República Checa, Praga y Mucho más...

República Checa, Praga y Mucho más...

Como los demás países del centro europeo, por ejemplo  los “hermanos” Alemania, Austria, Eslovaquia, Hungría y Polonia, la República Checa tiene una larga historia. Son invasiones, conquistas, revoluciones y un régimen comunista que perdura por 41 largos años. Afiliada a la democracia solo desde 1989 mediante una “Revolución Blanca”, hoy, la antigua Checoslovaquia mantiene un régimen parlamentario, y, sobre todo, avanza increíblemente rápido hacia el progreso. Integrada a la Unión Europea desde 2004, “se da el lujo” de mantener su moneda  hasta los días de hoy (corona checa, Kč), lo que le asegura cierta ventaja ante las demás naciones de la UE o, por lo menos, cierta autonomía.

Como los demás países del centro europeo, por ejemplo  los “hermanos” Alemania, Austria, Eslovaquia, Hungría y Polonia, la República Checa tiene una larga historia. Son invasiones, conquistas, revoluciones y un régimen comunista que perdura por 41 largos años. Afiliada a la democracia solo desde 1989 mediante una “Revolución Blanca”, hoy, la antigua Checoslovaquia mantiene un régimen parlamentario, y, sobre todo, avanza increíblemente rápido hacia el progreso. Integrada a la Unión Europea desde 2004, “se da el lujo” de mantener su moneda  hasta los días de hoy (corona checa, Kč), lo que le asegura cierta ventaja ante las demás naciones de la UE o, por lo menos, cierta autonomía.

El país está invadido por industrias; en ese sentido, sus célebres cervecerías ganan en importancia. Además de ser más barata que el agua mineral, para quien gusta de la bebida existe la increíble posibilidad de disfrutar las delicias de spas que ofrecen exóticos baños de cerveza, como ocurre en Chodova Plana, a 155 Km. de Praga. El baño es preparado con 50% de agua mineral y 50% de cerveza oscura a una temperatura de 34 grados. Durante la inmersión (con un tiempo máximo de 20 minutos), el afortunado saborea jarras de cerveza y después del baño, puede sumergirse en las piscinas de los spas.

Se siguen produciendo los famosos cristales de Bohemia, sinónimo de productos de alta calidad, aunque en los días actuales existan imitaciones en cualquier tiendecita de souvenir de los productos originales de esa región. Además, el país atrae hacia sus balnearios una multitud de extranjeros, en su mayoría los vecinos y antiguos colonizadores, alemanes y rusos, aparte de los propios checos. Beneficiados por un excelente sistema de salud pública, estos tienen ingreso asegurado para su recuperación, si fuera necesario, en ciudades balnearias con termales increíbles, como Karlovy Vary, que constituye un capítulo aparte por su belleza sin igual.

En nuestra visita al país de clima tremendamente frío, oscilando entre menos 3 a 5°C bajo cero, en los meses de invierno más intenso, la capital y mayor ciudad, Praga (o Praha, en checo) nos encantó. Situada en la Bohemia central, se localiza sobre colinas, a ambas márgenes del río Moldava (o Vltava), un poco antes de su confluencia con el río Elba. Sus 18 puentes y su infinidad de torres hacen de la ciudad una verdadera tarjeta postal donde quiera que se esté – Distrito del Castillo (Hradcany), Ciudad Pequeña (Malá Strana), Ciudad Vieja (Stare Mesto), Barrio Judío (Josefov) y Ciudad Nueva (Nove Mesto) – y justifican los variados sobrenombres a ella atribuidos, como: “Ciudad Dorada”, “Ciudad de las Cien Cúpulas”, “Corona del Mundo”, “Sueño de Piedras” y “Perla del Oriente”.

El Puente Carlos (o de Carlos) merece mención aparte. Construida entre los siglos XIV y XV, atraviesa el Moldava de la Ciudad Vieja hasta la Ciudad Pequeña. En su longitud de  516 metros (ancho de aproximadamente 10 metros), sorprende: ostenta 30 imponentes estatuas de santos y patronos en estilo barroco (piezas originales en el Museo Nacional), que incentivan pedidos y promesas, creencias e incredulidades, sabores y sinsabores. Por encima del puente, hay de todo. Artistas que exponen su producción. Retratistas y caricaturistas que intentan eternizar el momento de los visitantes. Malabaristas que entretienen. Chicos que corren y se divierten. Vendedores que negocian. Turistas que regatean y registran con fotos, muchas fotos...

