Como siempre

Como siempre

Conseguí más de una postal en cada lugar que conocí en el primer viaje familiar del 2011. Utilizamos casi todos los medios de transporte en sólo doce días: avión, tren, bus, barco y avión otra vez. El viaje tuvo "lo de siempre", abrazos, llanto, peleas, te quiero muchos, impresiones nuevas, largas conversaciones, caminatas, fotos, más abrazos y comida. Pero esta vez, algo cambió en eso de "lo de siempre", cada uno regresó a un destino distinto. Desde Noruega y Holanda nos despedimos "como siempre", en algún aeropuerto del mundo para llegar, esta vez, a Lima, Barcelona y Bergen.

 

Mi familia es así, estamos acostumbrados a los aeropuertos, aviones y nuevos destinos, y ya no duelen tanto las despedidas.

 

Dicen que las despedidas son horribles, incluso hay gente que huye de ellas. Se esconden, no contestan invitaciones ni por teléfono ni por mail. Nada. Un mudismo absoluto se apodera de esta especie cobarde para dejar que los días pasen, y llegue ese día, en el que un amigo, amor o familiar se vaya lejos. Y así, mudos, no tener que afrontar unos ojos llenos de realidad, con un pasado juntos y un futuro incierto en el que su voz y su sombra no estarán todos los días.

Ese abrazo es especial. Soy partidaria de no perderlo nunca. Soy activista del necesario "gracias por todo", del sincero "te quiero mucho" y del mentiroso "nos vemos pronto". Pero sobre todo creo en hacerlo realidad.

Meses, muchos. Años, quizás. Y ese abrazo quedará intacto. Inamovible, como la escena mejor lograda de las películas, que así tratemos, no se desvanecerán jamás de nuestra memoria.

Dicen que son peores aún, si amas a la persona que se va. No lo creo. Son oportunidades de sinceridad, de verdad, de cambiar destinos. Cuidado con lo que se dice, porque inmediatamente después las palabras se convierten en responsabilidad.

Uno, tiene la vida para perseguirla, el otro, unas horas en el aire para soñar con regresar y encontrar ese abrazo intacto. Otra vez.

Si estoy destinada a encontrarme en aeropuertos y despedirme en una puerta de embarque prefiero pensarlo así. Y que los mudos se vuelvan habladores empedernidos o simplemente desaparezcan, y ese abrazo llegue siempre para convertir en verdad al mentiroso "nos vemos pronto".

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