fue creado por Matos Rodríguez, uruguayo. No es por simple patriotismo la reinvindicación, ni mucho menos, pero si es necesario comprender la historia y el sentimiento que a veces puede despertar ciertas apropiaciones de la cultura y por tanto del patrimonio de algunos pueblos.

Hola Analía, Pues yo

Hola Analía,

Pues yo coincido con los argentinos que escogieron esa canción para hacer la parodia en Plaza Dorrego, que es desde donde yo enlacé el audio. ¿Habría sido más apropiado elegir un auténtico tango argentino con el objetivo de parodiarlo? Pienso que no, pero es sólo una opinión.

Sigo considerando que ése es el mejor tango para ese propósito. Para mí era conocido su origen uruguayo, pero precisamente por eso y porque se utiliza siempre como símbolo del tango argentino, (por ejemplo, en las películas, de eso hablo en el texto), me parece muy oportuno. Parodiar esta situación obliga a utilizarlo. Quería transmitir curiosamente eso, no nos debemos dejar llevar por la primera impresión, hay que leer entre líneas, ir más allá, ser receptivos, siempre cuando se trata de un lugar o una ciudad, más cuando éste está cargado de una simbología especial, como es el caso de Argentina y, particularmente, de Buenos Aires.

Siento mucho que se haya interpretado que el último enlace que aparece fuera del texto -escapa a mi control- lo incluyo para documentar musicalmente el tango. Más arriba, se pueden comprobar el verdadero propósito documental del audio. Te agradezco de todos modos Analía la aclaración y la fe de erratas.

Un abrazo,

Embrujo

Cierto. Buenos Aires tiene algo que embruja, algo que provoca un dejo de pertenencia en el viajero que la hace única, diferente. El poeta lo dice mejor: "Pero siempre he sentido que hay algo en Buenos Aires que me gusta. Me gusta tanto que no me gusta que le guste a otras personas. Es un amor así, celoso". (Borges)

Que razón tienes cuando

Que razón tienes cuando hablas esas maravillas de Buenos Aires. Bonito artículo, se nota que has sentido la ciudad.

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