El jardín de Isidora

Parque de Lota (Chile)

El jardín de Isidora

Cuenta la leyenda que el Parque de Lota era el inmenso jardín que rodeaba el lujoso palacio de Doña Isidora Goyenechea Gallo, viuda de Cousiño. Su amado marido Luis, el príncipe del carbón, habría realizado la idea de su padre, construyendo un edén en alto, con hermosas vistas al Golfo de Arauco e inundado de flores, fuentes y árboles traídos de todos los rincones del mundo.

Vista del parque.Una puerta invisible
Entrar al Parque de Lota es abrir una puerta invisible a dicha ciudad enmarcada en el siglo XIX. Ubicado casi en la mitad geográfica de Chile continental, este lugar es un reducto de paz que se ha abierto al público, deslizando su encanto a través de imborrables 14 hectáreas de verde, accesibles a 50 minutos desde la ciudad de Concepción, vía autobús, o siguiendo la amplia carretera vial  de la ruta 160 (Autovía Concepción- Lota), en automóvil.

 

Con un centro implícito en el lugar del Palacio francés que jamás fue ocupado por la familia Cousiño (construido entre 1885 y 1898,  y demolido en 1964), el parque de Lota refleja claramente el esplendor de la época dorada del carbón, con remanentes de aires sofisticados de la Colonia chilena, que se extienden lujuriosamente por cada curva y sendero cubierto de hojas. Hojas que caen suavemente mecidas entre 36 estatuas, 8 jarrones y 4 surtidores y  fuentes de agua, todas ellas delicadamente escogidas en Europa, y que van rodeando lagunas donde viven en equilibrio especies de patos, gansos, pavos reales  y otras variedades de aves.

Un lugar único
El parque, pensado como lugar de descanso para la acaudalada familia,  es y fue un reflejo del espíritu aventurero de sus miembros. Es así como hasta hoy es posible conocer los secretos de las decenas de especies de flora existentes en sus espacios, mediante un Tour botánico disponible al visitante en el conservatorio de plantas del Parque, único lugar de Chile donde se alberga al llamado “árbol del pan”.

Siguiendo los senderos de tierra roja, y a pesar de la melancolía que rodea la tumba de Don Carlos Cousiño (lugar donde se encuentran efectivamente sus restos), en verano el aire se llena de niños y cada rosa del jardín central parece estar a punto de florecer. Personas de todo el mundo encuentran lugares nuevos y preparan su sonrisa ante el lente para inmortalizar su visita, en uno de los numerosos miradores que dejan ver, entre brisas marinas, la Isla Santa María rodeada de la inmensidad del Océano Pacífico.

Estatuas del parque.Un parque para perderse... y encontrarse
En invierno, el jardín se llena de rocío y los árboles descansan grises junto a algunos enamorados que románticamente sellan su compromiso mirando el atardecer, capturados por la belleza del Quiosco Chino, (lugar donde Isidora solía agasajar a sus invitados a la hora del té) o atentos a salir de la Gruta de los Espejos, construida entre musgo y rocas que forman un laberinto a media luz.
Doscientos años antes, así lo haría Isidora, caminando serena por los inacabables senderos escalados, para llegar al puente colgante que lleva su nombre.... y que también ha desaparecido. 

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