Carácter cotidiano

Bilbao (Comunidad Autónoma Vasca)

Carácter cotidiano

No importa que nunca hayas visitado Bilbao. Si lo haces, no te resultará difícil percatarte de que ésta es una ciudad marcada por los cambios. Pero como se suele decir, hay cosas que nunca cambian y Bilbao puede dar fe de ello. Tradiciones y una esencia que se mantiene como seña de identidad de la ciudad, como carta de presentación que invita a su descubrimiento, más allá de museos y hoteles de nueva creación. La estancia, sea larga o corta, supone participar de estos cambios y vivirlos. El bilbaíno nace, pero ahora también sabemos que se hace.

MetroTradición y modernidad
La que fuera constituida como Villa en el 1300 por Don Diego López de Haro se ha acostumbrado a los grupos de turistas, a quienes vienen para visitar el Guggenheim, pero también a quienes son viajeros en busca de una vida en la ciudad. Rodeado de montañas, el “Botxo” −“hoyo”, en euskera−, está contento.

Satisfecho de ser descubierto por miradas pasajeras y redescubierto por los de siempre. Deseoso de exhibirse y continuar siendo motivo de orgullo para los bilbaínos y bilbaínas. El impulso que ha tomado se deja sentir en todos aquellos que reciben algo de esta ciudad decidida a seguir ofreciendo, avanzar y llevar a cabo una metamorfosis real más allá de la mejora de sus infraestructuras y servicios.

La capital de la provincia de Bizkaia, en el País Vasco, se mueve a diario al compás de sus habitantes, responsables de insuflar vida a la ciudad. Los gestos habituales de quienes mejor la conocen nos pueden ofrecer sin duda uno de los mejores retratos pincelados de Bilbao, aquél que permite observar la ciudad en lo cotidiano y advertir algunas de sus muchas posibilidades.

Un continuo despertar
Ajenos a los atascos y a las prisas por llegar a la oficina, a las esperas en la parada del bus y a la llegada del próximo metro, algunos bilbaínos se decantan por otro tipo de rituales menos frecuentes en nuestras frenéticas vidas urbanas.

PanoramicaAhora que el sol invernal continúa siendo un regalo ante la sempiterna amenaza del “sirimiri” o lluvia en Bilbao, el paseo peatonal junto a la Ría, el paseo de Uribitarte, reúne desde muy temprano a ciudadanos camino de su trabajo, a pie o en bici, también a otros en busca de un lugar para hacer deporte o simplemente para caminar.

Este recorrido mañanero sencillo y cotidiano permite descubrir un Palacio Euskalduna silencioso −crepitante factoría de astilleros navales hasta la década de los ochenta− y un Guggenheim relajado, dispuesto a recibir como cada día desde 1997 las visitas de los turistas de Bilbao. Permite también ver al tranvía en acción, en cualquiera de sus idas y venidas desde Euskalduna hasta la estación de Pío Baroja.

Ayer, hoy, mañana

TranvíaLa urbanización de la margen del Nervión ha convertido a este paseo peatonal en una oportunidad de encuentro obligado con la Ría, testigo atemporal del paisaje industrial que otrora caracterizó a Bilbao, y una de las muestras más significativas de la regeneración y los cambios que le han estimulado en los últimos tiempos.

La moderna vocación urbanística que se refleja en sus aguas pone de manifiesto el anhelo de Bilbao por adaptarse a nuevos tiempos y preservar al mismo tiempo su carácter cotidiano, hoy enriquecido.

La búsqueda de esas otras señas representativas de Bilbao conduce a muchos en su paseo por la Ría a través del Puente del Arenal hasta el viejo Bilbao, conformado por las siete calles de su casco histórico o “Casco Viejo”: Somera, Artecalle, Tendería, Belosticalle, Carnicería Vieja, Barrencalle y Barrencalle Barrena. Durante todo el día, estas calles son testigo del variopinto gentío que se acerca llamado por la actividad comercial y la vida que concentran. Tiendas, bares y restaurantes con solera caracterizan a esta emblemática zona de la ciudad, donde nunca es mala idea “ir de pintxos” −tapas o pequeños bocados−, pedir un “zurito” −pequeños vasos de cerveza− o un “txikito” −de vino−. Esta puede ser una inmejorable coyuntura para compartir el día o lo que queda de él, contar bilbainadas e incluso entonarlas, al estilo de las míticas cuadrillas de “txikiteros”. Carácter cotidiano.

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