Florencia

Cartas de una Erasmus - Entrega 09

Florencia

Él –mio fratello, mi hermano– lee a Mario Benedetti; yo, alterno a Maruja Torres con Primo Levi. Al tren le cuesta avanzar (los trenes en Italia, además de no conocer la palabra puntualidad, parecen sacados de una película de posguerra, y los oídos se nos entaponan con el aire que entra por unas ventanillas imposibles de cerrar). Conversamos sobre el valor simbólico del color azul, convertido en tristeza, que diría Rubén Darío. La lluvia aumenta a medida que nos acercamos a Firenze (Florencia)

Es la primera vez que mio fratello pisa Italia, y si por él fuera se pasaría el día entero comiendo pizzas y helados. Yo tengo presente el recuerdo de una visita a ésta, la ciudad más importante de la Toscana, hará ahora un par de años. El tren llega a la estación de Santa María de Novella. Mucha gente pero pocos turistas, afortunadamente. La cúpula del Duomo se deja ver por encima de los edificios, la esquivamos para llegar al Ponte Vecchio. La belleza renacentista de Florencia deslumbra por encima del oro que reluce en los escaparates de las joyerías que pueblan el famoso puente.     

Bajo la lluvia de la Toscana

Llegamos al Giardino di Boboli, detrás del Palazzo Pitti, mio fratello se queda fascinado al entrar en la Grotta del Buontalenti, iniciada por Giorgio Vasari pero construida principalmente por Bernardo Buontalenti entre los años 1583 y 1593. Cubierta de estalactitas falsas, está decorada con personajes rocambolescos como ovejas a las que da la sensación de estar cayéndoseles la piel. En su día, esta sala albergó las esculturas de Los Prisioneros de Miguel Ángel, hoy expuestas en la Galleria della Academia.

Desde allí nos dirigimos a la Piazza della Signoria. Refugiados bajo el toldo de un quiosco mientras nos comemos un helado, nos cae una gran tormenta, quizá por ello la copia del David, que debía reinar en el espacio, permanece tapada. A cambio, nos detenemos ante la fuente de Neptuno y el amplio surtido de esculturas que nos lleva hasta la Galleria degli Ufficci, donde se aloja una espectacular pinacoteca.  

Del David al cielo                                                                                                  

Florencia está repleta de galerías y palacios. Reinando la Galleria della Academia: el David de Miguel Ángel. La sala está apenas vacía, y el impresionante icono es prácticamente para nosotros solos. Mio fratello sólo me repite que en tres días no tiene tiempo para asimilar tanta belleza.

Después retornamos al Duomo, la catedral, dedicada a santa María del Fiore. La plaza nos acorrala ya de noche. Impresiona la enorme cúpula, ideada por Brunelleschi, y el campanario de Giotto. Mio fratello se queda con ganas de subir a la cúpula pero el tiempo se nos echa encima. En mi anterior viaje sí que subí, no es comparable a subir a otra de las innumerables torres emblemas de este país. La experiencia es única: cuando vas ascendiendo, los frescos interiores se muestran cada vez más cercanos, y una vez estás en el exterior, en el cielo de Dante, le perteneces a la ciudad.

En frente de la catedral se encuentra el baptisterio, en el que llama la atención la puerta Este, con paneles de Ghiberti, tallados en madera y recubiertos con papel de oro. Atravesamos con prisas la Piazza della Repubblica para no perder el tren de vuelta. Me quedo con ganas de encontrar el histórico café literario Giubbe Rosse… pero bueno, pensándolo bien, así tengo otra excusa para volver a Florencia: ir en busca de los fantasmas de Giovanni Papini, Giuseppe Prezzolini, Eugenio Montale, Mario Luzi, Filippo Tommaso Marinetti…

 

El tuo fratello se merece

El tuo fratello se merece más pizza y helado si ahora ya disfruta del placer del turismo. Patricia, tanta Italia lejana me esta dando envidia, que aqui no tengo renacimiento que admirar!!

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