De hecho, Praga contiene en sí misterios insondables. Su historia se funde con vidas de reyes, reinas, poderosos, beneméritos y verdugos. Son tantas las leyendas que se pierden por las calles de la ciudad, que es fácil encontrar, en las librerías, variados títulos que las narran para públicos diferentes, incluyendo niños y adolescentes. Hay cuentos que se mezclan con verdades históricas. Por ejemplo, en uno de los lugares más agradables – el Castillo de Praga –, una de las salas atrae, cada vez más, a los curiosos. Se cuenta que de una de sus ventanas ocurrió la más célebre defenestración (del latín fenestra = ventana). Conocida como la Segunda Defenestración de Praga, en el año 1618, inmortaliza el término defenestrar (lanzar a alguien por la ventana). Ante la persecución religiosa del poder católico de Austria, la nobleza protestante de la región de Bohemia no vacila: lanza de dicha ventana a los dos emisarios del Rey Fernando II. Los hombres sobreviven, mas el acto de naturaleza tan desmoralizante incentiva  una seria revuelta contra la Casa de Habsburgo y da inicio a la llamada Guerra de los Treinta Años.

Además, tanta habladuría provoca que Praga se torne conocida por sus tres mentiras. La primera se refiere  al Niño de Praga. La imagen del Niño Jesús de Praga; hoy, en la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria (o de la Virgen María Victoriosa), no es de Praga. Procede de España, específicamente de un monasterio entre Córdoba y Sevilla. Una señora de la nobleza española la ofreció como dote de casamiento de su hija, cuando esta se casa con un noble checo. La imagen sigue hacia la República Checa. Pasa de generación en generación hasta llegar al convento de las Carmelitas Descalzas.

La segunda mentira involucra justamente al citado Castillo de Praga: ni es castillo, ni es palacio. Del siglo XVII, antiguamente habitado por los reyes de Bohemia, actualmente es sede de la presidencia checa. Situado en la colina Hradcany, es un complejo arquitectónico, que reúne diferentes estilos y se constituye en la mayor fortaleza medieval aún existente en el mundo. Ahí están antiguos salones de fiestas de la dinastía checa, la Catedral de San Vito, en estilo gótico; la Basílica de San Jorge y suntuosos jardines. Además, es posible asistir ahí al Cambio de Guardia. Sin la grandiosidad de la que se da en el Palacio de Buckingham, Londres, de una forma u otra, es una experiencia única.

Por último, la tercera mentira se refiere a la denominada Plaza Wenceslao, que poco tiene de plaza. Es una avenida. Es un local sagrado o emblemático, donde la población checa experimentó grandes transformaciones. Entre las más conocidas por el pueblo brasileño, están la famosa Primavera de Praga, cuando protestas contra el régimen comunista surgieron en 1968; y la mencionada “Revolución Blanca” o “Revolución de Terciopelo”, en 1989, que derrumba al régimen e instaura el parlamentarismo vigente. Hoy, la Avenida Wenceslao permanece como un escenario donde todo puede ocurrir, incluyendo manifestaciones reivindicatorias, festejos cívicos, exposiciones de arte y así sucesivamente.

Pero Praga tiene mucho más que leyendas, historias o mentiras. Su verdadera historia de luchas no compromete su musicalidad. Desde la enseñanza primaria, los niños checos son estimulados a aprender flauta u otro instrumento musical. El resultado no tarda en llegar: Praga es una ciudad infinitamente musical. Recorriendo la ciudad en antiguos tramways o en el moderno metro, iglesias de varios credos, asociaciones culturales y museos anuncian conciertos y / o recitales en los más variados horarios posibles y a precios bien accesibles.

Así, a pesar de cerrada al turismo durante los largos años de gobierno comunista, en la actualidad el sector turístico contribuye significativamente a la vida económica de la nación. Y, a semejanza de Paris, Praga respira un clima intenso de cultura y mucha jovialidad. Afirmamos: es una capital antigua y no una capital vieja. Globos en los cielos huelen a modernidad. Berlinas y limusinas de alquiler muestran la fusión entre lo nuevo y lo antiguo. Bodas festejadas en plena calle repiten las costumbres de los antiguos colonizadores rusos y ponen en jaque la verdad o falsedad de los últimos censos que señalan a la población como mayoritariamente agnóstica.

