Estratagema de San Pedro

Estratagema de San Pedro

Como toda “nativa digital”, acabo de leer una entrevista con el escritor italiano Alesandro D’Avenia y sólo recolecto una frase: “Si no te maravillas con lo que escribes, no maravillarás a nadie.” Es la misma idea que tanto repetía un muy estimado profesor de universidad y, que a la final, surtió efecto: aquí estamos con la hoja medio idea medio tinta, escribiendo sobre el conocimiento del reconocimiento.

Mi estudio: un sitio ilustre (Masaoka), una raíz cálida (Lina Zerón.) Quizás fuera esa fascinación hacia los cuentos, el anzuelo perfecto que mi padre encontrara para convencerme, siempre y sin proponérselo, de viajar juntos.

El lugar eterno: San Pedro de la Bendita.

Tiempo: el de entonces.

Una escena: Por milagro, el autobús aún funciona, todo afuera es densidad y nostalgia. No puedo dormir y pido una historia. Mi padre, como buen narrador, no pierde la oportunidad de contar sus mil y un anécdotas familiares. Asiento la cabeza, obligo a mi lógica a escuchar. Nada…entonces, mi memoria no tan enciclopédica resucita al Homer Simpson que todos llevamos dentro.

Tantas horas y de pronto, la llegada: la catedral toda leyenda, las calles de herencia, la música pensante…

Camino a lado de mi padre: por sus ojos un tanto acuosos diría: es feliz.

San Pedro tiene de todo: personajes, actantes, pasiones, historias….y no podía faltar la buena comida.

Por la tarde, vamos a la cosecha de maíz y recolectamos cuanto podemos. Alrededor no hay más que vida. Prontamente, me distraigo y empiezo la trama: ¿y si?...

Antes de anochecer, volvemos a Casa de la abuelita. El camino no es la foresta de Disney, pero es lo más cercano a la libertad. Regresamos en silencio, acompañados en los recuerdos, la memoria y el presente.

San Pedro nace hoy, casi a medianoche, ante un no-conocido kilometraje, y junto a una música demasiado vieja pero aún funcional (al pathos.) Mi adicción por los viajes cabalga, no en el paraíso lúdico del Malboro country, acaso sobre la construcción neuronal de historias. La retórica de San Pedro fascina por su sencillez, simetría y honestidad: un discurso eficiente y eficaz que seduce, aún en tiempos de crisis.