Nuevo puerto, nueva mirada

De Goiânia a Barcelona

Nuevo puerto, nueva mirada

Todo cambia, ¿no? Así nos lo nos dijo muy bien nuestra querida Mercedes Sosa. Cambia el día, cambia el amor, cambia la vida, la sociedad, cambia el tiempo, cambia el espacio... Y también cambiamos nosotros… nuevo puerto, nueva llegada, una nueva lengua y cultura, con eso, obligatoriamente una nueva mirada.

Cambios, diferencias, contrastes

¿Cierto? ¿Equivocado? ¿Bueno? Malo? ¿Cómo “juzgar” las cosas? Estar en una nueva cultura es tener la magnífica oportunidad de avanzar como persona, como ser humano, como gente. Decir que eso es demasiado difícil, complicado, que se sufre, se echa de menos a todos y a las cosas que se solía hacer es decir lo obvio. La cuestión es qué buscan ver los ojos en este inolvidable viaje.

MiradaBrasil, Goiânia, ¡tierra que transpira humanidad! Gente de brazos abiertos, de cafés compartidos con interminables relatos. Niños a kilos en las calles, plazas, ciudades corriendo gozosos con una pelota y la eterna esperanza de cambiaren sus realidades. Jóvenes que bailan a ritmos de la samba, el funk, el country, representación pura y bella de la rica mestizaje verde amarela. 

España, Barcelona, ¡tierra de gente decidida y fuerte cultura! También espacio de espléndido intercambio internacional. En cada calle, distintas naciones representadas y sus variados idiomas. Muchos colores, tonos, sabores viviendo en armonía  y expresando una bonita composición social. Una ciudad verde de árboles y parques, y azur del mar y del Barça a jugar.

 Comparaciones (odiosas)

Y ahora, ¿comparar? ¡No, seguro que no! Eso es esclavizar la mirada, encarcelarla de forma irreversible, privarla de la libertad en ver lo nuevo, lo raro, la gran riqueza de la humanidad, que es la diferencia en los muchos “puertos” culturales, lingüísticos, sociales. Si se va a vivir a otra cultura, cámbiese a sí, y listo.

 

Y así, que en el viaje transcultural los ojos jamás vean filtrados por números o notas que califiquen todo de cero a diez. Tampoco que pinten la vida, los días, las experiencias de colores alegres o tristes, fríos o caliente. Qué los ojos simplemente respeten el reto y la dinámica de encontrarse con una nueva mirada.

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