Editorial

Sólo (conmigo)

Elegir (poder elegir) es la mejor manera de entender que somos libres. Y algunos eligen estar solos. Y algunos no lo entienden. Y quieren poner muros al océano. Murallas a la libertad. Fronteras al viento. Y no se puede.

Mil veces

Otra vez confundimos las piezas. Y la manera de juntarlas. Nos preocupaba más cuándo sería el final que cuándo sería el principio. Pensando más en lo que podría pasar que en lo que estaba pasando. Esperando que llegara lo que nos tocaba hacer. Culpando a la suerte. Maldiciendo al destino. Y olvidando el consejo más importante:

SOS: Aún quedan turistas

Pasó hace unos días. En un vuelo desde EEUU a Costa Rica. En esas horas ociosas, uno hojea todo. El folleto sobre seguridad. El listado de las bebidas. La oferta del duty free. Y también,  la revista de la aerolínea. Luego comienza a leer algunos de sus artículos. Y, finalmente, analiza su contenido. Me pasó hace unos días. Y me pareció inaceptable.  

Diferentes e iguales

Tampoco hay tantas diferencias. Vayas donde vayas, en cualquier parte: caminos, puestas de sol, ríos, llanuras, montañas. A veces, un desierto. Otras, un volcán. Pero casi todo: Igual. Lo mismo. Periódicos con las mismas noticias. Barrenderos solitarios arando en un mar de desperdicios. Las mismas dudas. La misma suciedad. La misma luz. Ciudades, pueblos, villas repletas de fronteras invisibles. A miles de kilómetros de distancia todo es muy parecido: ricos, pobres, tristes, perdidos. Los hay que buscan. Pocos se conforman con encontrar. Princesas heridas. Mucha soledad. Pocos, entendiéndola. Algunos que anhelan irse. Otros que temen moverse.

Querido enemigo

Sólo quería agradecerte el tiempo dedicado y las horas (inútiles) pensando cómo mentir, cómo inventar. Quería igualmente agradecerte que hayas encontrado un motivo (aunque sea tan ruin y mezquino) para estar vivo. Quizás deberías plantearte otros. Más gratificantes, más nobles. Y, especialmente, darte las gracias por recordarme a Gracián. Y lo que significa que existas. Gracias.

Demonios

Demonios: Mediocres seres, brillantemente tóxicos. Pobres diablos.  Estoy buscando –desde hace unos días– las razones, aunque algunas veces no hay razón. La mentira molesta. El odio, un mal asesor. Algunos han convertido el miedo a lo que no saben en ira hacia los que intentan saber. La peor guerra la tiene uno consigo mismo (sus miedos y sus mentiras). Su inseguridad es también su ignorancia. La visten de palabrería altisonante (y vacía). Niegan lo evidente. Cuando no quieren “ver”, miran a otro lado. Disimulan sus carencias a golpe de ironía. Su comedia es realmente su drama. 

De tanto buscar...

Caminos. Certezas. Excusas… Buscamos todo en todos los sitios. Y también buscamos en todos los momentos. Siempre buscando. No dejamos nunca de buscar. Cada día nos movemos tras el hallazgo de ese tesoro infalible: Respuestas. Es decisivo, necesario y obligado buscar. Es el motor principal de todo. O de casi todo. Es ese verbo que nos llevará un poco más lejos. 

Madre

Olvidamos, otra vez, el principio. Otra vez, quedó a un lado la esencia. Era tan importante… que no la vimos. Acostumbrada a esperar, esperó. Espera. Esperará. No pide. Da. Está. Siempre está. También, cuando no está. El pueblo quechua le llama “mamaq” o “mamak". La que da "camino" y da vida. Es una de las palabras más poéticas de la lengua náhuatl: “nantzin”. En aymara, “taica”. “Ñuke”, en mapuche. En una palabra, todo. El principio. El origen. El porqué. Todo. Respuesta que escucha. Madre.

Vivo

Hace unos días cené en Ciudad de Panamá en uno de los restaurantes del Trump Ocean Club International Hotel&Tower. Esto es: Ese gigante que costó 430 millones de dólares. Una torre con forma de vela de navegación. 284 metros de altura. De las más altas de América Latina. La misma que no transmite… nada. Querer no es poder. Y la arquitectura, además de dólares y mármol, quiere alma. Quizás la vida no sabe de coincidencias y todo está escrito. Allí mismo –en ese lugar– conversaba con una amiga. 

Contra Goliat

Panamá. Nicaragua. Honduras. Tres países. Cuatro ciudades. Nueve días. Llegué a Centroamérica para “conversar” de comunicación, educación, periodismo e internet. También, para seguir coleccionando historias. Y así –buscando historias– el pasado lunes me topé con una muy singular. Es la historia de una paradoja… que tiene sentido. De una ‘pedrada’ (de la razón) para tumbar a ‘otro’ Goliat.

Distribuir contenido