Editorial

Como empezar un viaje...

Estar con alguien sin estar enamorado debe ser duro, triste y también bastante difícil. Como engañarse cada segundo (a uno mismo y a otro). Como alejarte de lo que eres y de lo que podrías ser. Como ser mentiroso y “mentido”. Como no creer en ti. Como despertar cada día apagado. Como confundir estabilidad con felicidad. Como equivocar “solo” con “soledad”. Como vivir en un lugar que no es el “tuyo”. Como no aceptar que “esto” tiene algo de aventura. Como no anhelar retos. Como no haber echado de menos. Como no haberse perdido. Como no imaginar países y lugares. Como no haber intentado alguna vez tocar el horizonte. Como tener miedo a intentarlo. Como pensar que siempre se ha de ganar. Como creer que perder es algo malo. Como ir cada día a un trabajo que no amas. Como no tener sueños. Como morir viviendo. Como estar solo estando con alguien. Como no quererse –al menos– un poco. Como no arriesgar nada nunca. Como rodearse de muros y murallas (invisibles). Como desaprovechar este regalo que es vivir…   

Vacío

De Quito al Cotopaxi. Del volcán activo más alto del mundo a la selva verde más exótica del planeta. Del frío de un nevado (por la mañana) al calor húmedo de la amazonia (por la noche). Así es Ecuador. Y en medio: carretera, mercados, caminos, pueblos remotos, búsqueda de oro, árboles que sangran, comunidades indígenas, niños descalzos (demasiados; siempre son demasiados), un río que es carretera, rastros de ocelotes, la suerte protectora de las semillas de huayruros, hospitalidad india y muchos recuerdos.   

Procastinación viajera

Me enseñó, por casualidad, una amiga cubana que en los viajes también, muchas veces, nos esforzamos por evitar la genuina aventura. Y buscar la tranquilidad del “no intentarlo”. Yo le llamo “procastinazión viajera”. Sea por indecisión; sea por pereza; sea –la mayoría de veces– por miedo; esquivamos el camino que lleva a lo incierto, a lo desconocido, a lo auténtico (a lo mejor).  

Demasiada gente, pocas personas

Unos se pasan horas y horas buscando. Y aunque quizás sea un error hacerlo, no aparece (lo que no deberían buscar). Otros piensan que hay que ir donde la mayoría va. Y todos, en las calles, en las plazas, en los aeropuertos, nos topamos con los “otros”. Hay muchos. Centenares. Miles. Millones… No debería, por tanto, existir tanta soledad. Ni tanto miedo a la misma. Entonces, ¿por qué vencen los desencuentros? La respuesta es tristemente sencilla:

Desde el planeta "vida"

En casi todos los cuentos hay un tesoro. Muchas veces, un dragón. Un malo bueno. Un bueno malo. Un héroe. Y un perdedor. También, un derrotado que fue héroe y que podría –si quisiera– volver a serlo. Una guapa tonta. Una fea buena. Un amigo como un hermano. Un amor imposible. Otro, casi perfecto. Un villano tan malvado que da pena. Un malo que realmente querría ser bueno. Un perro o un gato… que hablan. De vez en vez, una serpiente humana. Suele haber un reino. Todas las veces, mágico. Perdido, a veces. A veces, resistiendo.  Y, tantas veces, dentro de él, un palacio donde todo va… despacio. Y allí, también siempre, inexplicablemente olvidada, tristemente herida, en lo más alto de una alta torre, aguarda una princesa. 

Huye

Si algún día te decides a salir de ese engaño de conformismo, de esas murallas que tan bien levanta la rutina, entenderás lo que son los viajes. Y también un poco de esa palabra tan inquieta, fugaz y escurridiza. Otra vez cuatro letras: vida. Harás los viajes que no hiciste y aquellos que anhelabas realizar. 

Siempre el viaje, siempre viajando

Los viajes son también palabras. Para vivirlos. Para contarlos. Aunque a veces, las confundimos. “Conocido” no es “amigo”. Ni “estar vivo” es lo mismo que “vivir”. Tampoco “turista” es “viajero”. Y si vas a “ir”, no te dejes engañar por lo aparente. Y recuerda siempre algo que yo aprendí sólo: No es lo mismo “estar solo” que “sentirse solo”. Construye un horizonte con palabras... y ves a buscarlo. "Siempre el viaje, siempre viajando". Y hay un viaje que muchos no se atreverán a hacer. Y “ese” es justo el más importante. Lo evitamos con promesas de palabras. Y -fíjate- hay dos palabras de cuatro letras que no deberíamos nunca olvidar (tampoco, confundir). Una habla de vida”. La otra, de “amor”. Tantas palabras y hoy, la marca más poderosa es sencillamente la suma de dos letras: T+ú.

Droga

Droga: Nombre femenino. “Aquello que se utiliza para alterar el estado de ánimo o experimentar nuevas sensaciones, y cuyo consumo reiterado puede crear dependencia o puede tener efectos secundarios indeseados”. Yo ya escogí la mía. Adicción de seis letras: Viajar. Llena de buenas vibraciones. Generadora de extraños sentimientos. Adictiva, mágica, agradecida. Una droga necesaria, personal… sana.

Sólo (conmigo)

Elegir (poder elegir) es la mejor manera de entender que somos libres. Y algunos eligen estar solos. Y algunos no lo entienden. Y quieren poner muros al océano. Murallas a la libertad. Fronteras al viento. Y no se puede.

Mil veces

Otra vez confundimos las piezas. Y la manera de juntarlas. Nos preocupaba más cuándo sería el final que cuándo sería el principio. Pensando más en lo que podría pasar que en lo que estaba pasando. Esperando que llegara lo que nos tocaba hacer. Culpando a la suerte. Maldiciendo al destino. Y olvidando el consejo más importante: