Más allá de Ámsterdam
Más allá de Ámsterdam
Publicado el 21-Abr-2008 por Stefany Hernánd...
Mi experiencia de viaje a Holanda hasta el momento había sido excepcional, pero solo había conocido Ámsterdam, era el momento de emprender camino y llegar a rumbos distintos. El trayecto había empezado, las paradas serian diversas, cada poblado visitado prometía ser una pieza, que develaría al final la verdadera identidad de este país.
Aproveche el tiempo en la carretera, observando a través de ventana el hermoso paisaje que se podía vislumbrar, el pasto tenia un verdor singular que resaltaba aun más con las reses y ovejas que en él pastaban. El panorama era espectacular, nos acercábamos a Kinderjick, pueblo neerlandés, destacado por sus famosos molinos de agua, que fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Una característica que identifica a los Países Bajos, es su asociación con el agua, ya que aproximadamente una cuarta parte del territorio se encuentra bajo el nivel del mar. Los holandeses son expertos en dominarla, saben aprovecharla, tanto como prevenirse de ella, y los molinos fueron creados como herramientas para ayudarlos con esta problemática.
La ciudad de Gouda, es famosa por su queso, tener la suerte de ir un jueves, nos brindó la oportunidad de participar en el popular mercado que celebran, en donde los pobladores se visten con ropas antiguas y representan las actividades tradicionales de la venta del queso. Decenas de carpas componen el espacio, entre las más curiosas, se encuentra un señor que muestra al público como se elaboran los afamados zapatos de madera o zuecos, que también tienen su origen, como solución al suelo mojado.
El camino nos llevó a la ciudad de Delft, en donde visitamos una fábrica en donde pudimos observar el proceso de creación de la alfarería típica de esta zona. Este tipo de cerámica se distingue por los colores que en ella predominan, el azul y el blanco. Es un trabajo hecho a mano, y las originales llevan detrás una marca escrita con las palabras en holandés: “Delft Blauw”, que en español quiere decir, el Azul de Delft.
Llegar a Rótterdam es cambiar de panorama, es llegar a una ciudad con una arquitectura moderna, en donde imperan construcciones de vidrio y metal que se alzan en el cielo. Esta ciudad fue reconstruida casi completamente, luego de la segunda guerra mundial, de ahí que sus edificaciones no sean las tradicionales. Rótterdam se caracteriza por tener uno de los puertos más grandes del mundo, el Europoort o Puerto de Europa. Subir al Euromast (torre-mirador, más alta de los Países Bajos), es una necesidad para todo viajero que desee disfrutar de una espectacular vista, desde donde se puede apreciar el puerto, y las hermosas construcciones de esta ciudad.
La Haya es una ciudad cosmopolita, que disfruta de una perspectiva diferente a las demás. Es la capital administrativa de los Países Bajos, y sede de diversos organismos, desde el parlamento Holandés, hasta oficinas de la ONU. Es el lugar de residencia de la Familia Real, y acoge varias instituciones, como la Corte Internacional de Justicia. Dentro de la Haya, en un poblado de nombre Scheveningen, se encuentra Madurodam, una atracción turística en donde te sientes como Gulliver en Lilliput, la diferencia es que esta ciudad en miniatura esta compuesta por maquetas que representan los lugares más destacados de Holanda.
Nuestro itinerario finalizaba con la visita a Voledam, un hermoso pueblo pesquero que se encuentra en la costa del lago Ijssel. Este pueblo es conocido por conservar las casas típicas holandesas, con canales y puentes levadizos. Adentrarse en este pueblo, es sentirse protagonista de un cuento de hadas, muchos de sus habitantes salen a la calle con la ropa tradicional de Holanda, y las viviendas dan la sensación de ser casas de muñecas. Posee un puerto pequeño en donde pudimos apreciar el atardecer, al mismo tiempo que observábamos entretenidos como muchos valientes comían el típico arenque holandés, siguiendo los tres pasos tradicionales de su degustación.
Tristemente había llegado el fin de mi travesía, momento de despedirme de este maravilloso país, que desde el inicio de nuestra andanza nos había ofrecido una riqueza inmensa en cultura y tradiciones. Los molinos, los zuecos, los amigos de mis padres, el museo de Anne Frank, los panqueques, los cuadros de Van Gogh, las bicicletas… todas estas imágenes pasaban por mi mente, mientras estaba en el asiento de mi vuelo de regreso. Holanda para mi es justo eso, la suma de todas esas piezas que unidas forman la esencia de ese gran reino de los Países Bajos.
Al pasar el tiempo tuve la oportunidad de realizar un segundo viaje a Holanda, esta vez con mis padres, pero esa es otra historia, que ya no pertenece a la bitácora de un viajero.








