Un rincón con toque de Spritz y romanticismo

Un rincón con toque de Spritz y romanticismo

Callejuelas. Puentes. Góndolas. Escondites. Mágica y encantada son dos de los tantos adjetivos que la describen y desde tiempos remotos, sus habitantes han tenido que adecuarse a la “ciudad de los canales.” Y es que a Venecia le sobran razones para ser diferenciada del resto, no son solo sus atributos lo que la hacen especial, sino principalmente sus peculiaridades. 

A pesar de que actualmente afronta una grave amenaza por las continuas inundaciones,  los venecianos han sabido encontrar formas para sacarle provecho.

No importa el “acqua alta” (marea alta) que primavera y otoño inunda ciertas partes de la urbe, o los “moradores de cuatro patas” que en las noches asustan a los transeúntes. Cada rincón tiene un detalle por ver, un pequeño almacén que visitar. Tan solo pestañear puede significar perderse de algo.

No hace falta mucho tiempo para recorrerla. En dos días se puede conocer sus seis barrios, 118 islas unidas por 354 puentes. Sin embargo aquellos que quieren ver minuciosamente cada fragmento de este lugar pueden tener el lujo de perderse por semanas. Y es que aquí lo que más hay es cosas por descubrir. O porqué no, por redescubrir.

Diseñada... ¿para confundir?
Parece que hubiera sido diseñada para confundir a los visitantes. Son innumerables los callejones, calles, patios, plazas y callejuelas a los que los venecianos les han puesto sus propios nombres dependiendo del tamaño, si tienen o no salida, si están junto al rio o entre casas. “Canale, rio, fondamenta, ruga, ramo, corte o campo” son algunas de las terminologías.  

Al cruzar el Puente de la Libertad, conexión entre Piazzale Roma y el centro, el sonido de los automotores desaparece y es sustituido por el cantar de los gondoleros, el repique de las campanas de los monasterios e iglesias y el motor de las lanchas y vaporettos.

La ciudad flotante tiene un aire romántico y misterioso. Ha sido lugar de inspiración de obras como el Mercader de Venecia y tiene fama por su patrimonio artístico y por ser la cuna de muchos pintores, arquitectos y músicos como Antonio Vivaldi y Richard Wagner.


San Marcos
Su plaza más importante es la de San Marcos. Curiosamente Napoleón Bonaparte dijo que era “el salón más bello de Europa” y su belleza la hace ganarse el título de “plaza” ya que las demás son catalogadas como “campos.” Uno de sus atractivos es dejar que los cientos de palomas de acerquen y posen en el hombro de quienes la visitan.

Y así como los puntos de interés visuales, están los degustativos. Al visitar el Guetto Judío no hay como dejar de probar las distintas variedades de dulces de las pastelerías y sin duda alguna no hay como irse sin saborear un delicioso helado de naranja en Il Doge Heladería, ubicada en el Campo Santa Margherita, la plaza principal del distrito de Dorsoduro y frecuentada en especial por estudiantes y jóvenes.

Las pequeñas cosas
Venecia está hecha para disfrutar de las pequeñas cosas. Un atardecer en la Piazza San Marco, gozar de la burbujeante spritz, bebida típica del lugar; dejarle al paladar enriquecerse de los sabores de la pasta y los manjares de chocolate y crema, o de una auténtica pizza italiana.

A diferencia de otros sitios aquí no hace falta seguir mapas, lo interesante es perderse. No hay que saber el idioma, solo comprender el funcionamiento de esta pequeña ciudad. Pero en especial no es necesario prepararse mentalmente, sino dejar que afloren los sentidos.

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