Eslovenia, el novato de Europa
Eslovenia, el novato de Europa
Publicado el 15-Mar-2008 por Fulgencio Sanmartín
Todo en Eslovenia está hecho a medida de su tamaño. Tan pequeña que se recorre en menos de tres horas por autopista, desde el Adriático hasta Hungría, con diferencias de temperatura de hasta diez grados en diez kilómetros. La costa apenas tiene tres pueblos mediterráneos, de los que exhiben flotadores de plástico y restaurantes con la carta mal traducida a cinco idiomas. Cerca de la frontera norte con Austria, montañas alpinas repletas de telesillas y esquíes sibilantes, con lagos de ensueño o mejor, de cuento de hadas. Una de las capitales más pequeñas de la UE, un poco menor que Alicante, con un impresionante 25% de estudiantes y un impronunciable nombre, Ljubljana. Cuevas en las que Tolkien imaginaría Moria; ríos con castillos medievales en el centro de su cauce, convertidos hoy en hoteles con campo de golf; termas donde los romanos se relajaban con la nariz sobre el agua pero el aire bajo cero.
El idioma esloveno suena como el ruso, o como todos los idiomas eslavos: suave, fricativo, sonoro. La abundancia de jotas en los nombres de ciudades (Celje, Ptuj, Marjbor, Hrastovlje, Slovenija, Ljubljana) se lee como íes, apoyando la sílaba: Li-ubli-ana. Más desconcertante es ver escrito "hvala" (gracias), con la hache ante una consonante, ligeramente aspirada. Los eslovenos, por cierto, hablan un excelente inglés.
Ljubljana es una ciudad moderna en el sentido artístico, es decir, modernista. Los edificios de principios del siglo XX fueron proyectados por el genio Josef Pleznick, obligado a trabajar a toda velocidad porque la antigua capital iliria fue destruida por un terremoto. Hoy, la ciudad humana es más joven aún; sus habitantes aprenden rápidamente idiomas, cocina, a filmar películas en medio de una nevada, a dirigir Europa. Como país joven e iniciático en la democracia, se encuentran demostraciones de cultura por todos lados. Los eslovenos sienten necesidad de reafirmar su lengua como vehículo de identidad. Por ejemplo, en sus recién estrenadas monedas de un euro.
Los jóvenes eslovenos no son muy diferentes de los austríacos o húngaros, o franceses o noruegos. Salen abrigados hasta las orejas, beben vino caliente en la calle aunque esté nevando, bajo las sombrillas con estufas radiantes, y oyen música estruendosa mientras hablan de sus estudios. Ni siquiera la iluminación es convencional por Navidad (Eslovenia es junto a Croacia el país católico de la división de la ex Yugoslavia), sino que las luces forman un ADN, o una constelación de estrellas, el sistema solar. El apego a la ciencia va más allá de los estudios, aunque quizá sea casualidad que el representante esloveno en la Comisión Europea sea precisamente el que tiene la cartera de Investigación, Josef Potoznick.
No todo es uniformemente científico en Eslovenia. En la parte nororiental se habla húngaro; en la costa se habla italiano. Portorosso, Pirano, Capodistria son ciudades históricamente vinculadas a Trieste, en ellas se respira el mar y se ve la influencia veneciana en la arquitectura. Por supuesto, el pescado es el rey en la mesa, pero no falta la pasta y los guisos de carne.
Expertos analistas predijeron que la presidencia eslovena sería un problema en la UE, justo tras su cincuenta aniversario. No tienen experiencia, dijeron. Les falta bagaje. Desde 1966, la UE ha ido alejándose del modelo federal, del sueño de los Estados Unidos de Europa, para colaborar entre gobiernos y mantener las distancias soberanas. Por esta razón, hoy tiene más poder el Consejo que la Comisión, sobre todo en cuestiones económicas o de relaciones exteriores, o policiales. Eso no va a cambiar, pero Eslovenia puede traer algo que no teníamos hasta ahora en la UE: novedad.
Un país adolescente, de dieciséis años. España, cinco siglos, resabiados y a tortas. En Estados Unidos hay elecciones este año. No hay nadie del actual gobierno, ni vicepresidente ni secretarios de estado ni Rumsfelds que se presenten a las elecciones para sustituir al actual jefe: es la primera vez en casi un siglo. La experiencia este año no es un valor activo en las elecciones de la federación estadounidense; el nuevo presidente será un novato total, o bien será mujer.
La dirección del Consejo europeo está ahora mismo, primer semestre de 2008, en manos de un presidente principiante, el esloveno. Primera medida: arreglar políticamente los Balcanes: reducir asperezas con Serbia (y por tanto con Rusia), conseguir la independencia definitiva de Kosovo. Y los viejos europeos miramos a los eslovenos con media sonrisa, igual que un padre que ve a su hijo escribir consignas revolucionarias en los márgenes de un cuaderno.
Pues bienvenidos sean los novatos y su fuerza jovial, con la cabeza fresca y los hombros descansados de historia, dispuestos a tirar de la vieja Europa de una forma diferente.








