Lo difícil se hace fácil

Desde el Norte - Capítulo 01

Lo difícil se hace fácil

Hace poco más de un mes que llegue a Copenhague pero, sin embargo, siento que pertenezco a esta ciudad desde hace muchísimo más tiempo. Mientras volaba rumbo la capital danesa mi cabeza no dejaba de darle vueltas a todas las cosas que, por primera vez, tendría que hacer sola y me asustaba la idea de no ser capaz de acostumbrarme a mi nuevo estilo de vida. Ahora, y en realidad desde el segundo día, se que lo difícil se hace fácil.


Lo difícil se hace fácil
Todo el mundo conoce París como la ciudad del amor. No voy a ser yo quien le quite esa categoría tan merecida y reconocida durante años. Copenhague puede que no sea la ciudad para los enamorados pero, sin duda, enamora a cada uno de sus ciudadanos, a los turistas que se agolpan en los top10 de la ciudad y a los estudiantes que, como yo, vivimos la experiencia al máximo, siempre exprimiendo cada momento, cada lugar, cada persona, cada palabra.

Orden, compromiso con el medio ambiente y educación
A pesar de que adoro Barcelona y la vida en España en general, cuando cambias de país te das cuenta de las virtudes e imperfecciones que tiene cada destino y, sin querer, acabas comparándolos en todo. Eso es precisamente, una de las cosas que he estado haciendo desde que llegué y, de momento, la balanza se declina favorablemente a Copenhague. Para empezar, me fascina poder moverme por toda la ciudad en bicicleta sin que eso suponga un problema para el tráfico de vehículos. Toda la ciudad está diseñada para este medio de transporte de dos ruedas. Tenemos un carril específico para circular y otro para adelantar, un semáforo sólo para nosotros, los coches y autobuses nos ceden el paso si nuestras trayectorias se cruzan y hay párquines de bicis por toda la ciudad. A parte de reducir la contaminación de manera espectacular nos ayudan a ponernos en forma y, a su vez, es una manera de mantener el calor una vez sales de casa.

Conciencia
Admiro, en segundo lugar,  la consciencia que tienen sobre el medio ambiente y el reciclaje. En Copenhague, y posiblemente en otras ciudades de Dinamarca, por cada envase te dan 1, 2 o 3 coronas. Por esa razón las calles están tan limpias siempre. No importa que haya habido un concierto, un festival de jazz o una exhibición de skaters en medio de la calle, nunca encontrarás botellas.

Aquí, la gente más pobre se dedica a recoger las latas. Puede parecer triste pero, al menos, no les ves pidiendo limosna o congelándose de frio en plena noche en la calle. Lo que consiguen es suficiente como para poder comprar algo de comer y sobrevivir.

Adoro también el sistema educativo, muy diferente al español. Aquí sólo tengo dos clases, dos días a la semana. Cada una de las asignaturas son 15 créditos ECTS lo que corresponde a 3 ó 4 asignaturas en mi universidad de origen. Ir tan poco a la universidad supone mucho trabajo en casa: lecturas interminables, trabajos en grupo, exposiciones, etc. Lo que se traduce en dos horas de clase totalmente activas, con debates constantes, visionado de series o fragmentos de película, análisis crítico de las lecturas. Es imposible no participar, las clases son tan pequeñas -entre 15 – 25 alumnos- que si estás un rato ausente el profesor te llama la atención para que le expliques tus ideas respecto al tema.

Personalmente, y es sólo una opinión, creo que así se aprende muchísimo más. Lees las lecturas consciente de que tienes que entenderlas y crearte tu propia opinión respecto a lo leído, ves las películas analizando cada detalle, fragmentándola en porciones para luego recomponerlas y aprendes de los comentarios de la gente de tu clase que, no sé porque, me parecen todos súper inteligentes. Existen infinidad de puntos positivos para Copenhague pero es imposible exponerlos de manera breve, sintética, ordenada y comprensible.

Será mejor que os vaya dando, poco a poco, cachitos de esta realidad. ¡No quiero que caigas perdidamente enamorados desde el primer día!

Donde hay pros siempre hay contras
No es oro todo lo que reluce. Tener unas infraestructuras envidiables, un sistema educativo eficaz, un estilo de vida saludable, muy por encima del de la mayoría de países europeos, se paga a un precio muy alto.  Copenhague es una de las cinco ciudades más caras del mundo y eso se nota cuando vas a hacer la compra, cuando quieres ir al cine o cuando pretendes coger el transporte público. Quizás los daneses no lo noten tanto porque su salario es también más alto pero los que venimos de fuera nos asustamos cuando vemos un billete sencillo de metro cuesta más de 2,5€. Sin embargo, pese a lo escandaloso de los precios, sigo enamorada de la ciudad. Ganan más los conciertos improvisados en medio de la calle y los organizados en el Tivoli, las tardes de sol en el canal, los horarios de la universidad, la amabilidad extrema de los daneses y el calor que te da la gente que conoces.

El frio se soporta mejor cuando tienes a alguien con quien reírte.