Antes de que nos carguemos la universidad (y la educación)

Antes de que nos carguemos la universidad (y la educación)

Me lo dijo la primera vez, el colega y amigo y gran referente Lluis Pastor. Me contaba que nos estamos cargando la educación y, por ende, la universidad. Luego lo leí, tiempo después en una entrevista de La Vanguardia a Dan Levy, profesor de la Universidad de Harvard, que decía que “muchas universidades van a cerrar, porque no hacen falta”.

undefinedViajé a Bogotá (Colombia) hace unos cinco meses. Fui invitado a un encuentro en una prestigiosa universidad a la que acudían ponentes de diferentes países de América Latina –especialmente, de Argentina– y, por supuesto, de Colombia. No llegué a tiempo a la inauguración. Pero sí al segundo día. Yo hablaba el tercero. Me sorprendió que muchos ponentes se limitaban a leer, cobijados por el atril, largas y largas peroratas sin levantar la vista del papel. Hablaban de pedagogía, didáctica, de metodologías docentes, de nuevos alumnos, de retos y desafíos educativos. Otros parecían participar en concursos que premiaban al que más y más y más citas usara. Una detrás de otra. (Apreciado Freire, cómo te maltrataron maestro). Una de las ponentes incluso se tomó la licencia de “auto-citarse”. Afuera llovía. Adentro, también. Hablaban de pedagogía, didáctica, de metodologías docentes, de nuevos alumnos, de retos y desafíos educativos…

Llegó el tercer día. Decidí mantenerme fiel a mi forma de explicar y de exponer. Y expuse un atrevido y osado “Currículo académico de la vida”. Pero algo fue mal. La gente escuchaba (no oía). Empatizaban. Apuntaban. Miraban (no veían). Y lo peor de todo: Sonreían. Se divertían. Lo pasaban bien. Y entonces alguien se levantó para –por razones de tiempo– gritarme que “acabara ya”.

Han pasado cinco meses. Preferí esperar.  

Y hoy no sé qué me resultó más contradictorio y chocante… 

  • Que no se respetara el horario de inicio.
  • Que empezáramos tarde.
  • Que alguien –de manera reiterada– me gritara: “Acaba ya”.
  • Que ese mismo alguien me volviera gritar para que terminara.
  • Que me forzará a terminar porque alguien debía subir al estrado a… resumir mi intervención (inacabada).
  • Que se levantara parte del público (sí, en pie) para pedir que me permitieran continuar.
  • Que nadie los tuviera en cuenta. 

Aunque quizás lo más contradictorio y a la vez chocante es que ese foro se hiciera llamar de… “diálogo y pensamiento crítico”.


P.D.1:
Agradecí –lo reconozco– los mails que me llegaron al correo de asistentes (desconocidos para mí) que se confesaban avergonzados, que me transmitían su malestar por lo sucedido, que se mostraban contrariados por “foros de diálogo” donde no se permite dialogar. Respondí a todos, uno a uno. Y me prometí que yo no quería formar parte –por ningún motivo y de ninguna manera– de “esos” que van a destruir la educación y, por ende, la universidad.   

P.D.2: Colombia, te sigo <3. Más.