Un secreto con mil palmeras

Catalonia Grand Dominicus (R. Dominicana)

Un secreto con mil palmeras

Quizás no es el lugar que anuncian todos los folletos promocionales y las agencias  que alimentan el turismo más masivo. Y quizás ésta es una de sus principales fortalezas.  Seguramente, otras zonas del país se han convertido en enclaves más conocidos y transitados. Y seguramente, esto hace que su ubicación se sumerja en la magia de lo ignoto y lo desconocido. En Bayahibe, provincia de La Romana, en República Dominicana, hay un hotel que es un secreto adornado con más de mil palmeras.


Solo para ti
Son playas de una fina y brillante arena blanca; de aguas cristalinas con coloridos peces; y de curvas sinuosas que invitan a la relajación, la desconexión y el olvido. El que llega quiere quedarse porque allí se topa con un silencio que solo se ve fracturado por el runruneo de las olas y una brisa que acaricia las hojas. El Hotel Catalonia Grand Dominicus (Bayahibe) quiere ser y es diferente. No busca lo que “todos ofrecen”. No da lo que “todos dan”.  

Comienza el día... El sol se refleja en sus jardines, sus piscinas y su costa… Entonces el recién llegado aprende algo que nunca sabrá (ni querrá) olvidar: Ha llegado a un enclave donde aún se respira la paz y se paladea un sosiego que reconforta al visitante. Así es el lugar: Bayahibe. Y lo único, lo genuino, lo exclusivo no reside en las playas. Se da también en la flora. Aquí crece la “rosa o Pereskia quisqueyana”. Un cactus con hojas. Una especie única en el mundo. Son detalles de un hotel diferente y especial que apuesta por lo selecto, lo exclusivo, lo personal. Y así el turista entiende que lo que pasará en ese lugar se resume en un corto, pero contundente mensaje: “Solo para ti”.  


Todo dentro, todo fuera
Dentro está todo lo que exige una estancia de desconexión y de revitalización: playas, aguas termales, servicios de spa, restaurantes temáticos… También, silencio. Y si se quiere… soledad. Pero a la vez… hay sonrisas y juegos. Además están los bailes y –era inevitable– esas pegadizas y estimulantes letras y melodías que dan forma a las mejores bachatas. Y el que ansía conocer y descubrir puede recorrer una playa que parece no acabar. Todo esto está dentro en un vergel de palmeras y orquídeas.


Entre piscinas y hamacas, se abren serpenteantes sendas y elegantes caminos que conducen al mar. Y allí: Un brillo luminoso que conforman el polvo de coral y la arena marina. Por todos los rincones, palmeras, palmeras y más palmeras. No intentes contarlas… Son más de mil.

Podríamos establecer aquí nuestro “campamento general de relax y descanso”, pero en las cercanías se multiplican las posibles visitas: aldeas de pescadores, puertos repletos de bandejas con pescado fresco y un mariscos de ensueño, y unos coloridos pueblos que permiten al visitante sumergirse de lleno en la magia del Caribe. Pero hay más... Muy cerca se esconden dos “joyas” de arena, roca y agua. Son visita obligada. Un periplo que se puede iniciar desde el mismo complejo hotelero. Se trata de las islas de Catalina y Saona. Tras una travesía en barco o catamarán, entre tonalidades turquesas y reflejos de plata, se atraca en sus playas. Tras unas horas de exploración, baño y descanso, se retorna al hotel con mucha más energía y convencidos que, en esta ocasión, todo está a tu alcance: Dentro y fuera. 

undefinedViaje gastronómico
Para reponer fuerzas, el complejo ofrece al visitante de una infinidad de platos, postres, brebajes y “pócimas” de la más típica gastronomía dominicana. Desde el mofongo al sancocho, pasando por la langosta, el chillo y el pulpo. Pescados a la parrilla. Arroces o pastas bañados en una sabrosa salsa de coco.

A ello se unen cócteles cuyo sabor no sería igual en otro lugar del planeta. El ron nació en estas tierras. Y, por eso, se debe degustar justo aquí. En una hamaca, en una tumbona, en una terraza… pero aquí. El hotel invita así a emprender otro viaje: Una aventura de sabores, colores, texturas y mucha exquisitez. Y otra vez hay más… Lo dominicano convive con los mejores asados, la cocina italiana y hasta la… mediterránea.

Y así se completa una experiencia única. Llega el momento de regresar y –a regañadientes– uno debe empacar las maletas, despedirse de unas puestas de sol de un ocre furioso y guardar una colección de recuerdos desbordantes de risas y felicidad.

Primero, piensas que lo contaras a todos tus amigos, tus familiares y tus conocidos. Luego, rápidamente, sabes que quieres volver. Y, de inmediato, rectificas y decides que no contarás todo… Quizás es mejor guardar este particular secreto. Hacerlo tuyo. Cuidarlo como un tesoro. Y sentir la fortuna de haber vivido (justo eso, vivir) en un hotel que es algo más que un hotel: Que es un secreto con mil palmeras.    

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DATOS BÁSICOS:

 

  • Catalonia Grand Dominicus.
  • Sitio web.
  • Dirección: Carretera a Bayahibe (República Dominicana).
  • Teléfono: +1 888-774-0040.