Cuentos de terror
Cuentos de terror
Publicado el 9-Oct-2010 por Lucía PérezLas calles del barrio antiguo de Barcelona se abren como un cuento. Su arquitectura antigua y el ambiente de las calles remiten a aquellas historias de cuando éramos niños, historias mágicas, de miedo.
Calles angostas y de piedra. La poca luz que se filtra a través de las altas murallas ayuda a distinguir los adoquines del suelo que en invierno siempre están mojados, húmedos. El Barrio Gótico de Barcelona es el más antiguo de la ciudad, presenta numerosos edificaciones de arquitectura gótica y un ambiente sereno y solitario.
Caminar por las calles del centro de Barcelona en las noches de invierno es como perderte en un libro de terror o intriga. Oscuridad, silencio, humedad y sombras. Aquellas que se proyectan en las paredes, sombras de los animales fantásticos de piedra que sobresalen de los ventanales de vidrio. Grandes puertas de madera y compuertas de hierro que parece que te lleven a lugares secretos, a laberintos encantados.
Música de violines o guitarras que se pierde entre las calles y que atraviesa las paredes. Música que aparece de la nada y al doblar la esquina das con ella. Un hombre sentado en un tablón que entona melodías a la luz de la noche. De la luna. Y que espera llenar su sombrero con las monedas de algún generoso, de alguien que aprecie sus ritmos.
Ritmos que te persiguen a lo largo de las callejuelas y luego se pierden dando paso al silencio. Al miedo ficticio. El de los cuentos de terror. Hombres solitarios de gabardinas negras y de paso ligero. Parejas abrazadas que se resguardan del frío, que te tranquiliza durante unos momentos hasta que das de nuevo con otra calle solitaria.
Continúas recto, tuerces a la derecha, luego a la izquierda, das con el enorme balcón con adornos de piedra y figuras de cuento, cabezas de águila y garras de león que sobresalen amenazantes. Giras de nuevo a la izquierda y encuentras al músico de canciones de amor, el que toca el contrabajo de pie, y sostiene el instrumento con todo el cuerpo, y con su mano izquierda. Te recuerda de nuevo a un libro de cuentos y sigues el camino de piedras.
Al final la gran calle. La calle grande con suelo de cemento, coches y luces de neón. Puertas pequeñas y con pomo de acero. Gente que se mueve en grupo. No hay música escondida. No hay paredes de piedra. No hay hombres de gabardina ni sombras de animales ni olor a intriga. La historia de terror desaparece en este lugar, pero continúa en el barrio de las murallas. El más antiguo de la ciudad.








