Un hombre y un café...
Un hombre y un café...
Publicado el 18-Mar-2007 por Yaniris López
La Cafetera
La entrada a las caballerizas de un antiguo palacio en el número 253 de la calle El Conde, en el corazón de la Zona Colonial, ha sido desde 1929 refugio de bohemios, artistas plásticos, hombres de letras y futuros personajes importantes de la sociedad dominicana. Es el local de La Cafetera, el café más antiguo de la ciudad, el mismo lugar al que llega todos los días don Roque Félix a disfrutar de aromas y sabores que no cambian, eso asegura, con el paso de los años. Y créalo si él lo dice: Hace ya 57 años que no falta a esta cita diaria.
La Cafetera tiene apariencia de un largo callejón. En su parte delantera, en forma de bar, no caben dos coches colocados horizontalmente. En el año 1929, la familia Paliza convirtió el pequeño local en el café más visitado de La Zona, como también le llaman a la Ciudad Colonial de Santo Domingo. Otra familia, la Franco, lo administra desde 1949.
Dicen que el edificio donde está empotrado el café formaba parte de un palacio colonial y que en sus altos vivió un cuñado del mismísimo Napoléon Bonaparte.
Además de café recién molido, jugos y emparedados, en La Cafetera se venden libros, bebidas alcohólicas, tarjetas telefónicas y alguno que otro cuadro que de vez cuando lleva un pintor amigo “para que lo ayuden”. Es, también, centro informal de tertulias sobre temas de actualidad, política y literatura.
Aquí llegó en 1950 un joven procedente de La Romana, al este del país, que se dedicó a la fabricación de ropa. Tanto le gustó el lugar a Roque Félix que hoy, a sus 80 y tantos (se niega a dar el último dígito), no ha dejado de visitarlo todos los días. Eso, todos los días. Llueva, truene o ventee. Ni enfermo, ni en días de huelga, ni en tiempos de guerra. Si La Cafetera abre, como cada día a las 7:30 de la mañana, puede contar con su presencia dos veces al día: mañana y tarde. Ha sido así por 57 años.

Don Roque
Risueño, conversador, saludable pese a la edad y fumador, don Roque es una biblioteca andante que guarda en su memoria, hasta ahora infalible, cada detalle de la historia reciente dominicana. Su mayor orgullo es haber visto pasar por La Cafetera a muchos personajes cuya sola mención llenaría de envidia a políticos, escritores y artistas.
“Todos venían”, responde a los tertulianos que se dan cita en La Cafetera sólo para oírlo hablar. A cada pregunta don Roque se acerca la mano a la oreja para que le repitan “la idea”. Achaques de la edad. Luego le toma a una el antebrazo y habla, habla, habla...
...De cuando el café costaba cinco cheles. De cuando el agua se bebía de la pluma y gratis porque no existía eso de botellitas ni se vendía. De cuando llegaron muchos españoles huyéndole a la Guerra Civil.
De cuando los hermanos y un cuñado del dictador Leónidas Trujillo pasaban por allá a beber café. De cuando murió el dictador en 1961...
Cuenta que en La Cafetera se sufrió el triste desenlace de uno de sus clientes ilustres, el escritor español Jesús Galíndez; y explica con detalles, para deleite del interlocutor, por qué Galíndez le caía mal a Trujillo y las posibles causas de su desaparición.
Un excelente “hoja de servicios”
Entre café y café, don Roque le hizo diez “chacabanas” (camisas) a Fulgencio Batista, “cuando salió corriendo de Cuba y se refugió aquí”, en 1959. Colaboró para Óscar de la Renta, “con su marca, claro. Óscar tenía una tienda en la calle Pasteur a principio de los años 70 pero no prosperó. Se le adelantó al tiempo. No había auge. Ahora sí le está yendo bien”.
Conoció a Jacques Chirac antes de ser presidente de Francia y al coronel cubano Eleuterio Pedraza. Tomó café con los ex presidentes Juan Bosch y Jacobo Majluta y conoció muchos otros personajes que hoy figuran, por diferentes motivos, en las enciclopedias dominicanas.
Cariz política
Don Roque es el fundador de los famosos partidos de ajedrez de la peatonal calle El Conde. En cualquier banco, frente a las tiendas de ropa, en los restaurantes, no es extraño toparse con dos concentrados jugadores frente a un destartalado juego de ajedrez. ¿Quiere ver el juego, retar, esperar y jugar? Puede hacerlo, se aceptan curiosos y desconocidos.
Para dar por acabada la tertulia, dice don Roque -casado y con 5 hijos- que no le pregunten si algún día dejará de ir a La Cafetera, que puede no ser la más elegante del área, “pero sí donde hacen los mejores sandwichs”.
“No, qué va”, responde si alguien insiste. Son 57 años de tomar el mejor café de La Zona, el que ya ni le cobran; de sentarse con sus eternos breteles en la barra del estrecho y oscuro bar, donde le tratan “mejor que en casa y las mujeres lo enamoran”, a rememorar mejores y peores tiempos.
No, qué va. “Qué pregunta tan tonta”, pensará don Roque...









buenoo0o0o esto es
buenoo0o0o esto es interesante........soy el hijo de Roke Felix, me dio mucha cuiocidad en ver esto cuando vi a mi papa....aki.........pero lo q describen ahi es verdad..........bueno me alegro mucho y les invito a que pasen un dia por la cafetera.........adios
Gauo!
En serio?????? Vaya!
Un placer. Tienes un padre de leyenda!!!
Yaniris.
Nostalgia
Leo el texto y a medida que avanzo me pongo nostálgico, porque es difícil describir lo que se siente, o lo que nos hace sentir, saber que contamos con ese espacio tan pequeño pero lleno de historia y gratos momentos. Santo Domingo entero cabe en La Cafetera y su historia, por lo menos la de hace ya muchos años, es imposible contarla sin recurrir a ese callejón, como tú dices Yaniris.
Oh!!!, la Cafetera
Oh!!!, la Cafetera, lugar de nostalgias y de bohemios, hasta para quienes no adoramos tanto esa bebida se nos hace imposible entrar a este emblemático lugar de la Ciudad Colonial y disfrutar sus aromas y sus historias.
Me encanta, Yaniris, como describes el sitio y retratas su gente. Un gran reportaje, para un gran lugar!!!.
Qué tiempos!
Qué tiempos debieron ser aquellos... La Cafetera sigue siendo un lugar especial, forma parte de todos los que consideramos la Zona Colonial como nuestra casa. ¿En qué otro lugar puedes entrar a estudiar sin que te digan nada, tomar el periódico de la doña prestado y leerlo completito y opinar de todos los temas aunque no te hayan invitado a participar de la conversación? Aquí, por supuesto.
Un espacio en el tiempo
Me parece que este es un país maravilloso, lleno de hombres-historias, de libros-paredes y de jovenes inquietos, me encanta la forma en que lo describes todo, porque para nosotros los que hemos estado allí es como encontrarnos con el pasado, con un espacio conservado para nosotros.
Felicidades por tan bella crónica.
Increible
Ayayayayayayyyyyy, si las paredes de La Cafetera hablaran!!!!! Increible que tanta gente pase por ahi y no sepa estas cosas. Espero encontrarlo la proxima vez que vaya a La Cafetera.