A los pies del arcoíris

A los pies del arcoíris

El arcoíris pone pies en tierra una vez al año y lo hace en Tarabuco, pueblo boliviano de los Valles Centrales de Chuquisaca, donde las comunidades indígenas de alrededor se concentran para celebrar el Pujllay, una explosión caleidoscópica de colores y música.

Cada año, el segundo domingo de marzo, la localidad de Tarabuco, situada a tan sólo 50 kilómetros de Sucre, celebra el Pujllay ("jugar", quechua) en conmemoración a la batalla de Jumbati que tuvo lugar hace doscientos años y en la que vencieron a los españoles.

En torno a cincuenta comunidades campesinas dedicadas al cultivo de la papa, quínua, arvejas, porotos y trigo, llegan en sus micros a los pies del arcoíris, una vez ataviados con sus coloridas vestimentas y portando la Wiphala (bandera arcoíris de los pueblos indígenas, quechua) comienzan los bailes y la música, un río de colores que fluye por la calle principal de Tarabuco.

Los hombres lucen sus monteras (gorros de cuero de vaca  negro) adornadas de lentejuelas, estropajos plateados e hilos de colores y portan capas bordadas a mano con miles de colores que provocan un efecto caleidoscópico en los movimientos del Pujllay. Un pantalón blanco y negro de la lana más fina, llamada vayeta de la tierra, se mantiene con un cinturón de cuero decorado con campanas que no paran de sonar,y en los pies zancos de madera con espuelas enormes de hojalata que hacen vibrar a los afortunados que se encuentran entre ellos. Junto a las campanas y a las espuelas suenan, charangos, Pingollos (flautas de madera muy largas), guitarras, acordeones, quenas...generando un ruido único. Entre canción y canción pijchan (mascan coca, quechua) y el Acullicu asoma como un bulto en sus mejillas.

La vestimenta de las mujeres no es para menos, grandes sombreros recubiertos de bordados coloridos, lentejuelas y tiras de colores  se suman a la explosión de colores. La plata está muy presente,  decorando sus frentes con monedas y sujetando en forma de gancho  sus aguayos (tela tejida a mano, quechua, aymara).

Esta fiesta no deja de ser un homenaje más a la Pachamama, que  se traduce en una gran ofrenda: el Pukara, una enorme estructura vertical cargada de productos del campo, como calabazas, granadas,  duraznos, así como bolsas de coca, bebidas, latas de conserva, y   plantas de manzanilla.

Evo Morales, presidente del estado plurinacional de Bolivia, aparece entre las masas, el compromiso con el pueblo indígena le mantiene en el poder, en la plaza principal todos esperan su discurso. El pueblo campesino es soberano.

Desde bien niño uno sueña con alcanzar los pies del arcoíris  pero éste siempre huye... Hoy en Tarabuco, el sueño se hace realidad.

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