Dioses caídos en Todos Santos Cuchumatán

Viaje al norte de Guatemala

Dioses caídos en Todos Santos Cuchumatán

En Todos Santos los espíritus ya no se pronuncian. Permanecen silenciosos, resguardados tras los montes circundantes, que parecen tocar el cielo. Son los Cuchumatanes, férreos defensores de ataques, invasiones y azotes de la naturaleza desde su aparición en el Santo Mundo.

Mágico mundo maya
A los espíritus ya casi nadie les escucha, pero, gracias a ellos, la identidad de este pueblo guatemalteco está viva. Durante el año, los todosanteros preparan su gran fiesta, la cual llega los primeros días de noviembre como una borrachera de cultura autóctona, empañada por las nieblas de la modernidad.

Esa niebla misteriosa que, cada tarde, cae desde los cerros para disipar los vestigios de la cosmovisión maya. En Todos Santos viven los hijos de la etnia mam, los herederos más directos de los mayas. Es éste un valle inmerso en el macizo montañoso de los Cuchumatanes, los altivos murallones que se levantan después de la ciudad de Huehuetenango, en el noroeste de Guatemala.

Llegar hasta Todos Santos no es fácil. Hay que subir pronunciadas cuestas “de todo pugnar”, como plasmó el cronista colonial Francisco de Fuentes y Guzmán en su Recordación Florida. El paisaje es colosal y recuerda las estampas de la altiplanicie andina, pues incluso unas llamas traídas de Bolivia pastan por allí. El aire es frío y quema la piel. No en vano estamos a más de 3.000 metros de altura.

MáscarasTodos Santos Cuchumatán
Entre formaciones rocosas arañadas por la erosión, se toma un camino descendente de tierra hacia un alargado valle en cuyo fondo se divisan las casas desiguales de Todos Santos Cuchumatán. En lengua nativa, Cuchumatán significa “reunión por la fuerza”, la misma que emplearon las huestes de Gonzalo de Alvarado para someter a esta tierra bajo el dominio de España en el siglo XVI e imponer el traje que siguen vistiendo los todosanteros: las mujeres, con su huipil o blusa bordada y el corte o falda, ambos con las tonalidades violetas típicas del lugar.

En la cabeza, algunas dejan ver un paño o sombrero; los hombres, con camisa de finas rayas moradas, cuello grueso de lana para protegerse del frío, pantalón rojiblanco y un sobrepantalón de color negro. En los más mayores todavía se asoma un pañuelo por debajo del sombrero de paja redondo. Carreras de caballosNo es habitual que en Guatemala los hombres luzcan su ropa típica, pero en Todos Santos lo consideran un orgullo, pues sus formas y tonalidades fueron adaptadas dentro de su cosmovisión en torno al calendario sagrado maya, como parte del sincretismo que refulge en toda Guatemala.

Sin embargo, ahora los jóvenes se desmarcan de los cánones estéticos locales. Poco a poco va desapareciendo esa ancestral fidelidad a lo tradicional. Muchos factores influyen en esta era globalizada, pero el más importante es, quizá, el de la emigración a los Estados Unidos.
Cada vez es mayor la diáspora de mames para salir de la pobreza. La imagen de Todos Santos se va desvirtuando.

Hace mucho tiempo…
Hubo un tiempo muy distinto en el que, pese a la imposición cristiana, Todos Santos era leal a las creencias mayas. Y cualquier mam se sometía a la voluntad de Tuycoy, Tuibatz, Tuizolic y Sibilyax. Ellos son los cuatro Alcaldes del Santo Mundo o, lo que es lo mismo, los cuatro cerros que rodean el pueblo, espíritus guiadores del devenir mam, en sintonía con el calendario sagrado y su complejidad interpretativa a ojos de otras culturas. Pareja de ancianosPero, en medio de una pobreza incapaz de superar los retos de los tiempos actuales, las creencias católica y, sobre todo, evangélica se fueron apoderando de la religiosidad local.