En fin, todo justifica la consagración de Praga con el título de Metrópolis de la Cultura en el año 2000, y la inclusión de su núcleo histórico como Patrimonio Mundial, Cultural y Natural de la Unesco. Música, teatro, poesía, literatura, bibliotecas, museos, iglesias, jardines y monumentos se mezclan con casinos, bares, discotecas y muchas marionetas, que están por todas partes. El teatro negro es una referencia típica. Su escenario oscuro, su estratégica iluminación de juego de luz y de sombras, sus linternas negras y trajes fosforescentes hacen que los espectadores se impliquen en la belleza del argumento y en la perfección de las técnicas que hacen volar personajes u objetos, conduciéndoles a un mundo de infinita y grata magia. Y todo en medio de una espectacular banda sonora, en que obras clásicas de los compositores checos Bedřich Smetana y Antonín Leopold Dvořák se mezclan con la música joven y contemporánea...

En la literatura, hay nombres universales, como Franz Kafka, Milan Kundera y Rainer Maria Rilke. Coincidentemente, autores que marcaron nuestra adolescencia. El primero, y al parecer el más festejado por los conciudadanos con un museo en pleno centro de la ciudad, tiene en La metamorfosis su obra prima. El segundo se hace presente en Brasil, con el éxito editorial de La insoportable levedad del ser. De Rilke, nos quedan recuerdos del lirismo contenido en sus cartas y sus poemas.

También atrae multitudes el reloj astronómico medieval de la Old Town (Plaza de la Ciudad Vieja). Recurriendo al mismo mecanismo de la época de su instalación, en los siglos XIV / XV, entre apóstoles que se mueven y el gallo que canta ostensivamente, anuncia cada hora exacta, pero sobre todo, declara la victoria de la muerte (simbolizada por la figura de un esqueleto) ante la pequeñez del ser humano, que lucha y se desespera. En vano...

Sin embargo, como descubrir pueblos, ciudades y naciones consiste, irremediablemente, en una experiencia única y multisensorial, en nuestro caso, de Praga, grabado al fuego queda en nuestra memoria el recuerdo del Barrio Judío. Triste, bello, desafiante. Un sobreviviente en el tiempo y en el espacio, indiferente y sagaz ante las agresiones sufridas en el transcurrir del tiempo. Sus sinagogas seculares evocan recuerdos eternos. Por ejemplo, en la Sinagoga Pinkas (fotografiar dentro está prohibido), edificada en el año 1535, paredes enteras, de arriba abajo o de abajo hacia arriba, muestran escrito a mano el nombre de los 80 mil judíos de la región, víctimas del nazismo atroz e irracional. En el piso superior, la exposición “Dibujos de niños de Terezín” no despierta sonrisas a nadie. Tal vez, tristeza infinita. Indiferencia, jamás. Dibujos producidos por niños confinados en el campo de concentración de Terezín, durante la Gran Segunda Guerra revelan el contraste profundo entre la inocencia infantil y la maldad de  los adultos…

El antiguo cementerio del Barrio Judío, del siglo XV, de forma similar, evoca vida, muerte, y, en especial, mucho sufrimiento. Por largo período, a las familias judías les era permitido enterrar a sus muertos solamente en la esfera de su propio gueto. Como consecuencia, ahí están, aproximadamente, 100 mil cuerpos en cerca de 10 o 15 mil tumbas, que se entrelazan y se funden en un escenario indescriptible, atrayendo, aún hoy, a su gente hacia la oración y el recogimiento, y, más que ello, la creencia de reclamos que sean atendidos por medio de mensajes, sencillos o no.

Por último, he aquí un poco de la República Checa. He aquí un poco más de Praga. ¡He aquí mucho más sobre lo que reflexionar sobre la gente, los países, las culturas ajenas, etc.!  Maria das Graças TARGINO es periodista y post-doctora en periodismo por la Universidad de Salamanca / Instituto de Iberoamérica.

 

 

 

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