Editorial

Me faltaba una palabra

Hace dos días perdí la voz. Totalmente. Justo en ese momento en que más cosas quería decirte. Dicen que la vida no nos lo pone fácil. Y no es así. No es eso. Resulta que todo esconde un mensaje. Y sucede también que lo que vale la pena no suele ser fácil. Tampoco tan difícil como a veces creemos.

Buscadores de historias

El próximo jueves 3 de diciembre presentaré mi libro Chakoka Anico: Un viaje ‘imposible’ a la nación kikapú. Será en casa: La UAB. Con los míos. Prometo algo “diferente”. Y os espero. Más tarde, tocará ir a México. Allí viajaré (encantado) en la última parte de una promesa que ya es algo más. Hoy me permito “copiar” literalmente uno de los fragmentos de este libro de viajes. Después de tantos vaivenes, entiendes que las historias están. Y estarán. En todas partes. Lo que hoy se torna más urgente es contar con aquellos que junten las palabras y las cuenten. De esa particular profesión habla también este libro. Porque –estoy convencido– quedan “fábulas reales”: perdidas, mágicas, humanas.

Una vez

Dicen los estudios que solo nos enamoramos una vez. Solo una vez. En toda la vida. Una única vez. Y también dicen los estudios que crecen los divorcios, que se rompen más parejas y que, cada vez, sabemos convivir menos y peor con nuestra soledad. 

 

Para ‘leer’ y entender las tormentas

Aunque aquí no llueve todavía, pronto llegarán las tormentas. También los huracanes. No solo de viento y agua. También de dudas y desencuentros. Se acabará el verano. Y después volverá o intentará volver eso que llaman rutina. Dicen que las personas se apuntan más al gimnasio en septiembre; y que comienzan a coleccionar “cosas” o a emprender hobbies (que no les apasionan) en ese mismo mes. Que los matrimonios se divorcian más y que las parejas se quieren menos. Se separan. En septiembre. Curioso porque las tormentas ya pasaron. Mucho tiempo antes.  

Dicen

Dice un proverbio chino que “la pobreza hace ladrones y el amor poetas”. No es del todo así. Hay poetas –muchos– expertos en robar: Miradas, sosiegos, suspiros, atardeceres, demasiadas horas de sueño. Y en vestir con palabras sentimientos que no eran suyos. Que también fueron robados.

Lo que esconde un ‘quizás’

Se equivoca el diccionario. Quizás: “Posibilidad de que algo ocurra o sea cierto”. Un quizás no es eso. Un quizás es un sí disfrazado. A veces, de miedo. A veces, de inseguridad. Un quizás es un intento de escapar del destino. De no atacar a la vida para intentar conquistarla. Vivirla. De no querer saborear la incertidumbre. De no atreverse y de no arriesgar. De preferir hundirse –y es comprensible– un poco más en esa agridulce zona de confort. Pero también un quizás puede ser una pequeña osadía. Una apertura. Una huida hacia delante. Un mensaje o una respuesta a lo que te dibujó el destino. Un guiño a la vida. Un intento valiente de ir. El principio de un grito. El principio de un sueño. Una bofetada al no.     

Dudas de si tienes dudas

Dudas de si tienes dudas. Y eso para mí ya es dudar. Hay gente –poca– que sabe que no sabe nada. Y eso, quizás, ya es saber mucho. Algunos construyen torres (y levantan murallas). Y otros nos aferramos a un lema que dice que “torres más altas han caído”. Así se mueve este extraño planeta que está lleno de “mundos”.

Lo que algunos no buscan

Me recordó hace unos días una alumna cuyo nombre, de origen sanscrito,  “posee las gotas de la lluvia”, que no todos buscan la felicidad. Es cierto. Algunos prefieren la tristeza. Ella hablaba de poetas y cantautores. Aunque quizás para ellos es suficiente con la saudade o la melancolía, la clave es que lo triste es un buen “pegamento de palabras”. Se juntan mejor, más fácilmente. Son creadores que crean desde la tristeza. Pero hay más. Hay otros también, que sin quererlo ni saberlo, se han instalado allí. Complicado. Muy real. Me hizo pensar. También recordar un cuento que escribí en el libro “El camino del discípulo”. Decía esto:

Como empezar un viaje...

Estar con alguien sin estar enamorado debe ser duro, triste y también bastante difícil. Como engañarse cada segundo (a uno mismo y a otro). Como alejarte de lo que eres y de lo que podrías ser. Como ser mentiroso y “mentido”. Como no creer en ti. Como despertar cada día apagado. Como confundir estabilidad con felicidad. Como equivocar “solo” con “soledad”. Como vivir en un lugar que no es el “tuyo”. Como no aceptar que “esto” tiene algo de aventura. Como no anhelar retos. Como no haber echado de menos. Como no haberse perdido. Como no imaginar países y lugares. Como no haber intentado alguna vez tocar el horizonte. Como tener miedo a intentarlo. Como pensar que siempre se ha de ganar. Como creer que perder es algo malo. Como ir cada día a un trabajo que no amas. Como no tener sueños. Como morir viviendo. Como estar solo estando con alguien. Como no quererse –al menos– un poco. Como no arriesgar nada nunca. Como rodearse de muros y murallas (invisibles). Como desaprovechar este regalo que es vivir…   

Vacío

De Quito al Cotopaxi. Del volcán activo más alto del mundo a la selva verde más exótica del planeta. Del frío de un nevado (por la mañana) al calor húmedo de la amazonia (por la noche). Así es Ecuador. Y en medio: carretera, mercados, caminos, pueblos remotos, búsqueda de oro, árboles que sangran, comunidades indígenas, niños descalzos (demasiados; siempre son demasiados), un río que es carretera, rastros de ocelotes, la suerte protectora de las semillas de huayruros, hospitalidad india y muchos recuerdos.