Veinte quilos de sueños
Veinte quilos de sueños
Publicado el 21-Jun-2010 por Marta GutiérrezEl comienzo
Hacer la maleta supone un momento de introspección, un recorrido mental por todas las expectativas que guardamos ante un viaje, aquello que esperamos ver, el clima que auguramos, y cómo el tiempo pasará sobre nosotros. Aquellos que acostumbran a recorrer países con asiduidad habrán comprobado que hay “viajes” y viajes. Viajes para los que la maleta es un trámite más, un equipaje monótono, repetitivo. Pero los verdaderos viajes son los que nos obligan a enfrentarnos hacia una maleta incierta, que sabemos desde el principio inacabada, y cargada de simbolismos. De nuestro destino habremos oído hablar en numerosas ocasiones, habremos visto imágenes, habremos leído miles de recomendaciones. Pero sólo es eso, un cúmulo de expectativas.
El camino a nuestro destino
Repensar el equipaje significa gozar de un tiempo de reflexión imaginando cómo será. Nos inunda esa sensación a mitad camino entre la incredulidad sobre el paso que estamos a punto de dar y la emoción creciente de sentir el momento acercarse. Es así como afronto yo los días previos a un gran viaje, el viaje al mundo de las especias, los colores, las sonrisas de hojalata y de los ríos que cuentan historias de civilizaciones enteras. El comienzo de una experiencia que produce miedo y esperanza, cargados de quizás, sueños e incertezas.
Una prenda, un sentido
Reviso mi lista de cosas a meter en la maleta, y me doy cuenta de que está llena de expectativas que nunca sé si se cumplirán, o si realmente, en el fondo de mi ser, prefiero que no se cumplan para darle esa pizca de sorpresa que todo viaje necesita para convertirse en inolvidable. Un chubasquero me recuerda los monzones interminables que, según cuentan, se dan en esta época del año; la crecida de los inmensos caudales del Ganges, y la posibilidad de un enorme cielo gris. Pero también está ahí el gorro de ala ancha, que habla del tal vez de un sol sofocante, tonos amarillos y naranja chillón que iluminan los palacios de los Maharajás. Un pañuelo habla de culturas milenarias que cubren cabellos en templos sagrados, de pies descalzos ante el culto y de rostro de admiración ante las majestuosas construcciones. Así, toda una retahíla de prendas y objetos basados en aquello que dicen, aquello que cuentan, y que puede esfumarse nada más poner pie en tierras indias. O no.
Cruce de caminos
Y una vez allí, cuando descubra la verdad de los quizás empaquetados, comprenderé que puedo desprenderme de buena parte de lo que me acompaña. Al fin y al cabo no serán todas esas cosas las que me acompañen día a día por las calles de Delhi, me acerquen a las gentes o me sumerjan en la leyenda. Más allá de las prendas y objetos, los caminos se irán cruzando en el viaje para comenzar a preparar mi maleta de vuelta. Cambiaré los quizás por el así fue. Las esperanzas por los recuerdos, melancólicos, nostálgicos y alegres, duros o desalentadores según los ojos con los que mire a la realidad que se preste ante mis ojos. Quizá deje el lastre de los prejuicios y estereotipos que se colaron en mi equipaje a la ida, y lo cambie por encanto y desencanto, dudas e ideas, ganas de permanecer y volver al mismo tiempo.
Un viaje continuo
Al final, una vez en casa de nuevo, el viaje continúa desempaquetando emociones entre la ropa sucia, sacando relatos de los bolsillos, e imágenes de la cámara y de la mente. De alguna manera volvemos a repetir el viaje al contar las anécdotas, al intentar trasmitir a los que nos rodean aquello que hemos vivido, pese a que sabemos que no será posible. En nuestra cabeza, mientras contamos con emoción pequeños detalles, ponemos música, olores y sabores y estampas de fondo, que sólo nosotros conocemos. Y descubrimos así que lo más importante de nuestra maleta no era en cambio lo más pesado, sino aquello que cambia con el tiempo, se transforma en contrarios y camina con el tiempo, sin billete ni báscula.
Pero todo eso está, ahora mismo, en el rincón de mis expectativas y esperanzas, y no podré contarlo mejor hasta mi vuelta, quizá dentro de un mes, o quizá más. Me encuentro disfrutando de los quizás, los por si acaso y los cuentan que; me encuentro viajando ya al mundo de las especias ni haberme subido a un avión. Mi viaje, pues, hace mucho que comenzó. Fotografía: Adrián Olmo








