Chicaque: El Imperio de la niebla

Chicaque: El Imperio de la niebla

Húmedo concierto de verdes y formas rocosas donde la neblina cae y el bosque espeso envuelve a los caminantes. El parque Chicaque es uno de los ultimos ricones de la sabana donde todavia quedan tesoros de flora y fauna en las puertas de Bogotá. 

Difícil de creer, pero real
Es difícil de creer que exista una reserva natural en las barbas de la decimotercera ciudad más contaminada del mundo -según el instituto Blacksmith. Había que comprobarlo de primera mano. Por eso, arranqué con mi mochila un fin de semana con pronóstico de clima seco (pronóstico que casi nunca se acierta en Bogotá) para conocer el bosque de niebla andino y hacer algunas fotos.

Por la ruta Mosquera-La Mesa o llegando hasta Soacha, 45 minutos separan al centro de la capital de la entrada al parque. Parece increíble que detrás de uno de los municipios más densamente poblados en Cundinamarca, el departamento vecino de Bogotá, se encuentre el parque natural y su ecosistema se las arregle para sobrevivir entre la tala indiscriminada, la polución en el agua que le debemos a las empresas de curtiembres y los asentamientos humanos perfectamente fuera de control.

El cinturón de pobreza que rodea Bogotá es también vecino del parque y resultó que sus bosques se convirtieron en un lugar de diversión y descanso para muchos de los que viven allí. El parque es querido, respetado y cuidado por muchos, tal vez más que por sus propios gobernantes, que cada tanto se jactan de invertir en el medio ambiente entregando hectáreas de bosque y mar a multinacionales “socialmente responsables”.

Chicaque
En el pequeño mirador, ocho niños se codean para poder ver entre la neblina que enceguece. El intro de la obertura natural es neblina pura y humedad, siempre presentes en el parque. Ayudan al bosque a envolver al caminante con olores y sensaciones. Antes de que el parque abra sus puertas (a las 8 horas am) el suspenso se apodera de los niños que van decididos a encontrar dragones y seres alados.

Después del mirador sigue un descenso impresionante de kilómetros y kilómetros de montaña que termina en Santandercito, a donde llegan muchos después de casi medio día de caminata. Empezamos a bajar con pasos cortos y salticos cuando llególa lluvia. La selva andina nos recibió húmeda con las voces de 214 pájaros diferentes.

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Adentro, explorando el soto frondoso a 2.700 m. de altura se da uno cuenta de lo delicado y frágil que es el balance natural en la reserva. Las fuentes hídricas ya escasean en varias zonas por las extensiones que las compañías madereras de la zona disponen para sus eucaliptos que, literalmente, le quitan el agua el bosque endémico. Afortunadamente, la labor de difusión de las semillas de los árboles en el bosque también es rápida. 77 especies distintas de helechos se multiplican en la reserva gracias al alto grado de humedad del bosque. Las esporas diminutas con las “semillitas” de esta planta son esparcidas por el vapor de agua que tan pronto flotan en el musgo húmedo o aterrizan en la ladera de un río germinan diligentes.

La difusión de la vida también hace parte del trabajo de cientos de especies de aves e insectos (De los insectos poco se sabe, aún no hay estudios) que revolotean entre las hojas desde el "Pico del águila" hasta la Cascada. El colibrí de collar blanco es uno de los que mas trabaja llevando la fertilidad en el pico. Conforme vamos caminando aparece y desaparece, casi siempre cerca de las flores más llamativas. Es difícil verlo. Los animales en Chicaque siempre le han tenido miedo a los humanos.

Los niños y yo quedamos en silencio cuando vimos al gavilán de pico blanco. Otros le dicen gavilán caminero. Puede ser de grande como un halcón y sus alas salpicadas de blanco son muy bonitas. Ese sólo se encuentra en Chicaque. Más de la vida en el parque: 17 especies de orquídeas (2 en peligro de extinción), 7 géneros de Ficus diferentes y el roble andino -casi extinto- entre otras 630 especies de plantas, hacen de la vegetación de la zona en una de las más diversas y menos estudiadas en Colombia.


La temperatura esta entre los 8 y 15 grados, y literalmente cualquier cosa puede pasar. Se sabe que en agosto los días de sol son mayores pero la niebla siempre esconde mucho. Con un poco más de sol, a media mañana,  Los niños pasean entre las rocas vestidas de musgo y se pelean una hoja gigantesca que, de súbito, cayó casi 10 metros:  “Esa hoja es de aquel Yarumo joven” –explica el guía– sus hojas plateadas (de más de 40 centímetros de diámetro) se ven desde los lejos y sirven de guía a los campesinos, además de ser el mejor expectorante”.

Los niños y yo tuvimos un día lleno de privilegios. Vimos a la Tángara Rubicunda, –un pajarito hermoso vestido de aguamarina, rojo, negro y blanco–, vimos un tucán esmeralda comiendo frutas en la puerta principal del refugio y un par de orquideas bullosas. El comprapan (un pajarito chiquito color café) avisa el final del día. La niebla solo puede ser penetrada por la noche pero los caminantes siempre deben volver al refugio.

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