Sillones, balancines y mecedoras

Oriente de Cuba

Sillones, balancines y mecedoras

Una de las mil caras de la identidad cubana. Un objeto cuya historia se balancea en la cuerda floja del olvido. Más cómodo que muchas sillas, pero no solo un asiento: una costumbre.


Mecedora Al principio fue el taburete

Después de una comida hecha por la abuela, a la hora de tomar el té o el café, para tratar que el bebé deje de gritar; buscamos un lugar para descansar.

En los hogares modernos tenemos un sofá o una silla reclinable, algunos incluso se tiran en la cama y toman una siesta, pero otros se sientan en un sillón y pasan el rato meciéndose. Hacia delante, hacia atrás, una y otra vez. Una letanía placentera que debe su origen a los campesinos cubanos de principios del siglo XIX.

En aquellos tiempos, el asiento más común se llamaba “taburete”, que no era más que una silla rústica (nada ergonométrica) fabricada de madera y cuero de chivo. A la hora del descanso, los campesinos salían de los bohíos y se sentaban en el portal. Ahí recostaban sus respectivos taburetes a los horcones, que eran las columnas de soporte para el techo de guano, y pasaban sus ratos libres en medio de aquel balanceo de taburetes. Detalle mueble
De Haití a Cuba

Con la huida de los franceses que salieron de Haití debido a la Revolución, y llegaron al oriente de Cuba, comenzó una fusión de costumbres. Los campos cubanos se empezaron a llenar de construcciones típicas francesas, pero adaptadas al clima del lugar. El portal voladizo (alrededor de toda la casa) fue una de ellas. El hábito que antes pertenecía a los campesinos, ahora también era de los hacendados. Inclinar el taburete o cualquier silla contra una columna o contra una pared, y balancearse, era definitivamente agradable, pero aun existían las problemáticas de la incomodidad del espaldar recto y las patas débiles de las sillas.

Con el paso del tiempo, ya en el último tercio del siglo XIX, con la aplicación de los portales voladizos amplios y con las tradiciones de tomar té y café al aire libre, al taburete se le redujeron las patas unos centímetros y se le colocaron dos balancines también hechos de madera. El espaldar se arqueó y el taburete dejó de serlo, comenzó a ser sillón. Fue muy fácil el esparcimiento de la costumbre porque es muy obvia la comodidad del objeto.

Mecedoras en una terraza de CubaCambian los tiempos, cambian los muebles
Cerca del 1950, los norteamericanos pusieron de moda los sillones de aluminio con cintas de fibra sintética, y, años después, inventaron la mecedora horizontal, con una tecnología totalmente diferente a la del balancín, pero que tiene la intención de provocar la misma sensación.

Hoy en día aun disfrutamos de los sillones originales. A muy pocas casas cubanas les falta aunque sea uno. Son parte de la cultura; el cubano es trabajador, inventor y cacharrero, baila casino y rumba, juega dominó de 9 y se sienta en el sillón del portal a coger aire fresco.

Siga asi

Llego a mis oidos la informacion sobre esta pagina y de verdad que he encontrado muchas cosas interesantes en ella, pero este articulo es excepcional. Por favor Sra. Alvarez, siga asi.

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