Descanso en la Escalinata de la Trinidad del Monte

Roma (Italia)

Descanso en la Escalinata de la Trinidad del Monte

Como me ha ocurrido en otros viajes, en éste también antes de llegar a destino tuve la sensación de conocer el lugar. ¿Quién no ha visto o leído sobre el Coliseo, la Fontana di Trevi o el Vaticano?

No es que me quiera quitar culpa, pero la dichosa sobreinformación que nos ha traído globalización influye y mucho para que cualquier viajero ‘conozca’ en mayor o menor medida cuáles serán los escenarios de su viaje a través de los medios de comunicación. Tan sólo algunos lugares escogidos en el mundo se escapan, por distintos motivos, al cómo ir, qué ver, dónde comer y dormir. Sobre el resto, disponemos de todo tipo de informaciones y facilidades. Lo bueno es que siempre tenemos la opción de decidir si la trama estará o no escrita, guionizada. También tenemos la opción de informarnos previamente de un lugar a través de otras personas, lo cual no deja de ser una opción más humana y cercana –y porqué no, hasta puede que más fiable que la que nos ofrecen los medios en determinadas ocasiones–.

Destino monumental

Roma es una ciudad de múltiples motivos. Para unos es historia, para otros, romanticismo, quizá sabor italiano o todo al mismo tiempo, o más cosas, o ninguna de éstas. No importa, porque la ‘Bela Roma’ ofrece mil y un caminos y posibilidades para todos los gustos, como casi todas las grandes ciudades, pero con el encanto de lo que se sabe especial, por la razón que sea. Quizás ello explique que la capital de Italia continúe siendo uno de los destinos imprescindibles en los viajes por Europa y que esta ciudad se conserve como una de las más visitadas y elogiadas. Así lo atestiguan sus piazzas y fontanas, palazzos, foros y basílicas, repletos todo el año de visitantes, sobre todo, turistas. Este paisaje urbano se ha convertido en uno de los principales atractivos de la Ciudad Eterna, en parte imprescindible de la vida de esta metrópoli activa y bulliciosa, construida de lugares que atesoran historia, arte y cultura y son, además, ejemplo vivo en el tiempo del papel de Roma en la civilización occidental.

Lo ‘conocido’

Sospecho que la mayoría de los viajeros, sin esperar sorpresas, nos solemos dirigir al encuentro de los lugares más céntricos y emblemáticos. Al encuentro del Coliseo, pongamos por ejemplo, a través de la solemne Via dei Fori Imperiali. Descubrir la sensación de fascinación que causa divisar el símbolo de Roma, grandioso, y acercarse con impaciencia para admirarlo en todo su esplendor es, quizás, lo más interesante para algunos visitantes, porque esa impresión desconocida, difícilmente descrita, no experimentada con anterioridad, puede ser, precisamente, lo más sorprendente y gratificante. Lo mismo podría decirse de la llegada a otros tantos espacios, como la Piazza di Trevi que guarda la famosa fuente monumental de igual nombre, aunque en este caso lo verdaderamente pasmoso puede ser el encontrarse con la marea humana que llena la plaza y las escaleras aledañas a la fuente, tanto de día, como de noche.

Ahora entiendo mejor la reacción y las palabras de fascinación de Anita Ekberg al toparse con la fuente en la mítica secuencia del filme de Fellini La Dolce Vita (1960). También el baño nocturno con el que Anita celebra este hallazgo. Lo mismo ha debido de pensar algún que otro turista que ha pasado de la idea a la acción, aunque no cabe duda de las dificultades que supondría recrear hoy esta escena en la fuente, con el murmullo del agua como único fondo y sin miradas. En cualquier caso, no es de extrañar tanta turbación, se exprese con hechos o palabras. La visita a esta bellísima fontana de gran valor artístico –en el centro, la estatua de Neptuno rodeada de dos esculturas alegóricas que representan la Abundancia y la Salubridad– está cargada de historia y simbolismo. También de leyenda. Según la creencia popular, quien desee volver a Roma –u otras peticiones– debe arrojar rigurosamente de espaldas a la fuente una moneda. Nada impide echar, por tanto, dos e incluso más. Sobre todo si la visita es corta, pues con tantas posibilidades que ofrece Roma a buen seguro quedará mucho por ver y hacer.

Como si de un juego se tratara, más allá del itinerario ‘obligado’ de la Roma imperial y barroca, el viajero tiene la posibilidad de ser él mismo quien sorprenda a algunos lugares que se esconden entre callejuelas, como las que se localizan a las orillas del Tíber. Visitar rincones silenciosos, con la autenticidad de lo cotidiano, de lo que no se sabe observado ni silenciado por la bulla del turismo, es la manera que tiene Roma de seducir sutilmente y de manera exclusiva a cada visitante.

Búsqueda

Como decía, puede que antes de llegar a esta ciudad supiera con qué me iba a encontrar. Pero lo que no sabía es que buscaría descanso en la Escalinata de la Trinidad del Monte, ni que saborearía algún que otro capuchino en cualquiera de los muchos cafés con encanto que guarda la ciudad. El viaje con mayúsculas tiene vida propia y participa de la de quien lo protagoniza. El ‘todo bajo control’ puede que no valga, que se convierta en una especie de quimera, que genere ‘pseudoviajes’ conocidos y preparados más allá de sus más mínimos detalles antes de ser realizados. Espero que esto me sirva para mis próximos viajes, en los que trataré de poner en práctica otros ejercicios que considero igualmente válidos para descubrir un lugar. Esto me lleva a recordar aquí y ahora el conocido como ‘cambio de perspectivas’ o también como ‘experiencia de vida’, aludido de un modo u otro por los trotamundos más ejercitados. En Diarios de motocicleta (2004), del realizador brasileño Walter Salles, los jóvenes argentinos Alberto Granado y Ernesto Guevara de la Serna experimentan algo parecido al descubrir América Latina en su periplo viajero en moto. Por cierto, os animo a visitar la página oficial de la película, sobre todo los apartados de ‘música de viaje’ y ‘comparte tu historia’. Este último permite dejar constancia de aquellos viajes especiales que han cambiado al viajero, quizás leer otras experiencias y prepararse, porque ya se sabe... «Deja que el mundo te cambie para cambiar al mundo».