Dublín, mil y una

Irlanda

Dublín, mil y una

Una gran ciudad, más de un millón de habitantes, un ritmo frenético. Al mismo tiempo, una extraña calma se respira en medio de sus calles, los edificios hablan de un pasado humilde, de una pequeña ciudad de país conquistado. Así se presenta Dublín, llena de contrastes y de vida. Una ciudad con mil caras que ofrecer al mundo.

Vista de O´Connell Street con el Spire al fondoUna pequeña gran ciudad
Vista desde el aire en una noche fría y lluviosa de verano, Dublín semeja una gran ciudad como otra cualquiera, con millones de luces que se confunden entre sí. Pero al llegar el día, esa primera impresión cambia. No puede haber una gran ciudad con menos pinta de gran ciudad.

Pequeños edificios de no más de cuatro o cinco plantas y grandes parques son la tónica general de la capital de Irlanda. Cuanto más a la periferia, más verde y menos edificios, que dan paso a pequeñas casas de dos pisos con puertas de los más variados colores. Es la manera más original de diferenciar tu casa de la del vecino cuando todas son exactamente iguales.

Típico de Dublín, además de sus puertas de colores, son sus autobuses de dos pisos. Amarillos y azules, nunca sabes cuándo pasarán ni cuándo llegarás a tu destino. Porque Dublín, aunque por momentos no lo parezca, no deja de ser una ciudad de casi millón y medio de habitantes, que congrega a más de un tercio de la población de Irlanda y que en los meses estivales acoge a millares de estudiantes deseosos de aprender la lengua de Shakespeare y empaparse de la vida irlandesa.

Phoenix ParkPasado y presente
Una mañana te levantas y decides conocer Dublín. Por dónde empezar es una decisión difícil. El río Liffey, salpicado por más de diez puentes, divide la ciudad en dos zonas, la norte y la sur.

Al sur, la zona medieval, la vikinga, las casas georgianas… La historia de Irlanda y con ella de su capital se escribe a través de edificios que hablan de su fundación por la comunidad vikinga, del paso de los celtas o de cómo la dominación inglesa durante más de siete siglos la convirtió en la segunda ciudad del Imperio Británico.

Para conocer la interesante y llena de curiosidades historia de Irlanda, visitas obligadas son el Castillo de Dublín, la catedral de St. Patrick o el National Museum, donde se repasa desde los primeros tiempos hasta la historia más reciente de la isla. Cruzando por el puente O´Connell, llegas a uno de los ejes vertebradores de la ciudad, O´Connell Street. Calle de tiendas y restaurantes, alberga uno de los símbolos de la urbe, el Spire, un monumento de 120 metros de altura que fue construido por una empresa británica en el año 2003. Su coste fue de más de cuatro millones de euros y muchos dublineses  lo ven como una muestra de la dominación que aún hoy en día ejerce Inglaterra sobre Irlanda.De un país que vive “en verde” y preocupado por la naturaleza, no podría salir nada menos que uno de los parques urbanos más grandes del mundo. El Phoenix Park, con algo más de 710 hectáreas, aparece grandioso en la otra esquina norte de la ciudad. Un zoo, la residencia de la Presidenta de la República de Irlanda o animales en libertad conviven en este espacio verde que, curiosamente, es atravesado por una carretera. St. Stephen´s Green Park o Merrion Square conforman otros de los pulmones de la ciudad.

Auténtica vida irlandesa
Caminando por las calles, entre los charcos del suelo y los cientos de pies de diferentes nacionalidades que surcan Dublín, las oscuras nubes que dejan entrever a ratos el sol irlandés, muestran algo diferente. Un pueblo orgulloso de su historia, de su cultura, de una lengua en desuso que intentan recuperar e incluso dispuesto a rescatar todo el tiempo perdido en el pasado.Y es que la verdadera vida irlandesa no es sólo comer a la una, cenar a las seis o hablar inglés. Es comentar el tiempo augurando si hoy lloverá (lo cual es bastante probable). Es aprender a susurrar un tímido “sorry” si chocas con alguien en la calle. Es saber que te pueden multar con 500€ por fumar en un tren. Es beberse una pinta de Guinness en un típico pub irlandés, de esos que tienen cientos de coloridas flores en su fachada y música irlandesa en directo. Es tomar té a todas horas. O es acordarse de parar los buses con el brazo y agradecer al conductor con un “thank you” cuando llegas a tu destino. Dublín es eso y mucho más. Dublín es mil y una.

otro lugar imprescindible

Si hay algún rincón que no nos podemos perder es el museo Guinness. Para aquellos que se consideren viajeros ávidos de lugares atenticos y lejos de las rutas turísticas he de indicar que a veces los lugares llegan a ser emblématico por muchas razones, y lejos de radicalizar nuestra postura de huir del marketing, a veces hay que pisar lugares "mediáticos".

Cómo museo cumple de largo la función de dar una visión de la larga historia de la empresa, y así el visitante se hace una idea de la evolución social e histórica de ese país.

Por otro lado, en la parte de arriba existe un bar de forma circular con las mejores vistas de la ciudad, sin duda se ha hecho para captar la atención del turista, pero el viajero ha de saber también convivir con ellos, para mi es un lugar imprescindible, y si de rebote coincide con el 17 de marzo cuando se celebra St. Patrick's Day ( el patrón nacional ) pues ya puede ser apoteósico.

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