Los valores endógenos comenzaron a debilitarse y desplazaron a los chimanes, a los alcaldes rezadores o a los sacerdotes mayas. Los todosanteros fueron olvidando a sus cerros, a sus dioses protectores. Y éstos se ocultaron bajo la niebla. Todas las tradiciones, las que hoy pueden jactarse en Todos Santos de pertenecer al acervo más antiguo de Guatemala, eran bendecidas por los cerros. Hoy no. Fortunato Mendoza, maestro de la localidad, se empeña en relanzar la costumbre. O, al menos, por que ésta no desaparezca. Se queja de la fuerza proselitista de los católicos y evangélicos. Él todavía cree en los montes sagrados, pero se resigna a la progresiva pérdida de los valores locales.

AldeaOrgullo y tradición
De espaldas a los espíritus montañosos, si los todosanteros tienen algo claro es que no van a renunciar a su fiesta, por lo menos a la más terrenal. Ya en los últimos días de octubre, el consumo de alcohol se dispara y los sones de la marimba resuenan melancólicos en todo el valle. En la casa del Primer Danzante, un grupo de varones ensaya el “baile del torito”, antes de su puesta en escena oficial los días 1 y 2 de noviembre. Fortunato explica que, en más de 50 piezas, representan la historia de un conquistador que instauró la corrida de toros española en el siglo XVI.

Según la leyenda, el toro arremetió contra él y lo hirió de muerte. A partir de la lectura cómica de su testamento, los indígenas rememoran este episodio en forma de coreografía. Es una danza burlona y grotesca hacia el invasor español y, por tanto, hacia el ladino, o sea, el que no es indígena en Guatemala. Y para exacerbar más su sentimiento también ocultan su rostro, esta vez con máscaras de sonrisas displicentes. Los trajes son multicolores, con adornos y pequeños espejos, pero no son locales, sino alquilados en San Cristóbal Totonicapán.

Obsevando la competenciaComo manda la tradición, el alcohol ha hecho acto de presencia en una ceremonia en la que se han sacrificado varios carneros. El ensayo durará hasta el anochecer. Después del banquete, ya no son las máscaras, sino el exceso de alcohol el que, bajo la insinuante neblina, enajena a los bailarines y a los cuatro espíritus que durante siglos inspiraron esta danza. Horas más tarde, durante la fiesta oficial, los bailarines acompañan las notas de la marimba con el espasmódico sonido de unas maracas que sacuden al moverse. Lo hacen frente al templo católico, como manda la tradición.

Junto a ellos se aglutina una masa que disfruta superficialmente del espectáculo los días de celebración, sin comprender su significado real. Pero el centro de atención del festival todosantero lo copan las carreras de caballos. Su origen es difuso. Puede ser una recreación del triunfo de un grupo de mames que logró huir del cerco español cabalgando sin cesar. O bien su significado puede estar más ligado a la purificación de la tierra, pues los participantes todavía sacrifican un gallo antes de cabalgar. El caso es que no hay carrera, ni competición. Los jinetes, ataviados con plumas, cintas y capas de gala, corren de un lado al otro por un camino de cien metros. Fin de trayecto y vuelta a empezar. Así una y otra vez, durante horas.

Ritual
La noche anterior, en la casa del Capitán, la ingesta de bebidas alcohólicas ha rebasado cualquier límite. Los alcaldes auxiliares de las aldeas pertenecientes a Todos Santos han sido testigos del juramento de los corredores, vestigio de las ceremonias previas a la cabalgata, en una noche en la que está prohibido dormir. Por eso, durante el espectáculo ecuestre, algunos jinetes se tambalean hasta caer. Y si el accidente es dramático y el corredor llega a morir, la creencia popular sostiene que será un año de buena suerte. La fiesta dura todo el día de Todos los Santos.

