Viaje al Sur

Cartas de una Erasmus - Entrega 17

Viaje al Sur

A las cuatro y media de una madrugada de fiesta, me dicen: “Yo quería ser periodista en abstracto”. Nos miramos, suspiramos, y después, seguimos caminando por el paseo marítimo de Salerno hacia la discoteca donde aguardan los demás.

Fue...
La “salernitana” de Valladolid, mi inseparable “súperamiga” y yo hemos aprovechado la llegada de junio y el inminente final de nuestras becas Erasmus para hacer un recorrido por la costa amalfitana, en el sur de Italia.

Desde Roma, llegamos a Salerno donde la de Valladolid está haciendo su Erasmus. Después de recorrernos las tres juntas lugares como Perugia, Parma o Praga, sabemos que éste será nuestro último viaje y no queremos desaprovechar un solo momento, ni siquiera bajo la lluvia incesante de los primeros días de nuestro “tour”.

Nápoles
Llevaba toda la Erasmus queriéndome acercar a Nápoles, ciudad que todos me habían descrito como desordenada, sucia, bonita, marítima y peligrosa. Nápoles es famosa además por sus mercadillos, así que haciendo caso omiso a nuestra cordura –que nos decía que nuevas adquisiciones no nos iban a entran en la maleta de vuelta–, no pudimos resistirnos a comprar zapatos y vestidos a tres euros.

Su centro histórico y su puerto, así como el recorrido que hicimos por el Castell dell´Ovo llamaron la atención de tres viajeras que después de un curso Erasmus, estaban convencidas ya de necesitar unas vacaciones del turismo: un tiempo sin ver monumentos, iglesias y rincones hermosos, un periodo de “recomposición” de tantas bellezas vistas.

El mar
Un par de días, aprovechando el cese de las lluvias, los dedicamos a adentrarnos en el tan ansiado mar. Acantilados llenos de limoneros, y espacios de cuento en la costa Amalfitana como el cinematográfico Positano, donde darnos, por fin, el primer baño del verano. Dos posibilidades de llegar: un autobús que coge las curvas prácticamente saliéndose de la carretera y un barco que, dándote el aire en la cara, te hace sentirte dueña del mar.

Mientras, en la tierra, una boda italiana en la Cattedrale di Sant´Andrea en el centro del pequeño Amalfi; y a lo lejos, la costa desde las que bellas sirenas encandilaban a Ulises.

Salerno 

De regreso a Salerno, las ideas de acercarnos a Herculano o subir al Vesubio se deshicieron con la sal de la playa, y nos quedamos tiradas en las toallas. Además, necesitábamos recuperar fuerzas para disfrutar también del sur nocturno.

La noche del viernes estaba organizada una fiesta en la que estrenar vestidos y divertirnos. Fue una noche de confesiones amplificadas por el sabor cercano de las despedidas. En éstas, sería en la que la “súperamiga” me hablaría de la liviandad de ser periodista en abstracto, ahora que, como el final de la Erasmus, también el tan esperado final de nuestra licenciatura estaba a punto de convertirse en una realidad, que por ansiada, no dejaba de ser temida.

Las confesiones, las risas, los deseos y la exaltación dieron casi por concluida una noche en la que terminamos viendo amanecer en la playa salernitana. Al día siguiente, cogeríamos nuevamente un tren hacia el norte, prácticamente, el último tren. Los últimos pasos, las últimas alegrías… se sentían en el ambiente…

 

 

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