Una atmósfera diferente

Belfast (Europa)

Una atmósfera diferente

Los atractivos turísticos de la capital de Irlanda del Norte se mezclan, inevitablemente, con los acontecimientos políticos del presente y del pasado.

MuralMás allá de la política

Irlanda del Norte es, a pesar de su leyenda negra, un lugar muy recomendado para los amantes de los paisajes bucólicos, de los pueblos con encantos, los caminos verdes, muy verdes, casi interminables. Pero su capital, Belfast, no es nada de eso y, sin embargo, es todo eso. Es el resumen de la historia de un pueblo que vive su presente sin olvidar su pasado. Es mucho más que monumentos o el lugar donde se construyó el Titanic. Es sumergirse en una atmósfera única con muchos y buenos ingredientes.

 

La página negra de la historia de Belfast está cerca de poder pasarse para siempre y comenzar a escribir sobre el blanco impoluto del nuevo papel, la reconciliación de dos pueblos. Pero también los desarrollos de una ciudad que está sabiendo aprovechar la herencia portuaria de otros tiempos, a la vez que potencia los atractivos turísticos.

Origen

El origen de la ciudad se remonta a 1777, fecha en que Jean de Courcy, tras la invasión normanda de la provincia del Ulster, construyó un castillo en el emplazamiento actual de la ciudad. En el siglo XVIII, se produjeron grandes cambios en la economía que modificaron el mapa social, pasando todo el poder económico a manos de grupos protestantes. 1791 fue el año que se fundó la Society of United Irishmen, germen de la idea de Nación Irlandesa, como unión de católicos y protestantes. Pero la empresa fracasó. La población fue distanciándose según su credo y está división culminó en violentos enfrentamientos que han llegado hasta nuestros tiempos.

 

Uno de los capítulos más prósperos de la historia de la ciudad se produjo en el siglo XIX, una época de riqueza, sin duda, que ha dejado su impronta en la capital. El mejor testimonio de ello es la zona residencial de la época. El urbanismo gregoriano también tiene una buena representación en la villa, y el mejor ejemplo puede verse en la zona de la universidad.

 

El corazón de Belfast se encuentra en Donegall Square. Autobuses made in London, la cabina roja, como no podía ser menos, y para comprar, sólo Libras, por favor. No hay duda que estamos en un país que pertenece al Reino Unido. Desde aquí arranca la vida de la ciudad, y si quieren, también es un buen punto para comenzar la visita. El Ayuntamiento, un edificio renacentista de finales del siglo XIX que destaca por haber acogido en 1921 la primera reunión del Parlamento de Irlanda del Norte, constituye la referencia espacial dentro del paisaje urbano.

 

Para seguir nuestro recorrido podemos tomar Royal Avenue, la calle comercial por excelencia. En libras, con el plástico de la tarjeta de crédito o con cheques al portador, esta artería principal de la ciudad no para. Es uno de los entretenimientos de la población: gastar, gastar y gastar. La tentación, en formas de continuos escaparates, desemboca en Castle place, en donde al final de la calle está el Prince Albert Memorial Clock, una torre construida en 1865 en honor del esposo de la reina Victoria. Como la famosa Torre de Pisa, aparece inclinada. Cosas del terreno. Antes de dejar el centro es recomendable acercarse a la catedral anglicana, St Anne´s Catedral. En su interior descansan los restos de Edward Carson, uno de los principales luchadores por la causa protestante.


Una nueva ciudad junto al río Lagan

El río Lagan ha marcado la historia de la ciudad y ahora se convierte, paradojas de la vida, en el factor principal del cambio hacía el futuro. Las aguas que remontan Belfast unen lo antiguo y lo moderno, el pasado y el presente.

 

Astilleros.Del pasado queda una de las herencias más queridas por sus habitantes, los astilleros Harland & Wolf, donde fue construido el Titanic, sin mucha fortuna por cierto. También se mantiene como uno de los edificios más representativos de la capital el edificio de la aduana, Custom House, de estilo corintio, que atestigua la bonanza de tiempos pasados en los que el trasiego de barcos y hombres de la mar no cesaba ni de noche ni de día. La parte más cercana a nuestro tiempo se localiza en Lagan Lookout, un centro de visitantes donde se explica la construcción de la presa del río. Además, la zona adyacente al río se ha remodelado para el tránsito peatonal y, por supuesto, han colocado un gigantesco centro comercial que incluye un restaurante español y un mirador improvisado de la ciudad  junto a los cines.


City HallEl Barrio Universitario

En el sur de Belfast se encuentra el Barrio Universitario. Bonitos edificios y gente “guapa” que le da vida, es la mezcla perfecta para este rincón con mucho encanto. Queen´s University, diseñada al estilo de Magdalen College de Oxford, es el centro oficial y oficioso de la zona. Su construcción, de estilo Tudor, finalizó a mediados del siglo XIX. Después de la visita académica conviene relajarse en los Jardines Botánicos (Botanic Gardens). Las once hectáreas de terreno, bien cuidados y distribuidos, hacen de este jardín un lugar excelente para relajar cuerpo y mente. Antes de despediros del parque, en la salida, pueden encontrar un monumento a Lord Kelvin, el señor que se hizo famoso por inventar una escala térmica.


El corazón de la disputa, West Belfast

El aspecto desolador de West Belfast refleja la herida que provocó un pasado no muy lejano en este barrio. La clase obrera, instalada aquí desde el siglo XVIII, época en la que se instalaron las fábricas textiles, vivió desde el principio condiciones de vida insufribles. La economía no daba para más, pero las ideologías de unos y de otros hicieron que todo fuera aún más difícil. La violencia era tal, allá por los años sesenta, que muchas familias católicas, solo un tercio de la población en Belfast, tuvieron que abandonar sus hogares. La frontera, que separaba a los católicos, en Falls road, y a los protestantes, en Shankill Road, estaba marcada con sangre de ambos bandos. Hoy queda una zona deprimida, con claro signos de haber sido maltratada, con trozos de cristales recientes en el suelo de ventanas rotas. Y unos murales, llamativos para el turista, que representan solo una parte del dolor vivido a lo largo de muchos años de conflicto.

Acerca del mural

Cualquier cubano estaría indignado de ver la imagen de un asesino sobre la bandera cubana. Disculpen que se lo digan, pero padecen de ceguera o, ¿le han preguntado a los cubanos fuera de Cuba por qué tuvieron que salir?
No se conformen con la propaganda comunista, por favor.

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