Continúa el monótono martilleo de las marimbas. Las rosquillas de pan y ajonjolí se venden sin parar y el alcohol sigue haciendo estragos. Todo el día… y toda la noche: la noche de difuntos. Esa madrugada, la calle principal del pueblo nos ofrece su imagen más tétrica: decenas de sombras fantasmales caminan sin rumbo entre la niebla, bajo la difuminada luz de las bombillas. Al suelo enlodado van cayendo los que no aguantan más el equilibrio. En el ambiente, frío y sórdido, se escuchan cánticos lóbregos, que más que fragmentos ebrios del folclore autóctono parecen ecos quejumbrosos provenientes del cementerio.

Vida y muerte
AncianaEs precisamente en el cementerio donde se reúne la población todosantera en el amanecer del día 2 de noviembre, entre lamentos de los vivos que lloran a sus muertos. Tampoco falta la marimba, que trasladan a cuestas los músicos sorteando a duras penas las abigarradas lápidas frente a las que se aglutinan grupos familiares en ceremonias improvisadas. A lo largo y ancho del recinto, está reunida toda la comunidad, sin distinción de edad, ni creencia religiosa. Vida y muerte se fusionan entre guirnaldas, velas y tracas. Es otra representación extravagante para códigos ladinos, pero, para los mames, es el reencuentro con el origen del Santo Mundo, con lo más profundo, con la madre tierra.

Tuicoy, Tuibatz, Tuizolic y Sibilyax, a unos pocos metros, asisten nostálgicos a una tradición de significado cambiante. Ya son sólo espectadores, pero su espíritu maya está vivo y permite que la fiesta se repita el año próximo, y al otro, y así sucesivamente, para no morir nunca.

Cultura Viva

Efectivamente, este es un pueblo auténtico lleno de cultura y tradiciones que demuestra en todas sus manifestaciones al mundo entero... Por algo se dice que Guatemala es multiétnica y plurilingüe; lo que nos queda como guatemaltecos es respetarla, valorarla, ser parte y orgullecernos de nuestras raíces ancestrales. Saludos a los de la Cultura viva de Todos Santos Cuchumatán.
H. Lorenzo Jiménez

Una carrera ecuestre ¿maya?

Con todos mis respetos a los descendientes de los mayas y a su cultura, la carrera a caballo nunca podrá ser una ceremonia o ritual maya, sencillamente porque el caballo lo trajeron a América los españoles.

En muchos pueblos de España, hasta su prohibición en los años 60, 70 y 80 del s. XX, se celebraban "carreras de gallos o de gansos", en las que los jinetes a caballo galopaban desenfrenadamente hacia la meta, en la que había una cuerda de la que colgaban gallos o gansos amarrados de las patas. El objetivo de la carrera era llegar el primero y arrancar las cabezas de los animales. Exactamente igual que aquí, donde no se sacrifica un gallo, sino que se cuelga para que los jinetes les arranquen la cabeza.

Si los mayas se identificaron o no posteriormente con esta celebración española, ese es otro problema. Pero, repito, su origen es puramente español.

La cultura maya, si está viva y es auténtica, no debería necesitar inventarse a cada paso y en cada momento.

Durante la colonización

Durante la colonización española, los imperialistas le decían a los mayas que si montaban un caballo, podían morir automáticamente (probablemente porque el caballo representaba definitivamente una ventaja militar para el español). Los mayas eventualmente consultaron con un o unos chamanes si era posible para un maya montar un caballo. Los chamanes concluyeron que sí era posible (previo ritual de saneamiento). La tradición todosantera se basa en gran parte en ese 'triunfo' del maya frente al español, al enseñarle que también ellos pueden domar a la bestia.

buen proyecto

solo quiero hacerles saber que el relato que cuentan sobre este municipio es muy bonito y me gusta que se hable con la verdad y no despreciar a la gente may.

Salud. Santos Adelfo