Malas épocas para Cupido

París, Francia

Malas épocas para Cupido

La esencia de la bohemia dorada sigue viva. Y es que, después del largo viaje, la bienvenida que nos ofrece la capital francesa consigue que el viajero olvide lo malo y se haga partícipe del glamour de sus calles, del carisma de sus pintores y que forme parte por unos días de los más de seis millones de habitantes que ocupan el gran espectro de la macrocapital de Francia.

Veinte repúblicas dependientes

Paris, centro político y cultural, ordena su espacio en 20 distrititos que, con el paso de los años han ido tomando una personalidad diferenciadora y se han convertido en pequeñas repúblicas dentro de la  misma muralla.

Si nos acercamos al barrio de Chatelet, la rue Rivoli es la columna vertebral de un entramado de pequeñas callejuelas donde la reventa y el regateo forman parte del juego. El modernista y prestigioso Centro Pompidue se encuentra rodeado de este pequeño mercadillo perenne.

Más al Oeste de la gran ciudad, el barrio de Pasteur se aleja del concentrado estrés de la capital francesa. Este “quartier” no denota interés a primera vista, pero sus calles plasman la multiplicidad de rostros y la variedad de miradas que nos muestran la otra cara del ideal parisino. Y es que por lo visto en Paris no todos visten de Prada.
 
Pero,  la elegancia y el glamour son uno de los pilares fundamentales de la personalidad de la ciudad. Notre Dame es el corazón de la Ille de la Cité, en el centro de la capital. Allí, la catedral de los dibujos animados de Disney cobra vida. La majestuosidad y la magia junto a la fría mirada de las gárgolas nos hacen ver que, el hogar y prisión del misterioso Cuasimodo es un lugar lleno de encanto y belleza.

Mientras unos palian sus últimos impulsos consumistas por el barrio de Chatelet  y otros buscan un rincón idílico donde quererse, otros se decantan por  Montmatre, el barrio parisino por excelencia. El distrito donde se rodó la película más conocida del director francés Jean Monet, Amelíe, reúne pequeños retales de lo que representa con más fuerza la esencia parisina: una humildad glamorosa junto a la bohemia más pura reflejada en cada esquina de sus calles y exaltada de forma más explícita en la mítica Plaza de los Pintores.

Terrazas de cafés con mesas y sillas vestidas de Art Noveau.

A pesar de la personalidad y estilo diferente de cada uno de los barrios de Paris, l’Art Noveau forma una especie de hilo conductor que une estrechamente todas las pequeñas repúblicas de la capital. Lo que se conoce más popularmente como “Modernismo” se encuentra omnipresente en el decorado parisino: bocas de metro, terrazas y bancos se ven invadidos por hojas y flores de hierro.

Malas épocas para Cupido

La decadencia del romanticismo y la herencia de los nuevos tiempos provocan escasa desidia afectiva y cierta ambición consumista. Paris, capital del amor para muchos, ha llenado sus calles de compradores, relegando el idílico ambiente romántico a segundo plano.
Los Campos Elísios que, desde la Plaza de la Concorde abren su largo camino con extensos jardines, van dejando el paisaje verde a un lado para dar espacio a los grandes comercios que poco a poco se adueñan de la famosa avenida y que acaban con el monopolio de ésta al final del camino, coronado por el gran Arco del Triunfo.


La gran madre

Pero, el paisaje parisino no sería tal sin la gran “Tour Eiffel”. La torre diseñada por Gustave Eiffel para la Exposición Universal de 1889 te observa y vigila desde prácticamente todos los puntos de la ciudad. Tantas veces fotografiada, cuando te mira de frente, con soberbia, consigue calar muy hondo. Ciertamente no se que tiene, pero enamora.

Esencialmente bueno

Veinte distritos unidos por un mismo lazo donde se demuestra una y otra vez que (sin duda)  Paris contiene la esencia de lo que es bueno.