Cartas desde Santiago
Cartas desde Santiago
Publicado el 21-Mayo-2009 por Suso LópezQuerid@ viajer@:
Me está gustando esto de escribirte cartas. Tanto que ya me he autoconcedido la licencia de tutearte. Tú también lo puedes hacerlo conmigo, no lo dudes. Te escribo esta misiva para hablarte de una ciudad a la que llegué hace seis años y en la que desde entonces decidí instalarme. En contra de lo que pudiera parecer por el tiempo que llevo aquí, cada vez que me dejo caer por sus calles descubro algo nuevo. Es como si cada mañana emprendiese un nuevo viaje por las piedras de Compostela.
Seguro que tú, viajer@, has escuchado hablar de Santiago de Compostela alguna vez. Incluso es posible que ya la conozcas y hayas recorrido su Zona Vieja en busca de algún placer gastronómico con el que deleitar el paladar. Mi misión en esta carta es que descubras algo más de Compostela, mi Compostela, desde hoy, también la tuya.
Sus orígenes
Aparentemente, Santiago de Compostela inició en el siglo IX su proceso de conversión en uno de los focos espirituales de Europa. Dice la tradición cristiana que fue en ese momento cuando los restos mortales
del Apóstol Santiago llegaron a Iria Flavia, una localidad cercana a Santiago, y desde allí fueron trasladados a Compostela para ser enterrados. Para albergar la cripta del Apóstol la iglesia puso todos sus medios a disposición de la construcción de la Catedral de Santiago. Cobró fuerza entorno al siglo XI la figura del arzobispo Xelmírez, auténtico impulsor de una obra en la que se combinan estilos como el románico o el neoclásico, pero donde destaca el barroco de su fachada principal, la del Obradoiro. Alrededor de la catedral nace el Camino de Santiago, vía de llegada a Compostela de miles de peregrinos que buscaban el alivio espiritual pero también el bien material. Buena prueba de ello es que entorno al Camino aparecen los gremios de artesanos en la ciudad: los plateros, los concheiros, los acibecheiros…Hoy de ellos tan sólo quedan sus nombres plasmados en las calles que un día ocuparon con su actividad.
Ahora que te he contado todo esto, te explico el adverbio “aparentemente” con el que empezaba el párrafo anterior. Viene al caso porque a medida que en el ámbito internacional Santiago se hacía un hueco como capital espiritual gracias a la figura del Apóstol, aquí, entre los santiagueses de a pie, el nombre que resonaba era el de Prisciliano. Sonaba y sigue sonando porque la duda aún sigue vigente: ¿puede ser Prisciliano y no el Apóstol Santiago quien esté enterrado en Compostela? Si te soy sincero, creo más en lo primero que en lo segundo. Y es que Prisciliano fue un gallego que en el siglo IV revolucionó el cristianismo. Negaba la Santísima Trinidad y permitía el acceso de la mujer al oficio religioso. Irreverencias para la cúpula de la Iglesia que le valieron la decapitación. Muchos historiadores coinciden en que los restos llegados a Galicia en barca son los suyos y no los del Apóstol. Por ahora nadie se atreve a emprender un trabajo científico riguroso que ayude a resolver el misterio por lo que Prisciliano se convirtió en un mito para muchos y en una mera historia de tabernas para otros. Sea como sea, forma parte de esa otra historia de Compostela que no se encuentra en las guías de viaje.
Sus rincones
Y son muchos los libros que ignoran también los rincones que hacen de Santiago una ciudad que cambia de cara cada día. La ciudad hospitalaria
que acoge a universitarios, peregrinos, funcionarios o simples visitantes. Una ciudad que respira en su Parque - Cementerio de Bonaval, auténtico pulmón compostelano y lugar de culto para los amantes de los atardeceres de verano; que mezcla tradición y modernidad en el Museo do Pobo Galego y en el Centro Galego de Arte Contemporánea; o que se vuelve piedra mientras recorres una zona vieja en la que se echan de menos los viejos negocios familiares pues hoy sus locales los ocupan tiendas de todo a cien sin el encanto de antaño. Santiago de Compostela es también la magia de la Praza da Quintana, lugar para dejar correr el tiempo al ritmo del reloj de la catedral; o el sonido folk de la Casa das Crechas, local nocturno de obligada visita para los amantes de la buena música y el buen licor café; también es arte en forma de lluvia, aunque luego a nadie, ni a los de aquí ni a los de allí, les guste mojarse; y comida de la buena que se puede encontrar en su entrañable Plaza de Abastos.
Santiago es capital misteriosa que guarda mucho más de lo que enseña así que, mi querid@ viajer@, debes recorrerla con los ojos y los oídos bien abiertos. En cada rincón habrá una historia que guardará cientos de ellas que esperan para ser contadas. Los vecinos de esta ciudad, amigos de la palabra, serán tus mejores anfitriones. Tan sólo pregunta y ellos te contarán la historia, su historia, la de esta ciudad.
Tuyo siempre.









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