En la ciudad de los canales

Venecia - Italia

En la ciudad de los canales

“¿Pero adónde vas? ¡Tira ese plano! ¿Por qué te empeñas en saber dónde estás en este momento? De acuerdo, en todas las ciudades, en los centros comerciales, en las paradas de autobús o de metro, estás acostumbrada a dejarte guiar por la señalización; casi siempre hay un cartel con un punto de color, una flecha en el mapa que te informa vistosamente: “Usted está aquí”. En Venecia también; basta con que levantes la vista y verás muchos carteles amarillos, con flechas que te indican: Debes ir por ahí, no te confundas, “A la estación de tren”, “A San Marcos”, “A la academia”. Pasa de ellas, ni caso. ¿Por qué luchar contra el laberinto? Por una vez déjate llevar. No te preocupes, permite que sea la calle la que decida por sí sola tu recorrido; que no sea el recorrido el que te lleve a elegir las calles. Aprende a vagar, a vagabundear.” (Venecia es un pez, Tiziano Scarpa)

Venecia es única para cada viajero. Ese desorden es parte del encanto de la ciudad y consecuencia de que las guías de viajes se queden insípidas y pretenciosas. Pero llegó a mis manos Venecia es un pez, de Tiziano Scarpa, y me enfrasqué tanto en su lectura que me fusioné con el libro.

Scarpa asemeja Venecia a un pez por su forma de lenguado, y porque está anclada en el mar. Hay que añadir algo: cuando llegas a Venecia te empiezan a salir escamas, escamas en sentido literal debido a la mala calidad del agua. Es por eso que la primera comunión con la ciudad es física, pero se soluciona con una buena crema hidratante. Es importante mantener en buenas condiciones el cuerpo así que no es extraño que el libro se estructure como las partes del cuerpo, y del mismo modo, es lógico comenzar por los pies. Comienza avisándote “nada de zapatillas deportivas” para atravesar los más de 400 puentes, pero yo como no conocía el libro, me pasé un mes con una distorsione di caviglia. Y como el reposo es imposible en ese marco, aún arrastro como recuerdo el dolor de tobillo, como una marca más de la ciudad que te atrapa.

Pero lo que más me impresionó fue el sonido. Estamos tan acostumbrados a los coches que al prescindir de ellos nos inquieta el silencio, los tacones, el agua que susurra. “Debes acostumbrarte al silencio y al estrépito”. El ajetreo de las concurridas calles turísticas se convertía en un leve murmullo con la luna, camino a casa, atravesando la Fondamenta Tolentini hasta mi casa en Campo della Lana 600 en el barrio de Santa Croce mientras la ciudad permanecía alerta.

No se trata sólo de la mítica fama de la ciudad sobre las aguas, esto además, convierte espacio y tiempo en unidades de medida ajenas al resto del mundo. Fuí consciente de ello en la primera semana, cuando tardé dos horas en llegar a casa de una amiga que vivía a tiempo real a quince minutos. Venecia es un laberinto que te deja indefenso. La hospitalidad veneciana es sincera.

Pero hay que empezar por el principio: Venezia St.Lucía. Afortunadamente llegué en tren. En la Ferrovia, la ciudad me recibió anocheciendo y me cortó la respiración. Es una desgracia llegar a Venecia en coche por Piazzale Roma. Hay que llegar en tren porque la experiencia es única. Única pero repetida plano a plano por cada uno de los visitantes: llegan ansiosos e inocentes, se dirigen hacia la uscita (salida), y al llegar a la puerta de la estación y bajar los escalones, se hace el silencio ante rostros boquiabiertos que contemplaban el puente de la Scalzi, las cúpulas verdes y el agua de los canales... Y entonces todos dicen: "¡Ala! ¡Vamos a hacernos una foto, la primera...!". Por eso no se puede llegar en coche, sería una ingratitud desperdiciar ese primer regalo que te entrega Venecia si vas en tren.

Esa estampa la guardo celosamente. Sin embargo, es difícil asociar a Venecia con una sola estampa, ni siquiera con Rialto o San Marcos; se entrecruzan muchas otras imágenes en un todo desordenado. Venecia es una ciudad de cuento donde cada paso esconde una sorpresa. Venecia es mucho más.

Venecia, como Italia, es también sabores. Pero hay que descubrirlos allí. A mí me sabe a helado de gorgonzola o de chocolate en sus múltiples variantes de camino a casa de los caseros, a medias con mi compañera de piso, y me sabe a espaguetis con calabacines y a ensalada de mozzarella y a naranjas rojas y a cicheto de bacalao y a capuchinos a todas horas… Pero eso es a mí, Italia guarda sabores para todos. Y Venecia sabe, sobre todo, a su bebida más famosa: Spritz al aperol.

Venecia es un pez me lo había prestado quien desconoce físicamente (sólo físicamente) la ciudad. Los textos sobre la ciudad hay dos modos de leerlo: uno antes de visitarla, mientras la sueñas, otro después de visitarla, mientras la sueñas igualmente. La diferencia radica en pensar en abstracto o en concreto. Mientras curioseaba las frases y anotaciones que habían sido marcadas en el libro, pensaba en ello. Si me hablan de los pozos de Venecia, no puedo recrearlos en abstracto, se me viene a la mente el Campo S.Barnaba, por ejemplo, u otras plazas. Y pensar en plazas me deja jugando en Campo Santa Margherita un día que organizamos allí una yinkana. Y esa plaza, donde los venecianos compran la fruta, me recuerda al Mercado del pescado cerca de Rialto, y así… Torcello lo asocio al atardecer, Lido a la luz intensa del sol, y Murano a la noche… Asociamos los lugares a estados de animo, a luces… o a personas con las que compartimos esos momentos. Por eso, en los lugares que aún no conocemos, la fuerza está en las evocaciones bañadas por la fantasía, en los recuerdos prestados por otros, en las lecturas y las fotografías, en una esperanza más que en una añoranza.

Venecia es también un matrimonio mayor que pintaba sobre sus lienzos las columnas de una iglesia, es el día en que presencié una caravana de góndolas donde sólo faltaron las bocinas, es el San Marcos de relatos y salón de baile, es el lugar perfecto para comprender que fácil y dificil son términos relativos, que el alma y el cuerpo tienen que ir a la par, que las paranoias viajan contigo en la maleta, que la actividad, así como la inactividad, pueden ser tu mejor aliado, o tu más cruel destructor, que del sol a la lluvia, y viceversa, se puede cambiar en cuestión de segundos... Venecia son suspiros, son clases spagnolo-italiano, son canciones en los vaporettos, son las escaleras cargada con la bolsas amarillas del supermercado, porque incluso en Venecia, uno se hace con la cotidianidad.

La Fondamenta Zattere estaba olvidada de turistas y podías sentarte a leer de cara al mar. Venecia tiene rincones inexplicables. ¿Para qué enumerar los lugares que aparecen en las guías? Es mucho más que San Marcos. Venecia es una cara de embobamiento permanente donde no hay argumentación posible.

Pero pensándolo bien, si aún no has ido, mejor que no vayas nunca. Rodéala, escabúllete de ella... una vez más. No entres en Italia, y si entras, ve a Roma, a Florencia, a Nápoles, ve a Milán o a Sicilia. No vayas a Venecia. Porque si vas, desde el momento en que salgas de la Ferrovia, en que bajes los escalones dirección a la Scalzi, en que la mires, aunque sea de reojo, buscándote en un reflejo imposible en sus canales, desde entonces, ya será irremediable, te habrá atrapado. No, no vayas nunca. Aún estás a tiempo. Venecia es como un pez, y te come, y te agarra y ya no te libera.

Venecia

Henry James: "Una mujer inteligente que conozca Venecia parece doblemente inteligente".

Martín López-Vega: "Sarlir de la estación de Santa Lucia y encontrarse de pronto con todo lo que uno pensaba de Venecia, es cosa de milagro. Porque Venecia no decepciona. En eso se diferencia de casi todas las ciudades del mundo. Hay en Venecia, es cierto, demasiados turistas, pero raro será que no encuentre uno un momento de súbita y solitaria comunión con la ciudad que le reconcilie y que desde entonces borre al resto de la gente, del mismo modo que el amor lo hace. ¿Quién no ha pensado alguna vez que la Estatua de la Libertad no es tan grande como parecía en las fotos, que los cuadros de Hopper pierden mucho al ser vistos en vivo? ¿Quién no ha tenido un pensamiento similar? Pues bien: los pensamientos de esa especie son imposibles en Venecia".

estoy contigo

Comparto tus ideas. Italia me atrapo a mi desde la primera vez que la vi. Y asi fue; Roma, Napoles, Toscana... Son esos viajes que cuesta aceptar que, eventualmente, van a terminar.

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene como privado y no se muestra públicamente.
  • No se admite ninguna etiqueta HTML
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Más información sobre opciones de formato

To prevent automated spam submissions leave this field empty.
CAPTCHA
Responde a la pregunta para validar el envío.